ELECCIONES MUNICIPALES SUSPENDIDAS EN PALESTINA/ Municipal elections cancelled in Palestine

foto-portada-palestinaEl pasado 8 de septiembre el Tribunal Supremo palestino ha comunicado la suspensión de las elecciones municipales previstas para el 8 de octubre. Estas elecciones, que constituirían las primeras en Gaza desde 2006 y en Cisjordania desde 2012, fueron anunciadas por el gabinete encabezado por el Primer Ministro Rami Hamdallah el 23 de junio de este año sin contar en ese momento con la aprobación de todas las fuerzas políticas, incluido el brazo político de Hamas que, sin embargo, accedió a la participación en las mismas el 20 de julio.

La principal razón que ha llevado a tal decisión ha sido la consideración de una apelación al Tribunal por la falta de legitimidad que suponía el hecho de que Jerusalén Este no estuviese incluido en el proceso electoral. Jerusalén Este, anexionado por Israel en 1967, pertenece a la denominada Zona C y como tal depende de la administración israelí, lo que excluye a los 250,000 palestinos que habitan ahí de la participación política en estas elecciones municipales. Parece ser que hasta que esta situación no  cambie hay quien considera que estas elecciones adolecen de una falta de representación y es por ello que la Corte ha decidido considerar si seguir adelante, posponer o incluso cancelar  las elecciones en la próxima sesión que tendrá lugar el día 21 de septiembre. Por otro lado, las diferencias entre Hamas y Al Fatah se han hecho eco durante la campaña y el Tribunal ha cuestionado la legalidad del proceso en Gaza, donde los tribunales locales han desestimado cinco listas en las que aparecían candidatos de Al Fatah por presuntos fallos legales. De acuerdo con Osama al-Qawasmi, portavoz de Al Fatah, Hamas ha bloqueado las listas de forma injustificada, mientras que Hamas denuncia la decisión de frenar las elecciones como una maniobra de un Tribunal a sus ojos politizado a favor de Al Fatah.

Desde la formación de la Autoridad Palestina en 1993, Hamas ha boicoteado tradicionalmente las elecciones en Palestina por considerarlas una forma de apoyar la ocupación y el statu quo –incluyendo las elecciones presidenciales de 2005−. Sin embargo, participaron en las elecciones municipales de 2006 arrasando en sus resultados y obteniendo el control de la franja de Gaza ante la sorpresa internacional. Pese a su participación, Hamas colocó a miembros del partido en aquellas localidades de Gaza donde no habían obtenido la victoria, pasando a controlar por completo la zona y desatando un conflicto civil con Al Fatah. Ello, unido al boicot de las elecciones locales en Cisjordania en 2012, ha hecho que Hamas se encuentre en el punto de mira con respecto a qué ocurriría si los resultados no son los esperados.

Pero lo cierto es que las razones acerca de que no se lleven a cabo unas elecciones en Palestina señalan a más culpables que Hamas y es que el mantenimiento del sistema de poder, abanderado en Mahmoud Abbas, favorece a multitud de las facciones políticas. En primer lugar, el que se ponga en marcha de nuevo el proceso electoral exigiría de un momento a otro unas elecciones presidenciales cuya urgencia se denota no solo en la edad sino en la falta de popularidad de Abu Mazen, cuya prolongación en el poder y mala gestión está incluso reduciendo las ayudas internacionales a Palestina. En segundo lugar, la propia formación de Al Fatah se encuentra especialmente debilitada en un clima de crisis de la economía, desempleo, corrupción y descontento, unido al general aumento de la radicalización que ha llevado a la sociedad hacia un mayor acercamiento a posturas políticas islámicas. A su vez, es relevante considerar la unión de los partidos de la izquierda (Frente Popular para la Liberación de Palestina, Frente Democrático para la Liberación de Palestina, Unión Democrática Palestina, Partido del Pueblo Palestino y la Iniciativa Nacional Palestina) en una sola lista para lograr una mayor representación, lo que puede tener su importancia a medio plazo.

A los ojos internacionales la inestabilidad política palestina es evidente y unas elecciones municipales son el perfecto reflejo de la división interna que existe en el territorio. En medio de los intentos por poner en marcha nuevas negociaciones de paz –la iniciativa de París de junio de 2016 y la nueva propuesta rusa para mediar en el proceso− sería interesante ver hasta qué punto la sociedad elegiría posturas más abiertas al diálogo. Más aún, puede ser que el hecho de que los territorios palestinos se nieguen a realizar elecciones constituya un intento por frenar una posible nueva guerra civil que desate mayor conflictividad y haga a la Autoridad Palestina aún más vulnerable frente a Israel.


HAMAS'IN SIYASI BURO SEFI MESAL, 45 YIL SONRA GAZZE'DE

On September 8 the Palestinian Supreme Court announced the suspension of municipal elections scheduled for October 8. These elections, which would be the first in Gaza since 2006 and in the West Bank since 2012, were announced by the cabinet headed by Prime Minister Rami Hamdallah on June 23 this year without counting at that time with the approval of all political forces, including the political arm of Hamas that did not agree to participate until July 20th.

The main reason that led to this decision was the consideration of an appeal to the Court by the lack of legitimacy as East Jerusalem was not included in the electoral process. East Jerusalem, annexed by Israel in 1967, belongs to the so-called Area C and as such depends on the Israeli administration, which excludes the 250,000 Palestinians who live there from political participation in municipal elections. It seems that until this situation changes there is a feeling that these elections suffer from a lack of representation and that is why the Court has decided to consider whether to proceed, postpone or even cancel the elections in the next session that will take place on September 21st. On the other hand, the differences between Hamas and Fatah have echoed during the campaign and the Court has questioned the legality of the process in Gaza, where local courts have dismissed five lists headed by candidates from Fatah for alleged legal rulings. According to Osama al-Qawasmi, a spokesman for Fatah, Hamas has blocked lists without justification, while Hamas denounces the decision to stop the elections as a manoeuvre by a court in his eyes politicized in favour of Fatah.

Since the formation of the Palestinian Authority in 1993, Hamas has traditionally boycotted the elections in Palestine considering them a way to support the occupation and the status quo including the presidential elections of 2005. However, they participated in the municipal elections of 2006 sweeping results and gaining control of the Gaza Strip to the international surprise. Despite their participation, they placed Hamas party members in those locations in Gaza where they had not obtained the victory, gaining complete control of the area and unleashing a civil conflict with Fatah. This, alongside the boycott of local elections in the West Bank in 2012, has made Hamas to be in the spotlight regarding what would happen if the results are not as expected.

But the truth is that the reasons behind not to carry out an election in Palestine are to blame more actors than Hamas and the fact is that the maintenance of the power system, represented by Mahmoud Abbas, favours many political factions. First, the electoral process would demand at some point a presidential election whose urgency is denoted not only in the age but also in the unpopularity of Abu Mazen, whose continuance in power and bad management is even reducing international aid to Palestine. Second, the very formation of Fatah is especially weak in a climate of economic crisis, unemployment, corruption and discontent, combined with the general increase in the radicalization that has led society to Islamic political posturing. In turn, it is important to consider the union of the parties of the left (Popular Front for the Liberation of Palestine, the Democratic Front for the Liberation of Palestine, Palestine’s Democratic Union, Palestinian People’s Party and the Palestinian National Initiative) in a single list to achieve greater representation, what may be important in the medium term.

To the international community the political instability in Palestine is evident and municipal elections would be the perfect reflection of the internal division that exists in the territory. Amid attempts to carry out new peace negotiations -the Paris initiative in June 2016 and the new Russian proposal to mediate in the process- it would be interesting to see how far society is more open to choose dialoguing positions. Moreover that the fact that the Palestinian territories refuse to hold elections may constitute an attempt to curb a possible new civil war that unleashes greater conflict and makes the Palestinian Authority more vulnerable to Israel.

ALICIA PÉREZ GUIJARRO

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