GAZA E ISRAEL: TENSIÓN PERMANENTE/ Gaza and Israel, permanent tension

Cuando comenzaron las protestas palestinas en la frontera de Gaza, convocadas por la inauguración de la embajada estadounidense en Jerusalén, pocos hubieran pensado que las revueltas llegarían hasta el día de hoy.

Pero, después de diez semanas de protestas palestinas ante las tropas israelíes en la frontera de Gaza, Israel sopesa dar su apoyo a un plan impulsado por la ONU para paliar la penuria económica del enclave y contribuir a reducir la tensión. Esto se debe a que el primer ministro israelí Netanyahu ha reconocido ante el periódico israelí, Haaretz, y durante su reciente gira por Europa (en la que intentará buscar apoyo para que el pacto nuclear iraní no siga adelante) que “la ola de manifestaciones que golpea la línea divisoria gazatí se debe pura y simplemente a la bancarrota de un territorio” formado por 360 kilómetros cuadrados donde se concentran casi dos millones de habitantes.

El coordinador general de Naciones Unidas para Oriente Próximo, Nicolay Maldenov, ha ideado una fórmula para que los donantes internacionales contribuyan a la financiación del plan sin mantener contacto directo con Hamas, grupo catalogado como organización terrorista por USA y la UE. Con ello, la ayuda exterior se canalizaría a través de una fundación de la ONU encargada de supervisar que no se desvíen los fondos hacia los gobernantes locales de facto. Sin embargo, Israel ha advertido que solo está dispuesto a aportar tecnología y a facilitar la entrada de los materiales necesarios.

Al margen de las acciones políticas, estas diez semanas de continuas protestas se han saldado con el balance más mortífero desde la guerra de 2014.

El origen de las manifestaciones fue la apertura de la embajada de Estados Unidos en Jerusalén justo el mismo día en el que los palestinos conmemoraron el 70 aniversario de la fundación del Estado de Israel, lo que denominan “la catástrofe”, la Nakba, y horas antes del inicio del Ramadán.

Dichas manifestaciones fueron convocadas el 30 de marzo, en primera instancia, por activistas individuales afiliados a Al-Fatah y otras organizaciones. Estas organizaron unas manifestaciones pacíficas, las cuales se llegaron a producir en la propia Jerusalén, Cisjordania y Jordania.

Sin embargo, Hamas y otras facciones aprovecharon este contexto y transformaron la ola pacifica en una protesta organizada violenta como una excusa para aumentar el conflicto con Israel.

Y, al igual que en otras ocasiones pasadas, Hamas utilizó el mismo modus operandi: convencer e incluso llegar a presionar a los manifestantes de que derrumben la valla fronteriza para que Israel responda enérgicamente. Y despreciando completamente el evidente riesgo que implica que una multitud, desarmada pero violenta, se lance en tromba contra los límites fronterizos entre dos países en estado de permanente confrontación.

Con estas respuestas del estado hebrero, Hamas quiere deteriorar la imagen de Israel a base de la difusión de fotografías de las protestas. Sin embargo, no todas estas imágenes difundidas son verdad, sino que son un montaje.

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Un ejemplo fue esta fotografía, difundida, ya no solo por las redes sociales, sino incluso a través de medios de comunicación, dando a entrever que la gente huía de los disparos, cuando, en realidad, la fotografía correspondía a un momento totalmente diferente.

Así, se advierte la estrategia de comunicación que ha puesto en marcha Hamas para ganar la batalla de la percepción en los nuevos espacios, así como la población y todos los aspectos relacionados con la opinión pública. Y, en la actualidad, parece haberla ganado.

Sin embargo, la principal motivación de los gazatíes no era el estado de Jerusalén, ni la embajada estadounidense, sino la situación humanitaria y la falta de horizonte vital y político.

Shira Efron, Investigador de políticas asociado en RAND, explica que “es difícil exagerar la gravedad de la crisis humanitaria en Gaza. Oficialmente, el desempleo es cercano al 50 por ciento, pero en la práctica, una mayor proporción de la población en edad de trabajar está desempleada o subempleada”.

“Una disminución en el número de importaciones que entran en Gaza refleja un poder adquisitivo decreciente, y hay informes de flujos de efectivo reducidos, cheques que rebotan y una tasa de incumplimiento más alta de lo habitual en los préstamos. La infraestructura se está desmoronando y la energía solo está disponible de cuatro a seis horas por día. No hay suficiente agua para beber, cocinar y bañarse, y la calidad del agua disponible es mala. Las aguas residuales no tratadas se arrojan al mar Mediterráneo, lo que plantea serias amenazas para la salud pública” comenta.

Algunos líderes de Hamas también han visto las protestas como una oportunidad para que los habitantes de Gaza se desahoguen y dirijan su ira contra Israel. Pero como el número de muertos palestinos en las protestas ha aumentado con cada semana que pasa, también lo ha hecho la consternación pública con el grupo militante.

“Hamas está realmente bajo presión. Tienen opciones muy limitadas. Están listos para comprometerse con cualquier acuerdo de seguridad “, dijo Ibrahim al-Madhoun, columnista del periódico afiliado a Hamas al-Risala. “Para aliviar el sufrimiento en Gaza y conservar el poder, Hamas estaría dispuesto incluso a detener los ataques contra Israel”.

Con todo ello, se pone de manifiesto que la solución reside en rescatar la Franja de Gaza del pozo del que lleva ahogándose durante años, y propiciar a su población de los productos básicos y dotarles, de nuevo, de la esperanza perdida.

Una solución podría ser que la Autoridad Palestina consiguiese que Al-Fatah y Hamas llegaran a un acuerdo para conseguir traer un poco de alivio, ayudar al proceso de reconstrucción y solucionar la confrontación interna palestina. Sin embargo, la AP, cuyas medidas contra Hamas han llevado a un mayor deterioro de las condiciones, ya intentó en otras ocasiones iniciar unas rondas de conversaciones y todas acabaron en fracaso debido a una cuestión muy simple: Hamas rechaza frontalmente coexistir con Israel, mientras que Fatah es capaz de imaginar un futuro con el estado hebreo.

Otra solución sería que Israel impulsara nuevas medidas económicas y políticas serias, así como el inicio de conversaciones que lleve a alcanzar una paz y el establecimiento de dos estados (el hebrero y el palestino), además de intentar convencer a Hamas de no arrastrar a todos los bandos a una guerra que ningún estado parece querer.

Esta, es la menos probable ya que, según Ahmed (nombre ficticio) un árabe israelí de Jerusalén, “tanto en Palestina como en Israel, tienen al frente de los gobiernos a fundamentalistas, los cuales no van a querer llegar ningún tipo de entendimiento”.

En cuanto a la división interna palestina, Ahmed argumenta que “a los líderes palestinos no les interesa tampoco una solución con Israel, ya que es la única forma que tienen de recibir el dinero”. “Hace años recibíamos mucho más dinero de otros países. Pero en lo último años esta financiación ha bajado, y ahora solo proviene, principalmente de Irán y Qatar” dice Ahmed.

Pero, por su parte, también hay una división a nivel interno en Israel. En los últimos años han aumentado los grupos extremistas a los que no solo no les interesa la cuestión palestina, sino que no quieren ningún tipo de paz con el “enemigo” y consideran “traidores” a todo aquel que intente iniciar un diálogo.

La compleja división política israelí se debe a la fragmentación provocada por un sistema electoral con fuerte proporcionalidad en el reparto de los 120 diputados de la Kneset (Parlamento), según el analista político Daniel Kupervaser. “Si se revisan resultados y sondeos, se aprecia la solidez de un bloque de la derecha, con 57 escaños, formado por el partido conservador Likud de Benjamín Netanyahu, y la extrema derecha de Avigdor Lieberman [actual ministro de Defensa], al que se suma el nacionalismo religioso de los colonos y los ultraortodoxos. Luego, hay un segundo bloque de fuerzas de centro, que incluye al laborismo, con 45 diputados, y, por último, un tercer grupo que suma 18 escaños, en el que están Meretz [izquierda pacifista] y los partidos árabes israelíes”.

La política extremista de Netanyahu ha hecho que Israel se aleje de aquel estado que ayudo a construir ciudades modernas y convirtió desiertos en granjas, con una sociedad democrática y libre que quería llegar a una paz negociada con los palestinos, en una potencia militar y colonial que solo cree en su fuerza.

Aunque Israel necesite dicha fuerza militar para sobrevivir y no se pueda permitir perder ninguna guerra, así como ninguna fisura (puesto que tiene a cuatro potenciales enemigos rodeándole), también tiene que lograr potenciar una verdadera paz y cerrar una herida que ansia por curarse. La mejor opción, y es la más probable, es que el movimiento laborista (al que perteneció Shimon Peres), consiga un nuevo candidato que vuelva avivar ese sentimiento de conciliación y de unión y gane las elecciones a Netanyahu del próximo año.


When the Palestinian protests on the Gaza border began, convened by the inauguration of the US embassy in Jerusalem, few would have thought that the revolts would come to this day.

But, after ten weeks of Palestinian protests against Israeli troops on the Gaza border, Israel is weighing its support for an UN-led plan to alleviate the economic hardship of the enclave and help reduce tension. This is because Israeli Prime Minister has acknowledged before the Israeli newspaper, Haaretz, and during his recent tour of Europe (in which he will try to seek support so that the Iranian nuclear pact does not go ahead) that “the wave of demonstrations that hit the gazatí dividing line is purely and simply due to the bankruptcy of a territory” formed by 360 square kilometers where almost two million inhabitants are concentrated.

The general coordinator of the United Nations for the Middle East, Nicolay Maldenov, has devised a formula for international donors to contribute to the financing of the plan without maintaining direct contact with Hamas, a group classified as a terrorist organization by the USA and the EU. With this, the foreign aid would be channeled through a UN foundation in charge of supervising that funds are not diverted to de facto local governments. However, Israel has warned that it is only willing to provide technology and facilitate the entry of necessary materials.

Apart from political actions, these ten weeks of continuous protests have resulted in the deadliest balance since the war of 2014.

The origin of the demonstrations was the opening of the United States Embassy in Jerusalem on the same day that the Palestinians commemorated the 70th anniversary of the founding of the State of Israel, what they call “the catastrophe”, the Nakba, and hours before the start of Ramadan.

The above-mentioned manifestations were summoned on March 30, in the first instance, by individual activists affiliated to Al-Fatah and other organizations. These organized a few pacific manifestations, which managed to produce in own Jerusalem, West Bank and Jordan.

However, Hamas and other factions took advantage of this context and transformed the peaceful wave into a violent organized protest as an excuse to escalate the conflict with Israel.

And, as on other past occasions, Hamas used the same modus operandi: to convince and even to put pressure on the protesters to collapse the border fence so that Israel will respond forcefully. And completely disregard the evident risk that implies that a crowd, disarmed but violent, is thrown in tromba against the border limits between two countries in a state of permanent confrontation.

With these answers from the Jewish state, Hamas wants to deteriorate the image of Israel based on the dissemination of photographs of the protests. However, not all of these broadcast images are true, but they are a montage.

An example was this photograph, diffused not only by social networks, but also through the media, giving a glimpse of people fleeing from the shooting, when, in fact, photography corresponded to a totally different moment.

Thus, we can see the communication strategy that Hamas has launched to win the battle of perception in the new spaces, as well as the population and all aspects related to public opinion. And, at present, it seems to have won it.

However, the main motivation of the Gazans was not the state of Jerusalem, nor the US embassy, but the humanitarian situation and the lack of vital and political horizon.

Shira Efron, Associate Policy Researcher at RAND, explains that “it is difficult to exaggerate the seriousness of the humanitarian crisis in Gaza. Officially, unemployment is close to 50 percent, but in practice, a greater proportion of the working-age population is unemployed or underemployed”.

A decrease in the number of imports entering Gaza reflects declining purchasing power, and there are reports of reduced cash flows, bouncing checks and a higher default rate than usual on loans. Infrastructure is falling apart, and energy is only available for four to six hours per day. There is not enough water to drink, cook and bathe, and the quality of the available water is bad. Untreated wastewater is dumped into the Mediterranean Sea, which poses serious threats to public health”- she comments.

Some Hamas leaders have also seen the protests as an opportunity for Gazans to vent and direct their anger against Israel. But as the number of Palestinian deaths in the protests has increased with each passing week, so has the public consternation with the militant group.

Hamas is really under pressure, they have very limited options, they are ready to commit to any security agreement,” said Ibrahim al-Madhoun, a columnist for the newspaper affiliated with Hamas al-Risala. “To alleviate the suffering in Gaza and retain power, Hamas would even be willing to stop the attacks against Israel.”

With all this, it is clear that the solution lies in rescuing the Gaza Strip from the well that it has been drowning for years and propitiate its population of basic products and provide them, once again, with lost hope.

One solution could be for the Palestinian Authority to get Al-Fatah and Hamas to come to an agreement in order to bring some relief, help the reconstruction process and solve the internal Palestinian confrontation. However, the PA, whose measures against Hamas have led to further deterioration of conditions, has already tried on other occasions to initiate a few rounds of talks and all ended in failure due to a very simple question: Hamas frontally rejects coexisting with Israel, while that Fatah is capable of imagining a future with the Hebrew state.

Another solution would be for Israel to push for new serious economic and political measures, as well as the start of talks that will lead to peace and the establishment of two states (the Hebrew and the Palestinian), in addition to trying to convince Hamas not to drag everyone the sides to a war that no state seems to want.

This is the least likely since, according to Ahmed (fictitious name) an Israeli Arab from Jerusalem, “both in Palestine and in Israel, they have the fundamentalists in front of the governments, which will not want to reach any kind of understanding“.

As for the internal Palestinian division, Ahmed argues that “the Palestinian leaders are not interested in a solution with Israel either, since it is the only way they have to receive the money.” “Years ago, we received much more money from other countries. But in the last few years this financing has dropped, and now it only comes, mainly from Iran and Qatar “says Ahmed.

But, on the other hand, there is also a division internally in Israel. In recent years there has been an increase in extremist groups that not only do not care about the Palestinian question, but do not want any kind of peace with the “enemy” and consider “traitors” anyone who tries to initiate a dialogue.

The complex Israeli political division is due to the fragmentation caused by an electoral system with strong proportionality in the distribution of the 120 deputies of the Knesset (Parliament), according to political analyst Daniel Kupervaser. “If results and polls are reviewed, the solidity of a block on the right, with 57 seats, formed by the conservative Likud party of Benjamin Netanyahu, and the far right of Avigdor Lieberman [current defense minister], who is adds the religious nationalism of the colonists and the ultra-Orthodox. Then, there is a second block of center forces, which includes Labor, with 45 deputies, and, finally, a third group that has 18 seats, in which are Meretz [left pacifist] and Israeli Arab parties“.

The extreme policy of Netanyahu has made Israel move away from that state that helped to build modern cities and turned deserts into farms, with a democratic and free society that wanted to reach a peace negotiated with the Palestinians, in a military and colonial power that He only believes in his strength.

Although Israel needs such military force to survive and can not afford to lose any war, as well as any fissure (since it has four potential enemies surrounding it), it also has to achieve true peace and close a wound that craves for healing. The best option, and it is the most likely, is that the Labor movement (to which Shimon Peres belonged), get a new candidate to revive that feeling of conciliation and union and win elections next year Netanyahu.

 

 

 

MARTA E. MOLINA

SOURCES

https://www.washingtonpost.com/world/as-hamas-faces-a-crisis-it-tries-to-turn-up-pressure-on-israel/2018/05/31/ff0553e2-5e9f-11e8-b656-236c6214ef01_story.html?utm_term=.a6788fef31aa

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