LA LUCHA POR EL ESCENARIO AFGANO/ The fight for the Afghan scenario

h06183646_xlLa disputa por el escenario afgano se ha abierto en varios frentes con la llegada de la Ofensiva de primavera talibana (Operación Omari) y el mes de Ramadán –para el cual el Estado Islámico ha potenciado su actividad en sus zonas de influencia, que chocan con la presencia de otros grupos terroristas como Al Qaeda-; pero es que a esta situación se le suma la muerte del Mulá talibán Al Mansur y la llegada de su sucesor, Hibatulá Ajunzada, que ha potenciado la división interna que sufre el grupo armado.

Según el jefe de la OTAN, Jens Stoltenberg, el grupo terrorista Al Qaeda, regresando a sus orígenes fundacionales, está intentando abrir de nuevo su influencia en Afganistán estableciendo alianzas con los talibanes afganos. Actualmente, cuenta con una creciente presencia en el este y en el sur del país: Kunar, Paktika, Paktia y Kandahar, donde choca con la incipiente actividad del Estado Islámico (que se concentra especialmente en Nangarhar y Kunar, con su base en la frontera pakistaní, en Achin). El escenario inestable del país, con unas débiles fuerzas de seguridad y dependientes del exterior y la imposibilidad de afianzarse en Siria e Irak por la abusiva presencia internacional para expulsar al Estado Islámico, abre la urgencia a estos grupos que luchan por la Yihad global de refugiarse en lugares donde tienen una acogida más favorable y una posición menos señalizada.

La insistente actividad talibana responde con rebeldía a las proposiciones de paz que salen desde el gobierno. Esta última semana, los talibanes han dado un duro golpe a las fuerzas de seguridad del país, saldándose con la vida de 60 policías además de que en los últimos días han abierto de nuevo portada con la matanza de un reconocido periodista estadounidense, David Gilkey, y su intérprete. Las relaciones de los talibanes con el Estado Islámico son conflictivas, aunque algunos insurgentes descontentos con la dirección del grupo afgano han jurado lealtad a Al Bagdadi; no obstante, es con Al Qaeda con quien los contactos siempre han sido buenos y con el inicio de este mes y la muerte de su último Mulá, el grupo talibán ha facilitado el acceso a suelo afgano al grupo de Osama Bin Laden y no tanto al de Al Bagdadi.

A diferencia del Estado Islámico, Al Qaeda mantiene con astucia un perfil bajo, intactas sus filiales y alejado de las portadas internacionales mientras opera en otros ámbitos lejos del terreno militar, pero, como asegura el ministro interino de Defensa de Afganistán, el grupo está en expansión y, aunque no esté haciendo muchas declaraciones, es una verdadera amenaza.

La pérdida de unidad en el grupo talibán, las crecientes victorias de las fuerzas gubernamentales e internacionales en Irak y Siria en contra del Estado Islámico y Al Qaeda y el favorable ideario común propicia que estos grupos yihadistas se refugien en las montañas afganas, jamás sometidas a ninguna fuerza extranjera, y busquen afianzar sus fuerzas estableciendo alianzas y relaciones con las tribus más influyentes del país. Esto podría fomentar la apertura de otro foco de desestabilización que puede expandirse más hacia la zona asiática y del Cáucaso. Puede que se esté abriendo un horizonte de colaboración entre este tipo de grupos que endurezca su lucha y fortalezca su defensa.


2300-AfghanTaliban041216-v2The dispute over the Afghan theater has opened several fronts with the arrival of the Taliban Spring Offensive (Operation Omari) and the month of Ramadan -in which the Islamic State has strengthened its activity in its areas of influence, colliding with the presence of other terrorist groups such as Al Qaeda; this situation is compounded by the death of Taliban Mullah Mansur and the arrival of his successor, Hibatulá Ajunzada, which has enhanced the internal division suffered by the armed group.

According to the head of NATO, Jens Stoltenberg, Al Qaeda terrorist group, returning to its founding origins, is trying to reopen its influence in Afghanistan by establishing partnerships with the Afghan Taliban. It currently has a growing presence in the east and south of the country: Kunar, Paktika, Paktia and Kandahar, where it clashes with the incipient activity of the Islamic State (which is especially concentrated in Nangarhar and Kunar, with its base on the border of Pakistan, in Achin). The unstable scenario in the country with a weak security forces, dependent on foreign help, and the inability to gain a foothold in Syria and Iraq due to the abusive international presence, open the urgency to these groups fighting for global jihad to refuge in places where they have a more favorable reception and a less marked position.

The persistent Taliban activity responds rebelliously to the peace proposals emerging from the government. This past week, the Taliban have taken a blow to the security forces of the country which ended with the lives of 60 policemen; and in recent days they have reopened cover with the killing of a renowned American journalist, David Gilkey, and his interpreter. The Taliban relations with the Islamic State are conflicting, although some insurgents, unhappy with the direction of the Afghan group, have sworn allegiance to al-Baghdadi; however, it is with Al Qaeda with whom the contacts have always been good and the beginning of this month and after the death of its last Mullah, the Taliban group has facilitated the access to the Afghan soil to the group of Osama Bin Laden and not so much to the Al Baghdadi’s.

Unlike the Islamic State, Al Qaeda maintains cleverly low profile, intact its subsidiaries and away from the international covers while it is operating in other areas, away from the military field, but as ensures the interim defense minister in Afghanistan, the group is in expansion and, although it is not making many statements, it is a real threat.

The loss of unity in the Taliban group, the growing victories of government and the international forces in Iraq and Syria against the Islamic State and Al Qaeda and the favorable common ideology encourages these jihadi groups to refuge in the Afghan mountains, never subject to foreign forces, and to seek to strengthen their forces, establishing alliances and relationships with the most influential tribes in the country. This could encourage the development of another source of destabilization that can expand further into the Asian region and the Caucasus. Maybe it would open a horizon of collaboration between such groups, toughen their struggle and strengthen its defense.

MARTA GARCÍA OUTÓN

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