VIOLACIONES DE LA TREGUA EN SIRIA/ Violations of the truce in Syria

El segundo gran conato de tregua ha fracasado, toda vez que el propio Al-Assad ha llegado a dar por roto el acuerdo (declaraciones el 20 de septiembre); en el infierno sirio, radicales islámicos se mezclan con grupos nacionalistas, independentistas y partidarios o detractores del régimen de Bashar Al-Assad. Sobre ellos EEUU y Rusia descargan miles de bombas día tras día, e impulsan sus intereses particulares mediante la financiación.

Sobre Siria han caído más de 12000 bombardeos, de los cuales más de 9000 han sido rusos. El apoyo de Rusia al régimen de Damasco ha sido constante desde su irrupción en el conflicto; en tres días se cumplirá un año exacto desde el comienzo de la intervención militar rusa, y el esfuerzo ha sido notablemente superior (con una media de 25 misiones de bombardeo diarias) al que cualquier otro actor ha destinado. Teniendo en cuenta semejante despliegue de medios, es fácil imaginar que la continuidad del régimen es una línea roja del gobierno de Moscú, un objetivo al que no pueden renunciar; Rusia se encuentra en una posición desde la que cualquier amenaza a sus intereses puede ser respondida con contundencia, el régimen ha sabido aprovechar el apoyo ruso para recuperar terreno y mejorar su posición negociadora. Esta realidad sienta las bases para que cualquier tregua que no se respete según las bases que Rusia establezca, esté condenada al fracaso.

El mejor ejemplo de esto lo encontramos en la situación actual: el 12 de septiembre entra en vigor la tregua acordada entre EEUU y Rusia, sin incluir a las fuerzas extremistas (un comodín para justificar ataques puntuales), suponiendo el segundo intento real de establecer un paréntesis en el conflicto sirio desde 2011, tras la tregua de febrero de este mismo año. Durante los primeros días de la tregua ha habido violaciones poco significativas del alto el fuego; cuatro días después del comienzo de la tregua, el 17 de septiembre, las fuerzas de EEUU protagonizan un bombardeo sobre fuerzas del régimen en Deir Ez-Zor, ciudad clave del IS actualmente sitiada, y dicho ataque produce 60-80 muertes entre las tropas regulares sirias. Este ataque, calificado de “error” por EEUU, es interpretado por Assad como un atentado contra la naturaleza de la tregua.

La realidad de la tregua es que en ningún momento ha habido intención por parte de ninguno de los implicados de que ésta sirviera como puente a las negociaciones. Los rebeldes, conscientes de su situación de debilidad, han aprovechado la semana de alto el fuego para aprovisionarse y reagruparse, mientras que las fuerzas de Assad han aprovechado el tiempo para centrar su atención en los grupos opositores radicales.

En la siguiente gráfica se puede apreciar que la inmensa mayoría de las operaciones militares durante la tregua han sido llevadas a cabo por el régimen y los grupos opositores. Pese a la gran cobertura mediática de acontecimientos como el ataque americano en Deir Ez-Zor, la realidad es que los principales obstáculos para la consecución de la tregua han brotado de las propias fuerzas sirias más que de los actores extranjeros implicados. Desde el 12 hasta el 21 de septiembre, la cronología de las principales operaciones militares durante la tregua sería:

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La tregua está muerta desde antes de empezar, no ha habido un solo día sin que las fuerzas de uno u otro bando hayan protagonizado ataques (OSDH) y la actualidad del conflicto es poco alentadora de cara a unas posibles negociaciones de paz. Puede que la caída de Raqqa y Deir Ez-Zor, o el fin del sitio de Alepo, sean los acontecimientos que puedan suponer el pistoletazo de salida para una verdadera tregua que tenga como fin la resolución del conflicto.


The second major outbreak of truce has failed, since the Al-Assad himself has come to take for breaking the agreement (statements on 20 September); in the Syrian hell, Islamic radicals are mixed with nationalists, separatists and supporters or opponents of the regime of Bashar Al-Assad groups. US and Russia over them unload thousands of bombs day after day, and drive their own interests by funding.

Over Syria have fallen 12,000 bombings, and more than 9000 have been Russians. Russia’s support to the regime in Damascus has been constant since its entry into the conflict; in three days it will be fulfilled exactly one year since the beginning of the Russian military intervention, and the effort has been significantly higher (average of 25 daily bombing missions) that any other actor has allocated. Given such a display of media, it is easy to imagine that the continuity of the regime is a red line of the Moscow government, a goal that can not be waived; Russia is in a position from which any threat to their interests can be answered forcefully, the regime has taken advantage of Russian support to regain ground and improve their negotiating position. This reality lays the basis of a truce which can not be respected according to the rules established by Russia.

The best example of this is found in the current situation: the September 12 comes into force the truce between the US and Russia, not including extremist forces (a wildcard to justify specific attacks), assuming the second real attempt to establish a parenthesis in the Syrian conflict since 2011 after the truce of February this year. During the early days of the truce there has been little significant violations of the ceasefire; four days after the start of the ceasefire, on 17 September, US forces star in a bombing of regime forces in Deir ez-Zor, IS key city currently under siege, and this attack produces 60-80 deaths among regular troops Syrian. This attack, described as “error” by the US, is played by Assad as an attack on the nature of the truce.

The reality is that in the truce has never been an intent at any time by anyone involved that would serve as a bridge to the negotiations. The rebels, aware of their situation of weakness, have taken the week ceasefire to stock and regroup, while Assad’s forces have used the time to focus on the radical opposition groups.

In the following graph one can see that the vast majority of military operations during the truce have been carried out by the regime and opposition groups. Despite the extensive media coverage of events such as the American attack on Deir ez-Zor, the reality is that the main obstacles to achieving the truce have sprung from Syrian forces themselves rather than foreign actors. From 12 to 21 September, the chronology of the major military operations during the truce would be:

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The truce is dead before it has been started. There has not been a single day without the forces of either side have staged attacks (OSDH) and now the conflict is uninspiring facing a possible peace negotiations. Perhaps the fall of Raqqa and Deir Ez-Zor, or the end of the siege of Aleppo, are the events that may involve the starting gun for a real truce that is intended to resolve the conflict.

FERNANDO LAMAS MORENO

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