EL NUEVO ENFOQUE ESTRATÉGICO DE TURQUÍA/ The new strategic approach of Turkey

site_197_Vietnamese_527692El fallido golpe de estado acontecido el 15 de julio en Turquía ha facilitado al gobierno de Recep Erdogan una renovación completa de la estructura del estado, protegiendo la línea más nacionalista e islamista. En dos semanas, el presidente de gobierno ha llevado a cabo una purga de más de 60.000 personas contrarias a su dirección ideológica, entre las que hay unas 11.000 detenidas. La limpieza comenzó en la estructura militar (casi 9.000 detenidos), protagonista del golpe, la cual siempre ha estado más unida al secularismo desde los tiempos de Kemal Atatürk (fundador de la República de Turquía); le siguió las gobernanzas y el Ministerio del Interior, con casi 9.000 empleados públicos detenidos y unos 3.000 jueces y fiscales destituidos; pero las estructuras de educación y de información, foco de atención y de control fundamental por parte de Erdogan desde el inicio de su legislatura, cobraron enseguida importancia alcanzando en la purga la cifra de unos 27.000 suspensos[1]. Ahora, el MIT (el servicio de inteligencia turco) y las Fuerzas Armadas (tras el cierre de todas las escuelas militares y la apertura de una nueva universidad) han pasado a depender completamente del gobierno a la espera de su aprobación en el Parlamento. Con estas medidas extremas, el gobierno de Erdogan ha buscado eliminar uno de sus principales frentes de conflicto: el interno que, una vez cerrado, le permitirá centrarse en su política exterior (la proximidad de los conflictos regionales en Siria e Irak) y en su guerra particular contra los kurdos.

La culpa de este grave desequilibrio social y político de Turquía recae sobre el líder del influyente movimiento religioso y social Hizmet (“El servicio”), liderado por Fetullah Gülen, que vive en el exilio en Estados Unidos. Este movimiento siempre ha contado con una enorme influencia en las Fuerzas Armadas y ha sido la voz crítica de las actuaciones injustas del gobierno sobre la población, de su lucha contra el PKK (donde las principales víctimas eran militares) y el apoyo a grupos radicales en Siria. La lucha y la persecución de la oposición no cesará hasta que Gülen sea extraditado por Estados Unidos, al que Erdogan acusa de “proteger” al mayor enemigo del estado turco.

Esta pérdida continuada y a zancadas de influencia norteamericana en la región por su política de actuación en Siria y en la lucha contra el autoproclamado Estado Islámico le ha dejado vía libre a Rusia, que ha reafirmado su posición en Oriente Medio y ha reconducido sus relaciones con Turquía -con quien se había enemistado tras el derribo de un avión ruso y tras las acusaciones al gobierno de Erdogan de financiar al Daesh por parte de la inteligencia rusa-. Esta situación ha abierto una fría distensión entre los dos aliados de la OTAN, poniendo en peligro la relación entre Estados Unidos, la Unión Europea, la OTAN y su principal socio en Oriente Medio, que ha ocupado el espacio abandonado en la región por parte de occidente (el mundo suní -encerrado y acusado de vinculaciones con el terrorismo islamista-, Israel -que va perdiendo el favor de sus aliados ante un mayor apoyo internacional a la causa palestina- y Rusia -arrinconada debido a la extendida Guerra Fría-).

Ahora, la gran preocupación internacional recae en la extrema política que pueda llevar a cabo Turquía (tras las numerosas acusaciones de violación de derechos humanos sufridas tras el fallido golpe de estado y la posible aceptación de la pena de muerte), pudiendo darse la situación de un completo cambio de dirección y de alianzas a través de un diferente enfoque estratégico, optando por abandonar su conexión con occidente (a través de la OTAN y los acuerdos con la Unión Europea) y escogiendo su papel líder en la región y como representante del mundo islámico suní.


17300-4tjhixThe failed coup occurred on July 15 in Turkey has facilitated the government of Recep Erdogan a complete overhaul of the state structure, protecting the most nationalist and Islamist line. In two weeks, the president of the government has carried out a purge of more than 60,000 people opposed to his ideological direction, among which there are some 11,000 detainees. The cleaning began in the military structure (nearly 9,000 detainees), star of the hit, which has always been more attached to secularism since the times of Kemal Atatürk (founder of the Republic of Turkey); it was followed by the governances and the Ministry of Interior, with almost 9,000 public employees arrested and some 3,000 judges and prosecutors dismissed; but the structures of education and information, main focus of the control of Erdogan since the beginning of his term, quickly charged importance in the purge reaching the digit of 27,000 suspended. Now, the MIT (Turkish intelligence service) and the Armed Forces (after the closure of all military schools and the opening of a new university) have become completely dependent on the government pending approval in the Parliament. With these extreme measures, the Erdogan government has sought to remove one of the main fronts of its conflict: the internal; once closed, it will allow to focus on its foreign policy (the proximity of the regional conflicts in Syria and Iraq) and its personal war against the Kurds.

The blame for this serious social and political imbalance of Turkey lies with the leader of the influential religious and social movement Hizmet (“Service”), led by Fethullah Gulen, who lives in exile in the United States. This movement has always had an enormous influence on the armed forces and has been the critical voice of the unjust actions of the government on the population, its fight against the PKK (where the main victims were military) and the support of radical groups in Syria. The struggle and persecution of the opposition will not stop until Gülen has been extradited by the United States, accused by Erdogan of “protecting” the greatest enemy of the Turkish state.

This continued loss of the American influence in the region for its policy in Syria and its fight against the self-proclaimed Islamic State has left free rein to Russia, which reaffirmed its position in the Middle East and has redirected its relations with Turkey with whom he had quarreled after the downing of a Russian helicopter and the allegations by the Russian intelligence of the Erdogan’s financing of Daesh. This situation has opened a cold detente between the two NATO allies, endangering the relationship between the United States, European Union, NATO and its main partner in the Middle East, which has occupied the abandoned space in the region by the West (the Sunni world -closed and accused of links with the Islamist terrorism-, Israel -which is losing favor with its allies due to the greater international support for the Palestine cause- and Russia -cornered due to the extended Cold War in the East).

Now, the big international concern lies with the extreme policy carried out by Turkey (after numerous accusations of violation of human rights after the failed coup and the possible acceptance of the death penalty), which may be guide to a complete change of direction and alliances through a different strategic approach, opting to abandon its connection with the West (through NATO and its agreements with the European Union) and choosing his leading role in the region and as representative of the Sunni world.

MARTA Gª OUTÓN

[1] Cifras exactas en http://www.rtve.es/noticias/20160720/purga-erdogan-tras-golpe-50000-trabajadores-8000-detenidos/1373670.shtml

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