IMPACTO DE LA MINERIA ILEGAL DE ORO EN COLOMBIA/ Impact of illegal gold mining in Colombia

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Choco gold mine. Source: TierraDigna

La extracción ilegal de oro se ha convertido en la actividad delictiva más lucrativa de Colombia, doblando en ingresos al comercio de la cocaína. Tan solo el 18% del oro que se produce en el país tiene su origen en la minería legal. Más de la mitad de las minas de oro del país (63%) no cuentan con título minero ni licencia ambiental, y su comercio abarca un 80% del total de exportaciones colombianas de este metal. Un número de trabajadores cercano a los 60.000 realiza en estas minas ilegales una actividad laboral sometida a un sistema de semiesclavitud controlado por mafias y grupos paramilitares.

El impacto derivado de la extracción ilegal del oro en Colombia es calificado por la ONU como “drama ecológico y humanitario” y provoca consecuencias tales como desplazamientos forzados, explotación sexual de adolescentes, trabajo infantil y la alta siniestralidad derivada de una labor que resulta altamente peligrosa dados los frecuentes derrumbamientos. La huella ecológica generada sobre la masa forestal de la Amazonia colombiana presenta una magnitud devastadora. El final de la lucha armada de las FARC y su retirada de las regiones selváticas conllevan a un vacío de poder que motiva la especulación sobre la tierra, entendiendo que, hasta el momento, la presencia de la guerrilla limitaba la accesibilidad para las empresas, protegiendo así estos ecosistemas de la activad industrial.

La minería de oro artesanal utiliza mercurio en el proceso de amalgama. En Colombia cada año son liberadas hacia las fuentes hídricas una media de 75 toneladas de este metal tóxico, generando un impacto altamente destructivo sobre los ecosistemas fluviales. Como consecuencia, el 60% de los acuíferos del país están contaminados, algo que afecta directamente a la cadena alimenticia con resultados fatales sobre las comunidades étnicas. Las consecuencias en lo referente a los efectos sobre la salud han sido constatados, diversos estudios realizados en poblaciones pertenecientes a las regiones mineras determinan que sus habitantes presentan niveles de mercurio en sangre altamente nocivos (entre 5 y 8 veces superior al límite establecido por la OMS).

En Colombia tiene lugar una paulatina sustitución del narcotráfico en favor de la minería ilegal de oro, convirtiéndose esta en la principal fuente de financiación de los grupos armados organizados. La Iniciativa Global contra el Crimen Transnacional publicó un informe en el año 2016 en el cual se refleja que en Colombia habría al menos 44 bandas criminales dedicadas a este negocio. El proceso de Paz entre el gobierno y las FARC produce un trasvase de guerrilleros hacia estas mafias criminales, lo que representa un nuevo desafío para el posconflicto.

La llamada “fiebre del oro” en Colombia (en referencia a la agresiva expansión desarrollada por esta actividad derivada del exponencial aumento de su precio) no puede explicarse sin el papel que juega la corrupción de los estamentos públicos. La autoridad minera carece de las capacidades necesarias para establecer control y vigilancia sobre la economía extractiva y sobre los recursos naturales no renovables. La legislación minera en Colombia es permisiva, laxa en su interpretación y presenta una grave falta de transparencia. Estas características propician la corrupción vinculada a la adjudicación de licitaciones y a la concesión de exploración y explotación de terrenos.

Las malas prácticas por parte de las administraciones están naturalizadas, cuestión que fomenta la impunidad conexa a actos represivos contra miembros del activismo social y medioambiental, una represión basada en amenazas de muerte que se materializan en asesinato (En los dos últimos meses 17 activistas han sido víctimas de homicidio, en 2016 fueron 80, 63 en el 2015 y más de 500 en la última década). Por otro lado, los actos de resistencia social se ven inmersos en una estrategia de criminalización por parte de las autoridades judiciales, que realizan esfuerzos por vincular a sus líderes con grupos de insurgencia armada.

El gobierno colombiano ha puesto en marcha un plan estratégico basado en la vigilancia y el seguimiento de aquellos elementos que rodean y posibilitan la producción minera, siendo estos la maquinaria, el combustible y el mercurio. En este sentido, en el año 2016 la policía y el ejercito decomisaron o destruyeron más de mil retroexcavadoras. Las medidas adoptadas por Juan Manuel Santos tienen lugar en un estadio tardío teniendo en cuenta el carácter irreparable de los daños ya ocasionados sobre el suelo, las aguas y la salud de las poblaciones indígenas.


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Illegal mining projects in Latin America. Source: World Resources Institute

Illegal gold mining has become the most lucrative criminal activity in Colombia, doubling in revenues to the cocaine trade. More than half of the country’s gold mines (63%) are illegal, and trade accounts for 80% of total Colombian gold exports. A number of workers close to 60,000 work in these illegal mines, a work activity subjected to a system of semi-slavery, assuming their sole source of subsistence.

The impact of the illegal extraction of gold in Colombia is described by the UN as “ecological and humanitarian drama” and causes consequences such as forced displacement, sexual exploitation of adolescents, child labor and high accident rates derived from a work that is highly dangerous, given the frequent collapses. The ecological footprint generated on the forest mass of the Colombian Amazon presents a devastating magnitude. The end of the armed struggle of the FARC and its withdrawal from the jungle regions lead to a vacuum of power that motivates speculation on the land, understanding that, so far, the presence of the guerrillas has limited accessibility for companies, protecting these ecosystems of industrial activity.

Artesanal gold mining uses mercury in the amalgam process. In Colombia, an average of 75 tons of this toxic metal is released to water sources, generating a highly destructive impact on the river ecosystems. As a consequence, 60% of the country’s aquifers are contaminated, something that directly affects the food chain with fatal results on the ethnic communities. The impact on health effects has been confirmed. Several studies carried out in populations belonging to the mining regions determine that their inhabitants have highly harmful blood levels of mercury (5 to 8 times higher than the limit set by WHO).

In Colombia there is a gradual substitution of drug trafficking in favor of illegal gold mining, making it the main source of financing for organized armed groups. The Global Initiative against Transnational Crime published a report in 2016 which reflects that in Colombia there would be at least 44 criminal gangs dedicated to this business. The peace process between the government and the FARC produces a transfer of guerrillas to these criminal mafias, which represents a new challenge for post-conflict.

The so-called “gold rush” in Colombia (in reference to the aggressive expansion developed by this activity derived from the exponential increase of its price) cannot be explained without the role that corruption of the public estates plays. The mining authority lacks the necessary capacities to establish control and monitoring of the extractive economy and nonrenewable natural resources. The mining legislation in Colombia is permissive, lax in its interpretation and presents a serious lack of transparency. These characteristics lead to corruption linked to the award of tenders and to the concession of exploration and exploitation of land.

Bad practices on the part of the administration are naturalized, a matter that foments the impunity related to repressive acts against members of the social and environmental activism, a repression based on death threats that materialize in murder (17 activists have been Victims of homicide in the last two months, in 2016 were 80, in 2015, 63). On the other hand, acts of social resistance are immersed in a strategy of criminalization by the judicial authorities, who make efforts to link their leaders with armed insurgency groups.

The Colombian government has put in place a strategic plan based on the monitoring and tracking of those elements that surround and make possible the mining production, being these the machinery, the fuel and the mercury. The measures adopted by Juan Manuel Santos take place in a late stage, taking into account the irreparable nature of environmental damages already caused on the soil, waters and the health of indigenous populations.

Antonio Sáenz Peco

http://lamineriaenchoco.tierradigna.org/

http://www.ohchr.org/EN/HRBodies/HRC/RegularSessions/Session28/Documents/A_HRC_28_3_Add_3_SPA.doc

https://web.stanford.edu/~santisap/Paper_mining_newborn_health.pdf

http://globalinitiative.net/wp-content/uploads/2016/03/TGIATOC-OC-and-Illegally-Mined-Gold-in-Latin-America-Report-1718-digital.pdf

https://redjusticiaambientalcolombia.files.wordpress.com/2011/05/final_revised_feb_2010_veiga_antioquia_field_trip_report.pdf

https://www.oecd.org/countries/colombia/Colombia%20Highlights%20english%20web.pdf

https://www.oecd.org/countries/colombia/Colombia%20Highlights%20english%20web.pdf

http://www.reuters.com/article/us-colombia-gold-pollution-idUSTRE66C62L20100713

https://news.vice.com/video/poisoned-by-the-gold-rush

http://www.independent.co.uk/news/world/illegal-gold-mining-killing-rainforest-a7438696.html

https://www.youtube.com/watch?v=z_KAOD6IZmE

http://www.razonpublica.com/index.php/econom-y-sociedad-temas-29/7164-vac%C3%ADos-que-motivan-la-corrupci%C3%B3n-minera-siguen-vigentes.html

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