LA RELACIÓN ESTADOS UNIDOS-ARABIA SAUDÍ, ¿NUEVA POLÍTICA NORTEAMERICANA O ESTRATEGIA SAUDÍ?/ The relationship of United States and Saudi Arabia new American foreign policy or Saudi strategy?

1-265El pasado 20 de mayo el presidente estadounidense, Donald Trump, llegaba a Arabia Saudí a realizar la que sería su primera visita oficial al país aliado. A pesar de los continuos ataques que el Presidente realizó durante su campaña electoral contra la corona saudí, acusándola incluso de estar detrás de los atentados que el 11 de Septiembre de 2001 golpearon a Estados Unidos y al resto de Occidente, Donald Trump utilizó Riad como el punto de partida de su “gira” internacional.

La visita al país del Rey Salmán vino acompañada del anuncio de la creación de una alianza político- militar formada por Estados Unidos y los países miembros del Consejo de Cooperación del Golfo, así como otros países musulmanes de gobierno sunní. En el encuentro, también se llegó a acuerdos de negocio y, principalmente, se marcó una clara hoja de ruta que determina el devenir de la política exterior estadounidense.

En definitiva, entre las implicaciones de la visita oficial del presidente de Estados Unidos a Arabia Saudí destacan las siguientes.

  • La implicación más populista y directa sacada del análisis de la visita es el apaciguamiento que supone para la comunidad musulmana este acercamiento del presidente Trump. En el contexto de lucha internacional contra el extremismo islámico, en cuyo discurso ha incluido el presidente en numerosas ocasiones al conjunto de la población musulmana, la visita a Arabia Saudí de Trump puede verse para la comunidad que abraza el Islam como una forma de demostrar su tolerancia y, por ende, la tolerancia de Estados Unidos.
  • El posicionamiento estratégico a favor de Arabia Saudí en el contexto bélico de oriente en el que la verdadera lucha por el poder se reduce a la competencia entre las comunidades sunní y chií deja fuera a Irán en el panorama de alianzas con Occidente. Si bien Europa podría tomar parte en el conflicto a favor del líder chií por excelencia, el posicionamiento estadounidense siempre ha abanderado la hoja de ruta occidental.

 Ya en Yemen, Estados Unidos ha demostrado su apoyo a la comunidad sunní, al luchar junto con Arabia Saudí y otros grupos insurgentes armados contra la facción chií de los huthies. No es baladí la relación que mantiene Estados Unidos con Israel para comprender esta aproximación a los estados predominantemente sunnís, en detrimento de Irán o Líbano, enemigos declarados del estado judío. Para ello también ha tenido Estados Unidos que paralizar el cambio de embajada que, tal y como defendió el presidente, iba a realizarse durante su mandato a Jerusalén. Arabia Saudí y, por ende, la comunidad árabe, aceptaría la amistad israelo- americana, pero no permitiría la irrisoria mudanza, en detrimento del gobierno árabe palestino.

  • El ámbito económico también ha estado presente en la visita oficial. Donald Trump y el Rey Salman ha firmado un acuerdo armamentístico a partir del cual se ha contratado, por un importe de 110.000 millones de dólares, el envío de aviones, barcos, bombas guiadas de alta precisión y un sistema de radas diseñado para derribar misiles. Para justificar Donald Trump este acuerdo[1] el presidente ha recurrido a la fómula “Make America Great Again”, alegando la importancia del acuerdo para el desarrollo económico de Estados Unidos así como para la creación de puestos de trabajo.

 Pero, para Estados Unidos, este acuerdo armamentístico podría garantizar la seguridad del frente americano en los conflictos bélicos de oriente en los que participa. Vender armamento a Arabia Saudí podría ser su salvaguarda para evitar que ese armamento fuera utilizado en su contra. En este sentido, cabe resaltar la participación estadounidense en Irak, estado en el que se encuentra desplegada la Operación Inherent Resolve para la lucha contra el terrorismo. Irak sirve de estado tapón para evitar la confrontación directa entre Arabia Saudí e Irán. Posicionarse a favor de Estados Unidos en Irak, teniendo en cuenta la más que posible resolución del conflicto a medio plazo en manos de la Coalición Internacional, garantizaría a Arabia Saudí un papel determinante en el devenir político de Irak, que en los últimos años ha estado gobernado por chiíes, y que cuenta con mayor influencia directa de Irán entre su población.

 Desde el punto de vista también económico, no se debe obviar que la visita de Donald Trump se produjo días antes de la reunión de la OPEP. El anuncio que realizó Donald Trump sobre su intención de poner en venta la mitad de las reservas estratégicas de petróleo provocó que días después la OPEP mantuviera los recortes sobre la producción del crudo, además de situar a Estados Unidos como un nuevo actor activo en la lucha por la hegemonía petrolera.  En este sentido, tener a Estados Unidos como aliado para Arabia Saudí, aunque sea al margen de la OPEP, garantizaría de nuevo la hegemonía, también petrolera, de Arabia Saudí frente a la facción chií encabezada por Irán.

Pese a que podría parecer que Donald Trump pretende guiar la política exterior estadounidense a partir de las nuevas relaciones con los países sunnís, el análisis muestra que es Arabia Saudí quien, guiándose por sus intereses de contrarrestar el poder de Irán y asegurar su hegemonía regional y con respecto a la comunidad musulmana global, ha aprovechado el interés del presidente americano de distanciarse de sus aliados tradicionales europeos para sacar partida de unos Estados Unidos que, tras el nuevo gobierno, aún no han establecido los objetivos que guíen su hoja de ruta en política exterior.

“Esta administración tiene una visión que encaja en la visión del reino sobre el papel de EEUU en el mundo, la erradicación del terrorismo, la confrontación con Irán, la reconstrucción de las relaciones con aliados tradicionales y el comercio y las inversiones” Adel al Jubeir, Ministro de Asuntos Exteriores de Arabia Saudí.

[1] Se recuerda que Donald Trump acusó al ex presidente Obama, en el año 2016, de haber financiado al terrorismo islámico por mantener la venta de armas con Arabia Saudí y otros países árabes.


1200x-1 (9)_0On May 20th, US President Donald Trump arrived to Saudi Arabia to make his first official visit in the allied country. Despite attacks that the President made during his election campaign against the Saudi crown, accusing him of even being behind the attacks that struck the United States and the rest of the West on September 11th, 2001, Donald Trump used the city of Riyadh as the start point of his international “tour”.

During the visit to King Salman, the President announced the creation of a political-military alliance, which are going to be formed by the United States and the countries of the Gulf Cooperation Council, as well as other Muslim countries of Sunni government. At the meeting, also reached business agreements and, mainly, marked a clear roadmap that determines the future of US foreign policy.

The implications of the official visit of the President of the United States to Saudi Arabia are the following.

  • The most populist and direct implication of the analysis of the visit is the appeasement of this approach between President Trump and the Muslim community. In the context of the international struggle against Islamic extremism, in which the president has repeatedly included the Muslim population as a whole, Trump’s visit to Saudi Arabia can be seen for the community that embraces Islam as a way of demonstrating its Tolerance and, therefore, the tolerance of the United States.
  • The strategic positioning in favor of Saudi Arabia in the Eastern military context in which the real struggle for power is reduced to competition between the Sunni and Shiite communities leaves Iran out of the alliance with the West. While Europe could take part in the conflict in favor of the quintessential Shiite leader, US positioning has always been on the Western road map.

Already in Yemen, the United States has demonstrated its support for the Sunni community. USA are fighting alongside Saudi Arabia and other armed insurgent groups against the Shiite faction of the Houthis.

The relation between the United States and Israel to understand this approach to predominantly Sunni states, to detriment of Iran or Lebanon, declared enemies of the Jewish state is not trivial. To this end, the United States has also had to halt the change of embassy that, as the president defended, was to take place during his term to Jerusalem. Saudi Arabia and the Arab community, would accept Israeli-American friendship, but would not allow the derisory move, to the detriment of the Palestinian Arab government.

  • The economic area has also been present during the official visit. Donald Trump and King Salman have signed an arms deal, which has contracted $ 110 billion for the shipment of aircraft, ships, high precision guided bombs and a roadside bomb designed to shoot down missiles. To justify Donald Trump this agreement the president has resorted to the formula “Make America Great Again”, alleging the importance of the agreement for the economic development of the United States as well as for the creation of jobs.

Nevertheless, for the United States, this arms deal could guarantee the security of the American front in the war conflicts of the East in which it participates. Selling armaments to Saudi Arabia could be your safeguard to prevent that weapon could be used against itself. In this sense, it is worth noting the American participation in Iraq, where Operation Inherent Resolve is deployed for the fight against terrorism. Iraq serves as a buffer state to avoid direct confrontation between Saudi Arabia and Iran. Positioning for the United States in Iraq, taking into account the more than possible resolution of the medium-term conflict in the hands of the International Coalition, would guarantee to Saudi Arabia a decisive role in the political future of Iraq, which in recent years has been Governed by Shiites, and which has more direct influence of Iran among its population.

From an economic point of view, it should not be forgotten that Donald Trump’s visit came just days before the OPEC meeting. Donald Trump’s announcement of his intention to sell half of the strategic oil reserves led OPEC to cut oil production shortly afterwards, as well as positioning the United States as a new active player in the struggle for oil hegemony. In this sense, to have the United States as an ally for Saudi Arabia, albeit on the margins of OPEC, would once again guarantee the Saudi-dominated hegemony of Saudi Arabia vis-a-vis the Iran-led Shiite faction.

Although Donald Trump might appear to be guiding US foreign policy out of new relations with the Sunni countries, analysis does not show the same. Saudi Arabia is who, guided by their interests to counter Iran’s power and to secure its regional hegemony has taken advantage of the American president’s interest in distancing himself from his traditional European allies in order to get rid of a United States that, after the new government, has not yet set the goals that guide its policy roadmap Exterior.

“This administration has a vision that fits the kingdom’s vision of the role of the United States in the world, the eradication of terrorism, confrontation with Iran, the reconstruction of relations with traditional allies, and trade and investment.” Adel al Jubeir, Minister of Foreign Affairs of Saudi Arabia.

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