LA TERCERA GUERRA DEL CONGO/ The third Congo’s war

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Rebels in North Kivu (2012). Source: New York Times

Contexto

República Democrática del Congo tiene 81 Millones de Hab., y una extensión de más de 2M de Km2, siendo el 11º país más grande del mundo y el más grande del África Subsahariana. RDC tiene una pequeña salida al mar (Océano Atlántico), está bañada por el río Congo, vital para su economía, y es fértil, con un clima benigno. De Oeste a Este, limita con Congo, RCA, Sudán del Sur, Uganda, Ruanda, Burundi, Tanzania, Zambia y Angola (también con el exclave angoleño de Cabinda).

Es un gran productor de coltán (Niobio-Tantalio, aprox. un 9%[1] de las reservas mundiales), Cobre (Katanga 3% mundo)[2], oro, diamantes, casiterita, cobalto (45% de las reservas del mundo), madera, petróleo, uranio (en la provincia minera de Katanga, al sur), gas natural[3] y otros tantos recursos. Se trata de uno de los países más ricos del mundo, pero gran parte de sus recursos no están siendo explotados (principalmente, el gas natural).[4]

A nivel político, la RDC puede considerarse un estado fallido a todos los efectos[5], dada la alta presión demográfica, la alta proporción de desplazados y refugiados, la tensiones internas entre grupos sociales y políticos, la falta de desarrollo, el reparto desigual de la riqueza, la crisis económica, la baja legitimidad del estado, la falta de servicios públicos y seguridad, la incapacidad del estado para hacer cumplir los derechos humanos y la alta necesidad de intervención extranjera.

La historia política reciente de la RDC empieza con el primer presidente tras la independencia de Bélgica, en 1960, Patrice Lumumba. En 1961 reina el caos en la RDC, Lumumba es asesinado y el poder es asumido por Joseph Kasavubu y por el nuevo primer ministro, Moise Tshombe (en 1964). En 1965 Mobutu Sese Seko asume el poder tras deponer a Kasavubu mediante un golpe de estado; Mobutu instaura una dictadura cleptocrática y desangra al país, que renombra como República del Zaire en 1971.

En 1997, Laurent Kabila (padre del actual líder de la RDC) consuma su golpe de estado (que empezó en 1996 y condujo a la Primera Guerra del Congo) y da al país su actual nombre. La presión de Ruanda y Uganda lleva al nuevo ejecutivo a la Segunda Guerra del Congo en 1998 (hasta la frágil paz de 2003). Laurent Kabila es asesinado por su guardaespaldas en 2001[6] y el poder es heredado por su hijo, Joseph Kabila, que organiza y gana las primeras elecciones libres del país en 2006[7].

  1. Kabila gobierna desde entonces rodeado de acusaciones de autoritarismo y fraude electoral[8].

La situación de caos político interno se ve agravada por la existencia de conflictos externos (por recursos en el norte), con Uganda, Ruanda y Burundi (hasta el punto de que hay guerrillas rebeldes a sueldo de terceros países explotando coltán y diamantes[9]) y continuas injerencias extranjeras, muchas veces motivadas por la enorme riqueza natural del país y la posibilidad de explotarla sin control gubernamental (sin restricciones, sin tasas, sin políticas medioambientales ni laborales, etc.). La RDC es actualmente incapaz de hacer frente a esta realidad, puesto que, pese tener un ejército de algo más de 150 mil hombres[10], está mal equipado y mal organizado, y la lealtad de sus integrantes responde a los intereses particulares de diferentes líderes políticos o militares del país.

La RDC está compuesta por más de 200 grupos étnicos diferentes, con mayoría Bantú (+45%). El gobierno actual tuvo apoyo Hutu en la Segunda Guerra del Congo. Además de la heterogeneidad étnica, que es realmente determinante en esta zona del mundo, también hay crecientes diferencias religiosas, puesto que, aunque la mayoría del país es cristiano (70%; 50% católicos – 20% protestantes), hay un 10% de musulmanes y un 20% de practicantes de religiones indígenas, cuyas prácticas habitualmente se trasladan a otras confesiones.

Situación Actual

En los últimos años, la RDC se ha visto azotada por numerosos conflictos. De entre los más relevantes, destacan los de Ituri, Kivu y Katanga (todos ellos conectados con el caos resultante de la Segunda Guerra del Congo).

  1. Ituri (1999-Actualidad): Conflicto de corte étnico dirigido al control de los recursos de la zona, entre tribus de pastores Lendu (ugandeses) VS Hema (principalmente congoleses), en el noreste de la RDC. Tras los acuerdos de 2006, el conflicto se mantiene activo, pero con un perfil bajo.
  2. Kivu (2004-2012 / 2013-2014 / 2015-Actualidad): Conflicto entre el gobierno de la RDC y las tropas rebeldes tutsis del general Laurent Nkunda por el control de la región de Kivu, rica en recursos. El conflicto se ha desarrollado en diferentes etapas, y las tropas de Nkunda parecen estar siendo apoyadas por la también tutsi Ruanda. Este conflicto continúa activo a día de hoy, y el control de la extracción de recursos por parte de las guerrillas es uno de los mayores problemas del país.
  • Insurgencia de Katanga (1960-Actualidad): Conflicto separatista en la rica región minera del sur, Katanga. Este conflicto se ha llegado a mezclar con el de Kivu, y las guerrillas de esta zona del país también se afanan en la explotación de los recursos minerales para el tráfico.

La misión de la ONU en la RDC, la MONUSCO, está establecida en la RDC con el fin de mantener unas mínimas condiciones de paz y estabilidad en el país. El consejo de seguridad de la ONU se está afanando en enviar delegaciones a la RDC puesto que pretende una transición de poder pacífica[11], toda vez que el mandato de Joseph Kabila habría de finalizar el 19 de diciembre de este año, pero el presidente parece tener la intención de perpetuarse en el poder y, en pro de tal propósito, ha pospuesto las elecciones a 2018 por “problemas censales”.

Cabe recordar que todos los procesos políticos en la RDC, hasta el momento, han generado violencia (hasta el simple anuncio del aplazamiento de las elecciones; 50 muertos), y que el futuro del país está entre los intereses centrales de muchos de sus vecinos (principalmente Ruanda, Uganda y Burundi) que están interesados en el aumento o, como mínimo, en el mantenimiento de la inestabilidad de la RDC. La cercanía del proceso electoral, así como la decisión de J. Kabila, ya han comenzado a tener consecuencias negativas, produciéndose una reactivación de la violencia en Katanga y Kivu (atentado contra cascos azules en Goma, Kivu, 32 heridos[12]).

A pesar del aplazamiento de las elecciones y la escalada de violencia tanto en las regiones conflictivas (Kivu, Katanga e Ituri) como en el resto del país, el gobierno de Kabila ha subrayado que un tercer mandato de Kabila no será posible; Angola, uno de los principales aliados del gobierno de la RDC, también se ha posicionado del lado de esta afirmación.

El futuro de la RDC

La realidad actual de la RDC puede, fácilmente, desembocar en un conflicto armado a gran escala. El presidente J. Kabila tiene dos opciones: perpetuarse o facilitar una transición. Perpetuarse requeriría cambios constitucionales (que llevan tiempo, precisamente lo que consigue con el aplazamiento de las elecciones) y sería un golpe de estado maquillado, mientras que favorecer la transición podría llevar a nuevas revueltas e incluso a la reactivación de un conflicto civil a gran escala, pero es la opción que cuenta con el apoyo de la comunidad internacional.

Entre ambas opciones, y aunque la administración de Kabila se empeñe en negarlo, parece que los movimientos del ejecutivo están tendiendo hacia la perpetuación del presidente en el poder. Quedará por ver si la presión diplomática internacional es suficiente para cambiar el rumbo de la RDC y conseguir que Kabila respete el actual orden constitucional, aunque la heterogeneidad étnica, religiosa e ideológica, sumada al tóxico interés que genera la abundancia de recursos naturales, son obstáculos prácticamente insalvables para lograr la estabilidad de la RDC, y cualquier conato de violencia que se produzca en este tiempo hasta las elecciones podría derivar en un conflicto étnico que podría ser fácilmente aprovechado por las élites tribales de los países vecinos, justificando cualquier decisión autoritaria para mantener a Joseph Kabila al frente del país; además, la recuperación y estabilización de países tradicionalmente enemigos de la RDC, como Ruanda[13][14] o Uganda[15] puede reforzar su decisión de cara a imponer sus intereses en la región.

En definitiva, parece que la RDC reúne todos los requisitos necesarios para convertirse, de nuevo, en el campo de batalla más grande de África: Un pueblo joven (edad media de 18,4 años[16]), pobre y sin formación, étnica y religiosamente heterogéneo, y sin acceso a servicios públicos básicos (energía, sanidad, seguridad), maldito con una cantidad ingente de recursos que no tiene capacidad de controlar o explotar y que, por ende, apenas rentabiliza, gobernado por un presidente que parece encaminado a perpetuarse en el poder, y rodeado de intereses tóxicos (tanto regionales como internacionales) que se beneficiarían enormemente de una hipotética situación de caos.

Además de esto, parece de común acuerdo que las perspectivas económicas de futuro para la RDC no son buenas, aunque encadena un crecimiento del PIB de entre el 6 y el 9% en los últimos 5 años[17], su calificación crediticia es muy baja (B- Standard & Poor’s)[18], siendo un país que no parece capaz de cumplir en tiempo y forma con sus obligaciones financieras. Los análisis económicos, por tanto, determinan que la RDC es extremadamente volátil y que no está (corto plazo) ni estará (largo plazo) en buenas condiciones financieras.

La trazabilidad de los recursos para dificultar el expolio por parte de terceros actores, la participación de observadores internacionales para lograr un proceso electoral relativamente limpio, la participación activa de la comunidad internacional en la recuperación de las condiciones de seguridad en la región (con una fuerza operativa similar a la desplegada por Francia en la RCA, Op. Sangaris), entrenando a un ejército profesional congolés y expulsando a las insurgencias y guerrillas de Kivu, Katanga e Ituri, y la imposición de sanciones a los países vecinos en caso de interferir parecen las únicas opciones para un país que, de otro modo, parece estar condenado a ser el trágico protagonista del siguiente capítulo de violencia a gran escala en África: La tercera guerra del Congo.


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Joseph Kabila, DRC president. Kenny Katombe – REUTERS

 

Context

Democratic Republic of the Congo has 81 million people, and an area of more than 2M km2, being the 11th largest country in the world and the largest country in sub-Saharan Africa. DRC has a short coast line (in the Atlantic Ocean), is ploughed through by the Congo River, vital for the economy, and is fertile, with benign climate conditions. From West to East, it borders with Congo, CAR, South Sudan, Uganda, Rwanda, Burundi, Tanzania, Zambia and Angola (also with the Angolan exclave of Cabinda).

The DRC is a large producer of coltan (Niobium-Tantalum, about 9% of world reserves), copper (Katanga 3% world), gold, diamonds, cassiterite, cobalt (45% of world reserves), uranium (in the Katanga southern mining province), natural gas and other resources. It is one of the richest countries in the world, but much of its resources are not being exploited (mainly natural gas).

At the political level, the DRC can be considered a failed state, given the high demographic pressure, high proportion of displaced and refugees, internal tensions between social and political groups, lack of development, unequal distribution of wealth, economic crisis, the low legitimacy of the state, the lack of public services and security, the inability of the state to guarantee human rights and the high need for foreign intervention.

The recent political history of the DRC begins with the first president after the independence of Belgium, in 1960, Patrice Lumumba. In 1961 chaos was reigning in the DRC, Lumumba was assassinated and the power was taken over by the president Joseph Kasavubu and his new prime minister, Moise Tshombe (in 1964). In 1965 Mobutu Sese Seko assumed the power after depositing Kasavubu by a coup d’état; Mobutu established a kleptocratic dictatorship and bled the country to death, which he renamed as the Republic of Zaire in 1971.

In 1997, Laurent Kabila (father of the current leader of the DRC) consummated his coup d’état (which began in 1996 and led to the First Congo War) and gave the country its current name. The pressure from Rwanda and Uganda led the new government to the Second Congo War in 1998 (up to the fragile peace agreement of 2003). Laurent Kabila was assassinated by his bodyguard in 2001 and the power was inherited by his son, Joseph Kabila, who organized and won the country’s first free elections, in 2006.

  1. Kabila has since ruled chased by accusations of authoritarianism and electoral fraud.

The situation of internal political chaos is worsened by the existence of external conflicts (because of the resources in the north and the east), with Uganda, Rwanda and Burundi (to the extent that there are rebel guerrillas on the salary of other countries exploiting coltan and diamonds) and continuous foreign interference, often motivated by the country’s enormous natural wealth and the possibility of exploiting it without government control (no restrictions, no fees, no environmental or labour legislation, etc.). The DRC is currently unable to face this reality, despite having an army of over 150,000 men, it is poorly equipped and poorly organized, and the loyalty of its members responds to the interests of the country’s different political or military powers.

The DRC is composed by more than 200 different ethnic groups, with Bantu majority (+ 45%). The current government had Hutu support in the Second Congo War. In addition to ethnic heterogeneity, which is important in this area of the world, there are also growing religious differences, since, although most of the country is Christian (70%, 50% Catholic – 20% Protestant), there is a 10% of Muslims and a 20% of practitioners of indigenous religions, whose practices are usually transferred to other religious cults.

Current situation

In recent years, the DRC has been hit by several conflicts. Among the most relevant, Ituri, Kivu and Katanga (all connected to the chaos resulting from the Second Congo War) stand out.

  1. Ituri (1999-Present): An ethnic cleansing aimed to control the resources of the area, among tribes of Lendu (Ugandan) shepherds VS Hema (mainly Congolese) shepherds, in the northeast of the DRC. Following the 2006 agreements, the conflict remains active, but low-profiled.
  2. Kivu (2004-2012 / 2013-2014 / 2015-Actuality): Conflict between the government of the DRC and the Tutsi rebel troops of General Laurent Nkunda aimed to keep control over the resource-rich Kivu region. The conflict has developed at different stages, and Nkunda’s troops appear to be being supported by the Tutsi Rwanda. This conflict is still active today, and the control of the extraction of resources by the guerrillas is one of the country’s biggest problems.
  • Katanga Insurgency (1960-Current): Separatist conflict in the rich southern mining region, Katanga. This conflict has come to be mixed with that of Kivu, and the guerrillas in this part of the country are also engaged in the exploitation of mineral resources for trafficking.

The UN mission in DRC, MONUSCO, is established in the DRC to maintain the minimum conditions of peace and stability in the country. The UN Security Council is struggling to send diplomatic delegations to the DRC, to reach a peaceful power transition, given that the mandate of Joseph Kabila was going to end on December 19 this year, but the president seems to have the Intention to perpetuate itself in power and, for that purpose, has postponed the elections to 2018 for “census problems”.

It should be recalled that all political processes in the DRC have so far generated violence (even the mere announcement of the postponement of the elections: 50 deaths), and that the future of the country is one of the main interests of many of its neighbours, (mainly Rwanda, Uganda and Burundi) which are interested in increasing or at least maintaining the instability of the DRC. The proximity of the electoral process, as well as the decision of J. Kabila, have already begun to have negative consequences, resulting in a revival of violence in Katanga and Kivu (attack on blue helmets in Goma, Kivu: 32 wounded).

Despite the postponement of the elections and the escalation of violence in every conflictive region (Kivu, Katanga and Ituri) and along the rest of the country, Kabila’s government has assured that a third mandate of Kabila will not be possible; Angola, one of the main allies of the DRC government, has also positioned itself on the side of this statement.

The future of the DRC

The current reality of the DRC can easily lead to a large-scale armed conflict. President J. Kabila has two options: to perpetuate himself or to facilitate a power transition. Perpetuating himself would require constitutional changes (which take time, precisely what he achieves with the postponement of the elections until 2018) and would be a concealed coup d’état, while favouring the transition could lead to new riots and even to the reactivation of a civil conflict on a large scale, but that last is the option that has the support of the international community.

Between both options, and although the administration of Kabila is determined to deny it, it seems that the government’s movements are tending towards the perpetuation of the president Kabila. It’s still unknow whether international diplomatic pressure will be enough to change the course of the events and to ensure that Kabila respects the current constitutional order, although ethnic, religious and ideological heterogeneity, added to the toxic interests generated by the wealth of natural resources, are practically insurmountable obstacles to achieve stability in the DRC, and any rise of violence that occurs at this time to the elections could lead to an ethnic conflict that could be easily exploited by the tribal elites of neighbouring countries, justifying any Kabila’s authoritarian decision to maintain himself at the head of the country; In addition, the recovery and stabilization of traditionally enemy countries of the DRC, such as Rwanda or Uganda, can strengthen their decision to fight fot their interests in the region.

In short, it seems that the DRC meets all the necessary requirements to become, once again, Africa’s largest battlefield: a poor, untrained, ethnically and religiously heterogeneous (18.4 years old) population, without access to basic public services (energy, sanitation, security), condemned with an enormous amount of resources that they have no capacity to control or exploit and, therefore, hardly profitable, governed by a president who seems destined to perpetuate himself in Power, and surrounded by toxic interests (both regional and international) that would benefit greatly from a hypothetical situation of chaos.

In addition, it seems extensively accepted that the future economic prospects for the DRC are not good, although it chains a GDP growth of between 6 and 9% in the last 5 years, its credit rating is very low (Standard & Poor’s: B-), being a country that does not seem able to fulfil in time and way with its financial obligations. Economic analyses, therefore, determine that the DRC is extremely volatile and that it is not (short term) nor will be (long term) in good financial conditions.

Traceability of resources to make it difficult for third parties to exploit, participation of international observers to achieve a relatively clean electoral process, active participation of the international community in the recovery of security conditions in the region (with a strength operative, similar to that deployed by France in the CAR; Op. Sangaris), training a Congolese professional army and expelling insurgents and guerrillas from Kivu, Katanga and Ituri, and imposing sanctions on neighbouring countries in case of interference, seem the only options for a country that, otherwise, seems doomed to be the tragic protagonist of the next chapter of the large-scale violence book in Africa: The Third Congo War.

 FERNANDO LAMAS MORENO

 

[1] http://tanb.org/about-tantalum/production-of-raw-materials

[2]http://www.bloomberg.com/news/articles/2013-03-23/congolese-militia-seizes-un-compound-in-katanga-s-lubumbashi

[3] British Geological Survey, African Mineral Production.

[4]https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/geos/cg.html

[5] http://fsi.fundforpeace.org/rankings-2016

[6] http://elpais.com/diario/2001/01/17/internacional/979686001_850215.html

[7] http://www.un.org/es/peacekeeping/publications/yir/2006/congo.shtml

[8] http://www.lainformacion.com/politica/elecciones-locales/las-elecciones-en-el-congo-fueron-un-fraude-segun-el-presidente-de-la-comision-electoral_N5istdmiOo2BEMoy0WtBf4/

[9]http://www.bbc.com/mundo/noticias/2013/10/131010_congo_republica_democratica_maldita_jgc_finde

[10] http://www.globalfirepower.com/country-military-strength-detail.asp?country_id=democratic-republic-of-the-congo

[11]http://www.europapress.es/internacional/noticia-representantes-consejo-seguridad-piden-entrega-poder-pacifica-republica-democratica-congo-20161113232331.html

[12]http://www.cinu.mx/noticias/mundial/explosion-en-la-republica-demo/

[13] http://siteresources.worldbank.org/EXTIDASPANISH/Resources/IDA-Rwanda-ES.pdf

[14] http://www.abc.es/economia/20140330/abci-ruanda-economia-201403282101.html

[15] http://www.datosmacro.com/pib/uganda

[16] https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/geos/cg.html

[17] http://www.datosmacro.com/pib/republica-democratica-congo

[18] http://www.datosmacro.com/ratings/standardandpoors

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