LAS RAÍCES OCCIDENTALES DEL TERRORISMO EN ORIENTE MEDIO/ The Western roots of “Middle-Eastern” terrorism

Entrada especial por Amir Nour, Investigador argelino en relaciones internacionales, autor del libro “L’Orient et l’Occident à l’heure d’un nouveau Sykes-Picot” (Oriente y Occidente en tiempos de un nuevo Sykes-Picot), Alem El Afkar, 2014. Acceso al artículo original en FRANCÉS: http://www.mondialisation.ca/les-racines-occidentales-du-terrorisme-moyen-oriental-expose-dun-point-de-vue-politiquement-incorrect/5573100

Todo lo que se refleja en el siguiente artículo es opinión del escritor y no obedece a la línea editorial de GIASP. El tema invita al debate e intercambio de ideas con visión crítica sobre el fenómeno del terrorismo.

Special entry by Amir Nour, Algerian researcher in international relations, author of the book “L’Orient et l’Occident à l’heure d’un nouveau Sykes-Picot” (East and West at the time of a new Sykes-Picot), Germany The Afkar, 2014. Access to the original article in FRENCH: http://www.mondialisation.ca/les-racines-occidentales-du-terrorisme-moyen-oriental-expose-dun-point-de-vue-politiquement-incorrect/ 5573100

Everything that is reflected in the following article is the opinion of the writer and does not obey the editorial line of GIASP. The theme invites to the debate and exchange of ideas with critical vision on the phenomenon of the terrorism.


1016Convencidos de que el terrorismo, en todas sus formas y manifestaciones, cometido por quienquiera que sea y cualquiera que sea el motivo, es inaceptable e injustificable, los Estados miembros de las Naciones Unidas finalmente el 8 de septiembre de 2006 adoptaron un enfoque común en el marco de la “Estrategia Global de las Naciones Unidas contra el terrorismo”. Sin embargo, diez años más tarde, la “Comunidad Internacional” aún no ha llegado a un acuerdo por consenso de una definición del enemigo común, que continúa creciendo y expandiéndose, provocando así indescriptible devastación y miseria, principalmente a los estados y a los pueblos árabes y musulmanes en el mundo.

Sin embargo, con una amarga ironía y total desafío a las verdades históricas establecidas, estas mismas víctimas y su religión mayoritaria -Islam- son acusadas por el delito de patrocinar el terrorismo transnacional, poniendo en peligro la paz y la seguridad internacional.

Pero ¿quién realmente debe ser considerado responsable del nacimiento y la expansión del fenómeno de la violencia en los tiempos modernos, contrario a las consecuencias que, pensadores visionarios como Malek Bennabi y Eric E. Hobsbawm, habían advertido al mundo hace ya un siglo?

Las opiniones expuestas en este documento sobre este candente tema no son expresadas por funcionarios o pensadores musulmanes. Son las de occidentales pertenecientes a diferentes niveles de poder y responsabilidad moral y política, que representan el anverso y el reverso de la medalla del terrorismo y señalan la responsabilidad histórica de algunos gobiernos occidentales. Son representantes de una voz “políticamente incorrecta”, cuyo eco es apenas escuchado en medio del alboroto de los medios de comunicación hábilmente orquestados por el nuevo “juez”.

Terrorismo, Islam y traición del clero

Recientemente, el magistrado Vincent Sizaire, autor del libro titulado “L’Imposture sécuritaire”, explicó[1] que la caracterización del terrorismo tiene que ver más con el cálculo político que con la interpretación legal, ya que es necesariamente el resultado de un proceso de equilibrio de poder y evaluación política, al final del cual las autoridades tienden a aplicarla de una manera más o menos discrecional a un determinado delincuente en lugar de otro. Sizaire destaca qué tan problemático es hoy utilizar el mismo término para referirse a las actividades realizadas por los grupos fanáticos y oscurantistas, y a las acciones de opositores políticos a regímenes autoritarios. Por lo tanto, obviamente no puede haber duda de la necesidad de proponer una nueva definición menos equívoca de este concepto. De hecho, cabe señalar que hasta la fecha ninguna definición de terrorismo ha logrado aceptación universal. Alex Schmid y Albert Jongman identifican 109 definiciones diferentes[2].

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Las Naciones Unidas aún no han podido acordar una definición entre sus estados miembros, desde el 17 de diciembre de 1996, fecha en la que la Asamblea General aprobó la resolución 51/210, mediante la cual se decidió crear un comité especial para elaborar un convenio general sobre el terrorismo internacional. Es un debate tan polémico que, según Oliver Libaw, incluso en Estados Unidos donde se lanzó la “Guerra Global contra el Terror” en 2001, resulta que “nadie está tan seguro de lo que es terrorismo “[3].Por lo tanto, el futuro sigue siendo brillante para la famosa y citada afirmación de que ” Lo que para uno es un terrorista, para otro es un luchador por la libertad”[4]. ¡No importa! Para una escuela de pensamiento en Occidente, el terrorismo, la barbarie y la intolerancia están estrechamente relacionados con el Islam como religión. En consecuencia, frente a los “locos fanáticos musulmanes” que “ven el progreso como un mal, la tolerancia como una debilidad y el pacifismo como un pecado”, y “el llamado al asesinato y a la destrucción”, la resistencia y la lucha implacable se oponen dentro de una “larga IV Guerra Mundial”[5], similar a aquellas libradas por el “mundo libre” contra el fascismo y el nazismo durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial, y contra el comunismo durante la tercera guerra mundial, presumiblemente terminada con el fin de la guerra fría en 1989.

Nada parece hacer cambiar la certeza de los defensores de este “pensamiento dominante” a menudo descrito como neoconservador, principalmente transmitido por los think tanks occidentales e israelíes, y retransmitido por sus poderosos medios de comunicación. Y sería inútil recordarles, por ejemplo, que en ausencia de una convención internacional amplia sobre el terrorismo, resultado de la falta de una definición por consenso que debe distinguirse de la lucha legítima de los pueblos por la libre determinación y que debería incluir “terrorismo de Estado”, los Estados árabes y musulmanes han desarrollado sus propios instrumentos jurídicos dentro de sus grupos regionales: En los años noventa un país como Argelia luchó solo contra el terrorismo (ante un sospechoso silencio internacional) que le costó más de 200.000 muertes y pérdidas económicas estimadas en más de 30.000 millones de dólares; el 95% de las vidas perdidas por la “barbaridad terrorista” se encuentran entre los musulmanes[6]; las más altas autoridades oficiales del Islam han condenado sin apelación tanto la ideología como las acciones de los grupos terroristas; Y la abrumadora mayoría de las poblaciones musulmanas rechaza el terrorismo en todas sus formas y manifestaciones, como lo confirman las estadísticas proporcionadas por los propios institutos y agencias occidentales.

En su tiempo, Julien Benda denunció la “traición del clero”. Más recientemente, Pascal Boniface pinta a los “falsificadores intelectuales” que tienen una gran responsabilidad en “el lugar ocupado por las mentiras en el debate público”. Él apunta en particular a aquellos que tienden a equiparar Islam y terrorismo, refiriéndose al “fascislamismo” y contribuyendo a nutrir un enfoque neoconservador que prospera en Occidente desde los ataques del 11-S. Ya hemos abordado este enfoque del Islam como un “espantapájaros” movilizador y unificador en Occidente[7]. Hemos mencionado “un peligroso cambio semántico que observamos constantemente desde la caída del Muro de Berlín: de las acciones de  “contra-terrorismo”, saltamos a la guerra contra el “terrorismo islámico” y luego a la lucha contra el “extremismo islámico” e inevitablemente, hemos planteado la siguiente pregunta: “¿Vamos a abandonar pronto los adjetivos superfluos y los eufemismos hipócritas para reclamar abiertamente la guerra contra el Islam mismo?”. Desde entonces, el tiempo y los acontecimientos parecen habernos dado la razón.

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Main areas affected by terrorism (1970-2015). Source: START

Responsabilidad de Occidente por el terrorismo transnacional

Algunas personas creen que el islamismo radical y el yihadismo no son una “creación” exclusiva de Occidente. Pensar de otra manera, argumentan, sería sobrestimar la influencia occidental en áreas donde muchos otros factores locales e internacionales han contribuido a su desarrollo durante un largo período de tiempo. Esto es claramente cierto, así como el hecho de que ciertas políticas equivocadas llevadas a cabo por las potencias occidentales, en particular por los países anglosajones, han contribuido en gran medida a la aparición y expansión de estos fenómenos, especialmente desde los acontecimientos icónicos del 11-S y sus desastrosas consecuencias: las expediciones militares afganas e iraquíes.

El papel de Gran Bretaña

Esta opinión es compartida por Mark Curtis, quien documentó en un libro[8] la convivencia del Reino Unido con el islamismo desde el siglo pasado. Basado en documentación confiable y archivos del gobierno, presenta un aspecto de la política exterior británica que ha permanecido curiosamente ignorada o deliberadamente oculta por los medios de comunicación.

Esta conciliación, dice, tiene “una larga historia que ha contribuido no sólo al surgimiento del islamismo radical sino también al del terrorismo internacional, que la nueva estrategia de seguridad nacional del Gobierno del Reino Unido ha considerado como la mayor amenaza para el país”, y que el oficial de mayor rango del ejército británico ha identificado como “la lucha de nuestra generación, tal vez nuestra guerra de los treinta años”. Curtis dice que la cuota de responsabilidad de Londres en el surgimiento de la amenaza terrorista va mucho más allá del impacto que han tenido en algunas personas sus guerras en Afganistán e Irak. El hecho más importante de esta historia es, según él, que los sucesivos gobiernos laboristas y conservadores, durante décadas, han convivido con las fuerzas islámicas radicales, incluidas las organizaciones terroristas. A veces, los han formado y financiado para promover objetivos específicos de política exterior, con el fin de preservar desesperadamente lo que quedaba del poder y la influencia británica en el ámbito internacional, principalmente en áreas consideradas sensibles, pero donde ya no era posible imponer su voluntad e intereses unilateralmente o apoyados en otros aliados locales.

El papel de los Estados Unidos de América

En su libro[9] publicado en 2005, Robert Dreyfuss documenta meticulosamente el papel estadounidense en este “Juego del Diablo”. Basándose en investigaciones de los archivos y entrevistas con políticos y funcionarios de la CIA, el Pentágono y el Departamento de Estado, analiza las consecuencias de “sesenta años de esfuerzos equivocados” por parte de los Estados Unidos para dominar el medio económico y estratégicamente vital del Medio Oriente. Dreyfuss sostiene que la alianza histórica de Estados Unidos con la derecha islámica es en gran parte responsable del surgimiento del terrorismo islamista. Concluye diciendo que “lejos de promover la democracia y la seguridad”, esta política que continúa hasta nuestros días, “garantiza un futuro de errores y retrocesos”.Robert F. Kennedy Jr., sobrino del difunto Presidente de los Estados Unidos J.F. Kennedy, también consideró la larga historia de las intervenciones violentas de su país en la región. Explica en un largo artículo[10] en la revista “Político” por qué debemos mirar más allá de las convenientes explicaciones de la religión y la ideología y examinar en su lugar las razones más complejas de la historia y el petróleo y “cómo a menudo culpan a nuestro país”.

También describe cómo en las últimas siete décadas, los hermanos Dulles, la pandilla de Cheney, los neoconservadores y sus seguidores han secuestrado ese principio fundamental del idealismo americano y desplegado nuestros aparatos militares e inteligencia en servicio de los intereses mercantiles de las grandes corporaciones y particularmente, las compañías petroleras y los contratistas militares que literalmente han producido una matanza por estos conflictos”.Además, un artículo de la Foreign Policy Journal[11] nos dice que la Casa Blanca tomó la decisión de apoyar a los yihadistas radicales armados en Siria (que más tarde surgirían como ISIL y Jabhat Al-Nusra) a pesar de las advertencias de las agencias de inteligencia, previendo la llegada del Estado islámico. Esta asombrosa información fue confirmada, para sorpresa de todos, por el ex jefe de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA), el teniente general Michael Flynn después de su dimisión en abril de 2014, quien anteriormente era el Director de Información del Centro de Comando de las Operaciones Especiales donde tenía la misión principal de cazar a Osama Bin Laden y desmantelar Al-Qaeda.

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US security company which operated in Iraq and was sentenced due to the 2007’s masacre in Baghdad.

Cabe señalar que esta información y otras revelaciones relacionadas han sido reportadas en una película documental[12] emitida por el canal ARTE-TV, que explica cómo, desde Bush hasta Obama, América ha dejado prosperar el terror ciego. En esta película, los ex miembros de la comunidad de inteligencia, representantes de las fuerzas estadounidenses en Irak, el ex Secretario de Estado Colin Powell y expertos en terrorismo rastrean, con pruebas y archivos de apoyo, los trece años de “la guerra perdida contra el terror”.

Por último, pero no por ello menos importante, durante la campaña presidencial de 2016, el candidato del Partido Republicano, Donald Trump, dijo[13] que se refería exactamente a lo que había declarado anteriormente en Florida, cuando llamó al presidente Barack Obama como el “fundador de ISIS” y cuando el presentador conservador Hugh Hewitt trató de aclarar esta posición de Trump diciendo que él entendía que lo que él quería decir así: “que Obama creó el vacío, perdió la paz”, D. Trump objetó declarando: “No, él es el fundador de ISIS, fue el jugador más valioso. Le doy el premio al jugador más valioso y también se lo doy, por cierto, a Hillary Clinton”.

El papel de Francia

En su último libro[14], el filósofo francés Michel Onfray afirma que el “terrorismo islámico” fue parcialmente creado por el belicoso Occidente. Denunciando lo que él llama las “guerras coloniales contemporáneas” conducidas por algunos países occidentales incluyendo Francia, él discute que los regímenes islámicos solamente comenzaron a amenazar a Occidente, una vez y solamente una vez, que éste los había amenazado de hecho por la fuerza brutal. Por su parte, Pierre Conesa, ex alto funcionario del Ministerio de Defensa, dijo[15] que su país “está pagando un alto precio por una guerra que no es suya”. Con respecto a esto, cita el ejemplo de la intervención en Libia, donde Francia “hizo por su cuenta lo que Bush hizo en Irak, destruyendo un régimen y dejando atrás el caos que no tiene capacidad de manejar”. En Siria, especialmente durante la época en que Laurent Fabius era jefe del Quai d’Orsay, esta dudosa política intervencionista dio como resultado el apoyo total a los rebeldes que luchaban contra el régimen de Al-Assad. Creyendo que la salida de este último “era sólo una cuestión de semanas”, Fabius dijo en agosto de 2012 que “Bashar Al-Assad no merecería estar en la Tierra” y en diciembre del mismo año, al reaccionar ante la decisión de Washington de colocar a Jabhat Al-Nusra en su lista de organizaciones terroristas, declaró: “Todos los árabes están ferozmente en contra de la posición americana porque, sobre el terreno, Al-Nusra hace un buen trabajo”[16].

En conclusión

Queremos invitar al público a reflexionar sobre la sabiduría de un pensador quien una vez dijo que en el pasado se fabricaban armas para librar guerras, pero hoy las guerras se fabrican para vender armas. Pero, lamentablemente, hay que reconocer que la retórica sobre el “choque de civilizaciones”, repetida incansablemente por algunos desde el final de la guerra fría y la subsiguiente desaparición del “enemigo indispensable”, parece haber alcanzado el objetivo asignado a ella, principalmente por aquellos que se benefician y promueven c la perpetuación de los conflictos en todo el mundo. Esta retórica ha producido así, un peligroso “choque de fundamentalismos”, que está actualizando los términos de “venganza de Dios”, “Cruzadas” y “Jihad”, y añadiendo otros nuevos como “islamofascismo”.

La consecuencia de este dramático giro de acontecimientos se ilustra sobre el terreno investigado y obtenido de la confrontación, por un “choque de barbaridades”. En la creciente agitación internacional de hoy, nadie debe permanecer ciego ante el hecho de que el mayor peligro asociado con este cambio es que desde el fin de la segunda guerra mundial, el mundo ha entrado en la era de la “arma suprema” -la bomba atómica- y otras armas de destrucción masiva y que los extremistas de todas las partes prometen y fomentan fervientemente una “guerra cósmica” para “el triunfo del bien sobre el mal”. Para algunos de ellos, es una guerra religiosa, la última guerra antes del Apocalipsis o el fin del mundo, cuyo teatro de operaciones una parte establece en “Armagedón” y la otra en “Dabiq”, ambos lugares situados en el Levante, que comprende Siria que está siendo hoy puesto entre el fuego. ¿No es una locura creer que nuestro mundo civilizado no es capaz de encontrar un camino que no sea el que conduce a la destrucción mutuamente acordada?


Convinced that terrorism, in all its forms and manifestations, committed by whomever, wherever and for whatever purposes, is unacceptable and unjustifiable, member States of the United Nations were finally able to adopt, on September 8, 2006, a common approach within the framework of the “United Nations global counter-terrorism strategy ». But, ten years later, the “international community” has yet to agree on a consensus definition of the common enemy, which continues to grow and expand, thus inflicting devastation and untold misery, mainly to the States and the peoples of the Arab and Muslim world.

However, in a bitter irony, and in total defiance of established historical truths, these very victims and their majority religion -Islam- are accused by some of the crime of sponsoring transnational terrorism, hence jeopardizing international peace and security.

But who is really to be held liable for the birth and expansion of the phenomenon of violence in modern times, against the consequences of which a number of visionary thinkers like Malek Bennabi and Eric E. Hobsbawm had yet forewarned the world a century ago already?

The opinions exposed in this paper on this burning topic aren’t expressed by Muslim officials or thinkers. They are those of Westerners, at different levels of authority and moral and political responsibility, representing the obverse and the reverse of the terrorism medal, and pointing out the historical responsibility of some Western governments They are representative of a “politically incorrect” voice whose echo is barely audible in the middle of the media tumult skillfully orchestrated by the new “self-righteous”.

Terrorism, Islam and treason of the clerks

Recently, magistrate Vincent Sizaire, author of the book titled “L’Imposture sécuritaire”, explained[2] that the characterization of terrorism is more about political calculation than legal hermeneutics, since it is necessarily the result of a process of balance of power and political assessment, at the end of which the powers to be tend to apply it in a more or less discretionary manner to a particular criminal rather than another. Sizaire highlights how it is problematic, today, to use the same term to refer to activities undertaken by fanatical and obscurantist groups, and to actions of political opponents of authoritarian regimes.

Therefore, there can obviously be no question for the need to put forward a new definition of this concept, one less equivocal. Indeed, it should be pointed out that, to date, no one definition of terrorism has gained universal acceptance. Alex Schmid and Albert Jongman identify 109 different definitions[3]. The United Nations still can’t find an agreed upon definition among its member States since December 17, 1996, date of adoption by the General Assembly of resolution 51/210, by which it was decided to create a special Committee to develop a comprehensive convention on international terrorism. It’s so controversial a debate that, according to Oliver Libaw, even in the United States -where the “Global War on Terror” was launched in 2001- “it turns out that no one is all that sure just what ‘terrorism’ is”[4].

Thus, the future still looks bright for the famous and often-cited claim that “one man’s terrorist is another man’s freedom fighter”[5]. Never mind! For one school of thought in the West, terrorism, barbarity and intolerance are consubstantial to Islam as a religion. Consequently, in the face of the “crazy Muslim zealots” who “see progress as an evil, tolerance as a weakness and pacifism as a sin”, and “call for murder and destruction”, resistance and relentless struggle are to be opposed within a “long Fourth World War”[6], akin to those waged by the “Free World” against fascism and nazism during the First and Second World Wars, and against communism during the third world war, presumably completed with the end of the cold war in 1989.

Nothing seems to shake the certainties of the proponents of this “dominant thought” often described as neoconservative, mainly conveyed by Western and Israeli think tanks, and relayed by their powerful mainstream media. And it would be pointless to remind them, for instance, that in the absence of a comprehensive international convention on terrorism-a result of the lack of a consensus definition that should be distinguished from the legitimate struggle of peoples for self-determination and which should include “State terrorism”- Arab and Muslim States have developed their own legal instruments within their regional groups; that in the 1990s, a country like Algeria fought alone against terrorism -before a suspicious international silence- that cost her more than 200,000 deaths and economic losses estimated at more than $ 30 billion; that 95% of lives lost to “terrorist barbarity” are to be found among Muslims[7]; that the highest official authorities of Islam have condemned without appeal both the ideology and actions of terrorist groups; and that the overwhelming majority of Muslim populations reject terrorism in all its forms and manifestations, as confirmed by statistics provided by Western survey institutes and agencies themselves.

In his time, Julien Benda denounced the “betrayal of the clerks”. More recently, Pascal Boniface pin the “intellectual counterfeiters” who bear a heavy responsibility in “the place occupied by lies in the public debate”. He targets in particular those who tend to equate Islam and terrorism by referring to “fascislamism” and contribute to nurture a neoconservative approach that thrives in the West since the 9/11 attacks.

We have already addressed this issue of Islam as a mobilizing and unifying scarecrow in the West[8]. We have reported “a dangerous semantic shift that we constantly observe since the fall of the Berlin Wall: from ‘counter-terrorism’ actions, we jumped to war against ‘Islamic terrorism’, and then to the fight against ‘Islamic extremism’ “. And we have, inevitably, raised the following question: “Are we soon going to abandon superfluous adjectives and hypocritical euphemisms to openly claim the war against Islam itself ?”. Since then, time and events seem to have proved us right…

Responsibility of the West regarding transnational terrorism

Some people believe that radical Islamism and jihadism are not an exclusive “creation” of the West. To think otherwise, they argue, would be to overestimate the Western influence in areas where many other local and international factors have contributed to their development over a long period of time. That is certainly right, and so is the fact that certain misguided policies pursued by Western powers, particularly by Anglo-Saxon countries, have greatly contributed to the emergence and expansion of these phenomena, especially since the iconic events of 9/11 and their disastrous ‘by-products’: the Afghan and Iraqi military expeditions.

Britain’s role

This view is shared by Mark Curtis, who documented in a book[9] the collusion of the United Kingdom with Islamism since the last century. Based on reliable documentation and government archives, he dissects an aspect of British foreign policy, which has remained curiously ignored or deliberately obscured by the mainstream media. This collusion, he says, has “a long history which has contributed not only to the rise of radical Islam itself, but also to that of international terrorism, which the new strategy of national security of the UK Government has designated as the biggest threat to the country”, and that the highest ranking officer of the British army has identified as “the fight of our generation, maybe our Thirty Years’ War”.

Curtis says that the share of responsibility of London in the emergence of the terrorist threat goes well beyond the impact its wars in Afghanistan and Iraq have had on a few individuals. The most important fact in this story is, according to him, that the successive labour and conservative governments have, for decades, connived with radical Islamic forces, including terrorist organizations. They have, sometimes, trained and financed them in order to promote specific foreign policy objectives, with a view to desperately preserving what was left of British power and influence internationally, mainly in areas considered as sensitive but where it was no longer possible to impose their will and interests unilaterally or by relying on other local allies.

The role of the United States of America

In his book[10] published in 2005, Robert Dreyfuss meticulously documents the American role in this “Devil’s Game”. Drawing on archival research and interviews with policymakers and officials of the CIA, the Pentagon and the State Department, he analyzes the consequences of “sixty years of misguided efforts” on the part of the United States in order to dominate the economically and strategically vital Middle East region. Dreyfuss argues that America’s historic alliance with the Islamic right is greatly to blame for the emergence of Islamist terrorism. He concludes by stating that “far from promoting democracy and security”, this policy, which continues to this day, “ensures a future of blunders and blowback”.

Robert F. Kennedy Jr., nephew of the late U.S. President J.F. Kennedy, also considered the long history of the violent interventions of his country in the region. He explains in a long article[11] in “Politico” magazine why we should look beyond convenient explanations of religion and ideology and examine instead the more complex rationales of history and oil “and how they often point the finger of blame back at our own shores”. He also describes how “over the past seven decades, the Dulles brothers, the Cheney gang, the neocons and their ilk have hijacked that fundamental principle of American idealism and deployed our military and intelligence apparatus to serve the mercantile interests of large corporations and particularly, the petroleum companies and military contractors that have literally made a killing from these conflicts”.

Moreover, a Foreign Policy Journal article[12] tells us that the White House had made the decision to support the armed radical Jihadists in Syria (that would later emerge as ISIL and Jabhat Al-Nusra) despite the warnings of the intelligence agencies, which provided for the advent of the Islamic State. This amazing information was confirmed by former head of the Defense Intelligence Agency (DIA), Lieutenant General Michael Flynn –after he resigned from his post in April 2014, much to everyone’s surprise- who was previously the Director of information for the Center of command of special operations and, in that capacity, had the main mission to hunt down Usama Bin Laden and dismantle Al-Qaeda.

It is worth noting that this piece of information and other related revelations have been reported in a documentary film[13] broadcast by ARTE-TV channel, which explains “how, from Bush to Obama, America has left prosper the blind terror that Daesh took over”. In this film, former members of the intelligence community, representatives of U.S. forces in Iraq, former Secretary of State Colin Powell and terrorism experts trace, with supporting evidence and archives, the thirteen years of “the lost war on terror”.

Last but not least, during the 2016 presidential campaign, the GOP nominee, Donald Trump, said[14] that he meant exactly what he had declared previously in Florida, when he called President Barack Obama the “founder of ISIS”. And when the conservative radio show host, Hugh Hewitt, tried to clarify Trump’s position by saying he understood him to mean “that he (Obama) created the vacuum, he lost the peace”, D. Trump objected, declaring “No, I meant he’s the founder of ISIS. I do. He was the most valuable player. I give him the most valuable player award. I give her, too, by the way, Hillary Clinton”.

France’s role

In his latest book[15], French philosopher Michel Onfray states that “terrorist Islam” was partially created by the bellicose West. Denouncing what he calls “contemporary colonial wars” conducted by some Western countries including France, he argues that Islamic regimes only started to threaten the West once, and only once the latter had indeed threatened them by brutal force.

For his part, Pierre Conesa, former senior official in the Ministry of defense, said[16] that his country “is paying a high price for a war that is not its own”. In this regard, he cites the example of the intervention in Libya where France has “done on its own account what Bush did in Iraq, which is destroying a regime and leaving behind chaos it has no ability to manage”.

In Syria, especially during the period when Laurent Fabius was the head of the Quai d’Orsay, this dubious interventionist policy resulted in total support to the rebels fighting against Al-Assad regime. Believing that the departure of the latter “is only a matter of weeks”, Fabius said in August 2012 “Bashar Al-Assad would not deserve to be on Earth”. And in December of the same year, reacting to Washington’s decision to place Jabhat Al-Nusra on its list of terrorist organizations, he declared: “All Arabs were fiercely against” the American position “because, on the ground, they (the elements of Al-Nusra) do a good job”[17].

In conclusion, we would like to invite the public to ponder the wisdom of a thinker who once said that in the past weapons were manufactured to wage wars, but today wars are manufactured to sell weapons.

Yet unfortunately, it has to be recognized that the rhetoric on the “clash of civilizations”, constantly and tirelessly repeated by some since the end of the cold war and the subsequent disappearance of the “indispensable enemy”, seems to have achieved the objective assigned to it, chiefly by those who benefit from and pull the strings of the perpetuation of conflicts all over the world. This rhetoric has thus produced a dangerous “clash of fundamentalisms’, which is updating the notions of “revenge of God”, “Crusades” and “Jihad”, and adding new ones such as “islamofascism”. The consequence of this dramatic turn of events is illustrated, on the sought and obtained ground of confrontation, by a “clash of barbarities”.

In today’s increasing international turmoil, nobody should be blind to the fact that the biggest danger associated with this change is that since the end of the second world war, the world has entered the age of the “supreme weapon” –the atomic bomb- and other weapons of mass destruction, and that extremists on all sides are promising and fervently promoting a “Cosmic War” for “the triumph of Good over Evil”. For some of them, it is a religious war, the ultimate war prior to the Apocalypse or the end of the world, whose theatre of operations one party sets in “Armageddon” and the other in “Dabiq”, both places situated in the Levant, comprising Syria which is being today put to fire and sword…

Isn’t it insane to believe that our civilized world is unable to find a path other than the one leading toward Mutually Agreed Destruction?

Amir Nour

Notas:

[1] En Le MONDE Diplomatique, “Une notion piégée: quand parle de terrorisme?” (Una noción difícil: ¿Cuándo hablar del terrorismo?), Agosto de 2016/ In Le MONDE Diplomatique, “Une notion piégée: quand parler de terrorisme ?” (A Tricky notion: When to talk about terrorism?), August 2016.

[2] A. Schmid y A. Jongman, “Terrorismo político”, 1988/ A. Schmid & A. Jongman, “Political Terrorism“, 1988.

[3] O. Libaw, “¿Cómo se define el terrorismo?”, ABC News Network, 11 de octubre de 2015/ O. Libaw, “How Do You Define Terrorism ?“, ABC News Network, October 11, 2015

[4] C. Friedersdorf, “¿Es el terrorista de un hombre otro luchador de la libertad del hombre?”, El Atlántico, 16 de mayo de 2012/ C. Friedersdorf, “Is One Man’s Terrorist Another Man’s Freedom Fighter?”, The Atlantic, May 16, 2012.

[5] Norman Podhoretz, “La IV Guerra Mundial: La larga lucha contra el islamofascismo”, Doubleday, 2007/ Norman Podhoretz, “World War IV: The Long Struggle Against Islamofascism”, Doubleday, 2007.

[6] El informe del Global Terrorism Index de 2015 muestra que los ataques terroristas se concentran en sólo cinco países con una mayoría musulmana: Afganistán, Iraq, Nigeria, Pakistán y Siria, que suman el 78% de todas las muertes y el 57% de todos los ataques; Occidente está notablemente a salvo del terrorismo, ya que el 2,6% de muertes terroristas ocurrieron allí desde comienzos del siglo XXI (excluyendo las 3,000 muertes a partir del 11 de septiembre de 2001, esta proporción cae al 0,5%)/ 2015 Global Terrorism Index report shows that terrorist attacks are concentrated in just five countries with a Muslim majority: Afghanistan, Iraq, Nigeria, Pakistan and Syria, totalling 78% of all deaths and 57% of all attacks; the West is remarkably safe from terrorism as 2.6% ‘only’ of terrorist deaths occurred there since the beginning of the 21st century (excluding the 3,000 deaths from September 11, 2001, this proportion falls to 0.5%).

[7] En nuestro libro “L’Orient et l’Occident …”, op. Cit/ In our book “L’Orient et l’Occident…”, op. cit.

[9] M. Curtis, “Asuntos secretos: La colusión de Gran Bretaña con el Islam Radical”, Serpent’s Tail, 2010/ M. Curtis, “Secret Affairs: Britain’s Collusion With Radical Islam“, Serpent’s Tail, 2010.

[10] 10. R. Dreyfuss, “El juego del diablo: cómo Estados Unidos ayudó a desencadenar el islam fundamentalista”, Metropolitan Books, 2005/ R. Dreyfuss, “Devil’s Game: How The United States Helped Unleash Fundamentalist Islam“, Metropolitan Books, 2005.

[11] http://www.politico.eu/article/why-the-arabs-dont-want-us-in-syria-mideast-conflict-oil-intervention/

[12] B. Hoff, “El levantamiento del Estado islámico fue una decisión voluntaria”, 7 de agosto de 2015/ B. Hoff, “Rise of Islamic State Was a Willful Decision“, 7 August 2015.

[13] Titulado “Du 11 septembre au Califat: la historia secrète de Daesh” (Del 9/11 al Califato: La Historia Secreta de ISIS), 30 de agosto de 2016/ Titled “Du 11 septembre au Califat: l’histoire secrète de Daesh” (From 9/11 to the Caliphate: The Secret History of ISIS), August 30, 2016.

[14] M. Onfray, Penser l’Islam, ediciones Bernard Grasset, París, 2016/ Tal Kopan, “Donald Trump: I meant that Obama founded ISIS, literally”, CNN, August 12, 2016.

[15] Ver: “Los atentados son la consecuencia logica de los bombardeos”, Le Temps, 16 de julio de 2016/ See: “Les attentats sont la suite logique des bombardements” (Attacks are the logical result of the bombings”, Le Temps, July 16, 2016.

[16] Véase la investigación de B. Collombat y J. Monin: “Daesh: Autopsie d’un monstre” (ISIS: Autopsia de un monstruo), 20 de noviembre de 2015/ See B. Collombat and J. Monin’s investigation: “Daesh: Autopsie d’un monstre” (ISIS: Autopsy of a Monster), November 20, 2015.

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