LA APUESTA RUSA: HAFTAR/The Russian bet: Haftar

khalifa-belqasim-haftar-2El escenario político de Libia, tras la guerra civil de 2011 y la muerte de Gadafi, ha estado marcado por la inestabilidad. Un detalle importante para comprender el caos político libio actual es que, en Libia, las listas por partidos no están permitidas, por lo que los candidatos al parlamento han de presentarse como independientes.
Una vez derrotado Gadafi, el Congreso Nacional de Transición (estructura activa durante la guerra civil, oficialmente reconocida como legítima por la mayoría de países de la ONU) dio paso al Congreso General de la Nación (2012), que eligió como presidente a Mohamed Yousef Al-Magariaf, quien renunciaría en 2013 por la ley de aislamiento político, que impedía a cualquier persona que hubiese ocupado un cargo político con Gadafi volver a ocupar un cargo en la Libia democrática. Tras Al Magariaf fue elegido el amazigh Nuri Abu Sahmain (islamista, afín a los hermanos musulmanes), que en 2014 trató de perpetuarse en el poder tras perder las elecciones (una vez finalizada la vigencia del congreso general de la nación) dando lugar a una nueva guerra civil, en la que Jalifa Haftar sería protagonista por su “Operación dignidad”, lanzada desde el parlamento de Tobruk para recuperar el país de manos de los islamistas de Sahmain y sus milicias (fomentadas desde el ejecutivo durante su mandato), que habían tomado el control de Trípoli.
La guerra civil enfrentó al Congreso General Nacional (islamista) con la Cámara de Representantes (liberal). La presión de la ONU consiguió (2016) que Sahmain se retirase de la política y la disolución del CGN; El plan ONU era que al CGN lo sucediera una estructura bicameral constituida por el Consejo de Estado Superior (heredero del CGN), como cámara alta, mientras que la Cámara de Representantes habría de cumplir con las funciones de cámara baja. A pesar de esto, el sistema ha sido reiteradamente boicoteado y bloqueado.
Actualmente, en Libia encontramos 4 facciones enfrentadas por el control político del país, así como un conflicto que ha tomado tintes étnico-tribales en el sur:
• La cámara de representantes (moderados, Tobruk), dirigida por Aguilah Issa y Abdullah Al Thani, y de cuyo brazo militar es comandante Jalifa Haftar.
• El consejo de estado superior (integrado en el gobierno de acuerdo nacional), estructura heredera del CGN, cuyo presidente es Fayez Al Sarraj. Nacionalistas moderados pro-occidentales.
• Los grupos islamistas, herederos radicales del CGN, aglutinados en el gobierno de Salvación Nacional y representados por grupos como Dar Al Islam Libia.
• La filial libia del Estado Islámico, actualmente en vías de extinción tras los duros golpes asestados por el ejército libio en Derna y Sirte.
El conflicto entre estas facciones se ha extendido a las tensiones étnico-tribales preexistentes en el sur del territorio libio, haciendo que unas u otras tribus se decanten por alguno de los bandos y añadiendo las diferencias tribales y raciales (Tebu contra Tuareg) al ya complicado cóctel político-religioso del conflicto.
En este escenario, en el que Libia es un estado fallido , un avispero de radicalismo y violencia, y uno de los mayores mercados negros de armas del mundo, Jalifa Haftar sobresale como una figura relevante. Haftar es un general libio (74 años), comandante de las fuerzas armadas libias desde 2015, pero con una dilatada historia en el mando militar de Libia: Haftar es uno de las figuras clave en el conflicto libio. Participó en la revolución de Gadafi; tras la guerra entre Libia y Chad, Haftar fue repudiado, se convirtió en opositor al régimen y se exilió a EEUU . Tras su vuelta a Libia se ha convertido en uno de las principales figuras que optan a dirigir el país, y ha mantenido mucha relación con Rusia, hasta el punto de visitar Moscú o el grupo naval del Almirante Kuznetsov durante su viaje de vuelta a Severomorsk. Haftar es Nasserista y secular.
La situación en Libia, donde confluyen muchos intereses internacionales, hace que el conflicto presente dos posibilidades de resolución: los extremistas del estado islámico están fuera de la ecuación y los islamistas nacionalistas afines a los hermanos musulmanes son demasiado radicales y, tras los acontecimientos de los últimos 15 años, la opinión pública occidental ya no tolera el apoyo a grupos radicales islámicos. Mientras que Occidente parece pretender un gobierno al estilo de Túnez, democrático y moderado, plasmado en la figura de Al Sarraj, Rusia parece abogar por un escenario más parecido al de Egipto, en el que el poder caiga en las manos de un gobierno duro que estabilice la situación. En este gobierno “duro” al estilo egipcio, Haftar podría ser el hombre que hiciese el papel de Abdulfatah Al Sisi.
No hay que olvidar que Libia es una pieza clave en el puzle energético mundial y que, tras muchos años de incertidumbre con Gadafi, las grandes potencias tienen mucho interés en introducir al país africano en sus esferas de influencia. Para Rusia, la llegada de Haftar al poder podría significar el aumento de su influencia en el Mediterráneo, si bien la realidad actual es que el conflicto libio no parece cercano a acabar y el embargo de armas limita las posibilidades de uno u otro bando para imponerse en una lucha armada que podría alargarse, dando pie a la aparición de nuevos conflictos independentistas o tribales que terminasen por descoser el país. Actualmente la solución definitiva más viable parece pasar por un acuerdo real entre los dos actores moderados del conflicto, Trípoli y Tobruk, aunque no se podría descartar que, una vez alcanzado dicho acuerdo, el juego político libio acabase por situar a Haftar como líder de una nueva Libia orientada a Rusia.
En definitiva, un conflicto que evoluciona del caos a la dicotomía: Democracia frente autoritarismo; islamismo frente a secularismo; Occidente frente a Rusia, una vez más.


aleppo-air-strikes-cease-fire-russiaLibya`s political scene, following the civil war in 2011 and the death of Gaddafi, has been marked by instability. An important detail to understand the current Libyan political chaos is that in Libya, party lists are not allowed, so candidates for parliament must stand independently.
After defeating Gaddafi, the National Transition Congress (an active structure during the civil war, officially recognized as legitimate by most UN countries) gave way to the General Congress of the Nation (2012), which elected as president Mohamed Yousef Al-Magariaf, who would resign in 2013 because of the law of political isolation, which prevented anyone who has held a political post with Gaddafi return to occupy a position in the new democratic Libya. After Al Magariaf was chosen the Amazigh Nuri Abu Sahmain (Islamist, close to the Muslim brothers), who in 2014 tried to perpetuate himself in power after losing the elections (once ended the general congress of the nation) starting a new civil war, in which Khalifa Haftar would be protagonist for his “Operation dignity”, launched from the parliament of Tobruk to recover the country from the hands of the Islamists of Sahmain and its militias (fomented from the executive during its mandate), that had taken control of Tripoli.
The civil war faced the National General Congress (Islamist) against the House of Representatives (Liberal). UN pressure led (2016) Sahmain to withdraw from politics and the dissolution of the NGC; The UN plan was for the NGC to be succeeded by a bicameral structure constituted by the Superior Council of State (heir of the NGC) as the upper chamber, while the House of Representatives would do the functions as lower house. Despite this, the system has been repeatedly boycotted and blocked.
At present, in Libya we find four factions fighting for the political control of the country, a conflict that has taken ethno-tribal characteristics in the south:
• The House of Representatives (moderates, Tobruk), led by Aguilah Issa and Abdullah Al Thani, and whose military arm is Commander Khalifa Haftar.
• The higher council of state (integrated in the government of national agreement), heir structure of the NGC, whose president is Fayez Al Sarraj. Moderate pro-Western nationalists.
• The Islamist groups, radical heirs of the NGC, united in the National Salvation Government and represented by groups like Dar Al Islam Libya.
• The Libyan branch of the Islamic State, currently in process of extinction after the hard blows dealt by the Libyan army in Derna and Sirte.
The conflict between these factions has spread to the pre-existing ethnic-tribal tensions in southern Libyan territory, causing some tribes to opt for either side and adding the tribal and racial differences (Tebu v. Touareg) to the already complicated political-religious cocktail of the conflict.
In this scenario, in which Libya is a failed state, a core of radicalism and violence, and one of the largest black arms markets in the world, Khalifa Haftar stands out as a relevant figure. Haftar is a Libyan general (74 years), commander of the Libyan military since 2015, but with a long history in the military command of Libya: Haftar is one of the key figures in the Libyan conflict. He participated in the Gaddafi revolution; After the war between Libya and Chad, Haftar was repudiated, became an opponent of the Gaddafi’s regime and exiled himself to the United States. After his return to Libya he has become one of the leading figures chosen to run the country, and has maintained much relation with Russia, to the point of visiting Moscow or the naval group of Admiral Kuznetsov during his return trip to Severomorsk. Haftar is Nasserist and secular.
The situation in Libya, where many international interests converge, makes the present conflict two possibilities for resolution: the extremists of the Islamic state are out of the equation and the nationalist Islamists like the Muslim brothers are too radical and, after the events of the Last 15 years, Western public opinion no longer tolerates support for radical Islamic groups. While the West seems to be pursuing a Tunisian-style, democratic and moderate government based on the figure of Al Sarraj, Russia seems to bet for a scenario more like that of Egypt, in which the power falls into the hands of a hard government that stabilize the situation. In this “hard” Egyptian-style government, Haftar could be the man who played the role of Abdel Fattah el-Sisi.
It should not be forgotten that Libya is a key player in the global energy puzzle and that, after many years of uncertainty with Gaddafi, the great powers want to introduce the African country into their spheres of influence. For Russia, the arrival of Haftar in power could mean increasing its influence in the Mediterranean, although the current reality is that the Libyan conflict does not seem close to ending and the arms embargo limits the possibilities of either side to impose themselves in an armed struggle that could be extended for years, giving rise to the emergence of new independence or tribal conflicts that could definitely destroy the country. Currently the most viable final solution seems to be a real agreement between the two moderate actors in the conflict, Tripoli and Tobruk, although it could not be ruled out that, once reached such an agreement, the Libyan political game ended up placing Haftar as leader of a New Libya oriented to Russia.
In short, a conflict that evolves from chaos to dichotomy: Democracy versus authoritarianism; Islam versus secularism; West against Russia once again.

FERNANDO LAMAS MORENO

http://www.lavanguardia.com/internacional/20170112/413300126334/libia-requerira-de-mas-tiempo-para-ser-un-pais-estable-segun-embajador.html
http://fsi.fundforpeace.org/2016-libya

http://www.europapress.es/internacional/noticia-aumenta-apoyo-rusia-general-libio-jalifa-haftar-20170117200519.html
http://www.lavanguardia.com/internacional/20170113/413325242487/desembarco-ruso-libia-portaviones-general-rebelde-jalifa-hafter.html

https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/geos/ly.html
http://www.un.org/es/comun/docs/?symbol=S/RES/2323(2016)
https://intelgiasp.wordpress.com/2016/09/20/libia-apuesta-esteril-de-la-onu-libya-uns-meagre-bet/

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