LAS GUERRAS DE ERDOGAN/ Erdogan’s wars

erdogan.jpgLa democracia impulsada en el país otomano se tambalea cada vez más debido a las fuertes medidas restrictivas a la libertad de prensa impuestas por su actual presidente, Recep Tayyip Erdogan. Además, desde la ruptura del alto el fuego el verano pasado (Julio del 2015) entre Ankara y el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK y su brazo armado ARGK) la estabilidad del país amenaza con quebrarse una vez más. 

El 5 de Marzo, en Estambul, la policía turca ha reprimido con gas lacrimógeno y cañones a unos 2.000 manifestantes que se agolpaban ante las puertas de la sede del diario Zaman, una de las agencias de prensa más influyentes en la región. Desde por la mañana de ese mismo día, el diario se encuentra bajo control del Gobierno. El Zaman ha sido censurado por estar vinculado al exiliado predicador Feullah Güllen, acusado de terrorismo y de planear un golpe de Estado.

Otros medios de comunicación del país –TV satélite Turksat, Koza-Ipek, Kanaltürk y Bugün TV; también la emisora Kanaltürk Radyo- han sido puestos bajo la administración del Gobierno y clausurados al presentar también cercanías a Feullah Güllen o al PKK. En la lista de libertad de prensa de Reporteros sin Fronteras, Turquía figura en el puesto 149 de los 180 y el Ministro de Justicia de Turquía, Bekir Bozdag, ha revelado que 1.845 casos han sido registrados por la Justicia en relación a insultos al presidente; además, en un informe lanzado por el vicepresidente Sezgin Tanrıkulu, del CHP (el Partido Republicano del Pueblo), se demuestra que 96.000 cuentas de Twitter han sido bloqueadas por orden judicial el último año, además de diversos controles a la navegación pública por Internet. Debido a estos acontecimientos, la UE ha declarado su preocupación ante la política interior llevada a cabo por un país candidato a formar parte de la Unión.

Otro escenario preocupante que ha arrastrado a Erdogan a una guerra particular en su propio país es el conflicto con el PKK, reabierto tras la ruptura del alto el fuego el pasado verano. Esta última semana se han registrado tres choques violentos entre las fuerzas de seguridad con los militantes del brazo armado kurdo en Turquía. El 2 de Marzo, tras una bomba, se sucedieron encuentros violentos en Diyarbakir –sureste de Turquía-; el 3 de Marzo dos mujeres atacaron una estación de policía en un suburbio de Estambul hasta que fueron abatidas y el 4 de Marzo el PKK hizo estallar un coche bomba en Nusaybin, causando la muerte de dos agentes de seguridad.  

La persecución de la libertad de expresión denota el temor del presidente Erdogan al cambio político social en el país ante la creciente influencia política de la oposición, que el verano pasado impidió la mayoría absoluta al AKP por primera vez; sin embargo, una mayor escalada de violencia en Turquía podría abrir paso a una posible guerra civil ante el creciente protagonismo internacional de los kurdos en la lucha contra el Estado Islámico. Además Turquía, cada vez más aislado por las crecientes tensiones con Rusia y sus aliados de la OTAN –ante su política interna y externa-, está buscando reabrir conversaciones con Israel con la intención de renegociar el asunto del bloqueo a Gaza y buscar nuevos suministros de gas ante las tensiones con Rusia y continuar también el contacto económico con Irán –a pesar de sus fricciones en el conflicto de Siria.


zaman
Wounded woman outside the Zaman offices after police raid. Source: BBC

The promoted democracy of the Ottoman country staggers increasingly due to the strong restrictive measures to press freedom imposed by its current president, Recep Tayyip Erdogan. In addition, since the breakdown of the ceasefire last summer (July 2015) between Ankara and the Kurdistan Workers’ Party (PKK and its armed wing ARGK) the stability of the country threatens to break down once again.

On March 5, in Istanbul, Turkish police has cracked down with tear gas and water cannons around 2,000 protesters, thronged at the gates of the headquarters of the newspaper Zaman, one of the most influential news agencies in the region. Since then, the newspaper is under government control. Zaman has been censored for being linked to the exiled preacher Feullah Gullen, accused of terrorism and plotting a coup.

Other media in the country -TV satellite Turksat, Koza-Ipek, Kanalturk, Bugün TV and Radyo Kanalturk station- have been placed under the administration of the government and closed also because of their links to Feullah Gullen or PKK. In the list of press freedom by Reporters Without Borders, Turkey is ranked 149 of the 180, and the Minister of Justice of Turkey, Bekir Bozdag, has revealed that 1,845 cases have been registered in relation to insulting the president. Moreover, in a report released by Vice President Sezgin Tanrikulu CHP (Republican People’s Party), is shown that 96,000 Twitter accounts have been blocked by court order last year, plus various controls to Internet surfing. Because of these events, the EU has declared its concern over the domestic policy carried out by a candidate to join the Union.

Another worrying scenario that has dragged Erdogan to a particular war in the country is the conflict with the PKK, reopened after the breakdown of the ceasefire last summer. This past week there have been three violent clashes between security forces and Kurdish militants. On March 2, after a bomb, violent encounters happened in Diyarbakir -Southeast of Turkey-; on March 3, two women attacked a police station in a suburb of Istanbul until they were killed and, on March 4, the PKK detonated a car bomb in Nusaybin, killing two security officers.

The pursuit against freedom of expression denotes the fear of President Erdogan to a political social change in the country due to the growing political influence of the opposition, which last summer prevented the AKP’s absolute majority for the first time. However, a further escalation of violence in Turkey could open the way to a possible civil war impulse by the growing international role of the Kurds in the fight against the Islamic State. Besides, Turkey, increasingly isolated by growing tensions with Russia and its NATO allies because of its internal and external policy, is seeking to reopen the talks with Israel with the intention to renegotiate the issue of the blockade of Gaza and to seek new supplies gas after the political tensions with Russia; another strategy is to continue the economic contact with Iran, despite its friction in the conflict in Syria.

MARTA Gª OUTÓN

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