EYE IN THE SKY Y EL PESO DE LA ÉTICA EN UNA DECISIÓN DE GUERRA/ Eye in the Sky and the weight of the ethics in a war decision

eye-in-the-sky-3Gavin Hood, director de la cinta Eye in the Sky (2015) ya declaró su sensibilidad hacia los aspectos más dramáticos observados desde la lupa de la ética, desde su premio en el 2005 con la película Tsotsi, que habla de la redención de un joven criminal de Sudáfrica -con la que ganó el Oscar a la Mejor Película Extranjera-, su controvertida película sobre el interrogatorio y proceder en Inteligencia (Rendition, 2007) o como después vimos en su comercial película Ender’s Game, donde habló del debate entre el peso del fin y los medios en la guerra.

Eye in the Sky nos pone en el punto de vista de los decisores políticos, legales y militares que acuerdan cómo llevar a cabo un ataque mortal con un dron (RPAS) en un territorio extranjero, con la implicación del resultado de la evaluación del porcentaje del impacto crítico en la zona y la evaluación de daños -análisis proporcionado por un experto- (procedimiento ISTAR – Intelligence, Surveillance, Target acquisition and Reconnaissance) hasta que el piloto del aparato dirige el disparo directo contra el enemigo. La película nos lleva hasta una situación en Kenia que simula la realidad, donde un equipo multinacional (británico, norteamericano y keniata) se une y se coordina para la eliminación de un grupo terrorista de Al Shabaab -en el que dos son sujetos de nacionalidad extranjera pero objetivo primordial del Estado norteamericano- que, refugiados en un barrio tomado por el grupo extremista y ocultos en una casa, prepara un atentado suicida.

El director nos presenta la problemática a la que pueden enfrentarse los actores implicados ante una misión semejante: a destacar desde el ámbito legal (las personas que van a ser asesinadas no son solamente terroristas, ya que dos de ellas tienen la nacionalidad extranjera y, según la ley, han de ser juzgadas por su estado), político (con la decisión de intervenir militarmente en un país extranjero del que habían recibido la autorización de llevar a cabo una actuación de captura, pero no de eliminación) y ético (las implicaciones finales del ataque serán juzgadas por la opinión pública -el disparo, ¿qué impacto puede tener en la zona colindante? ¿en qué daños colaterales puede resultar? ¿salvarías una vida inocente que pueda ser afectada por la decisión del ataque en adelanto a más de 70 posibles si no se lleva a cabo? – y serán sufridas por el que toma la decisión y la ejecuta habiendo visto el abanico de posibilidades). Porque al final una cuestión de este tipo, que empieza con una recogida de información sobre el terreno -con un equipo infiltrado-, que le sigue un análisis de Inteligencia sobre ello -evaluación de riesgos, daños e implicaciones- y que finaliza en la decisión final y su posterior evaluación, oscila sobre un amplio espacio de probabilidades imposibles de delimitar con precisión ni de ajustar a lo predecible.

El ámbito de la Inteligencia, así como la ciencia de la guerra, por mucho que se maneje entre cifras, rangos y cálculo de probabilidades, es imposible aislarlo del factor humano, el cual es vulnerable, limitado e impredecible -acosado por los niveles emocionales o sesgos cognitivos que puedan afectar en ese momento en su toma de decisiones, obligado a desandar los procedimientos tan sujetos y evaluados ante la aparición de un imprevisto e incapacitado de adelantarse a las capacidades de respuesta de los implicados o presentes, teniendo en cuenta que el punto de mira seleccionado está sujeto a un sólo punto de vista de todos los posibles en el escenario-. Pero como sella al final de la película el Teniente General Frank Benson (interpretado por Allan Rickman), en respuesta a una acusación que pueda provenir de la sociedad en su conjunto ante las realidades y las actuaciones que se observan diariamente, pero que se juzgan desde la distancia y el desconocimiento: “Nunca le digas a un soldado que no sabe lo que es el precio de la guerra”.

TRAILER: https://www.youtube.com/watch?v=ETQroVhk3io


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Gavin Hood, director of the film Eye in the Sky (2015) has already stated his sensitivity to the most dramatic aspects seen from the ethical lens, from his 2005 awarded film Tsotsi, which talks about the redemption of a young criminal from South Africa, his controversial film about the interrogation and proceed in Intelligence (Rendition, 2007) or as we later saw in his commercial film Ender’s Game, where he spoke about the debate between the weight of the end and the means in the war.

Eye in the Sky puts us in the perspective of a political, legal and military decision makers who agree on how to carry out a deadly attack with a RPAS- Remotely Piloted Aircraft Systems (using ISTAR – Intelligence, Surveillance, Target acquisition and Reconnaissance procedure) in a foreign territory, involving the outcome of the assessment of the percentage of critical impact on the zone and the damage assessment – analysis provided by an expert – until the pilot of the device directs the direct shot at the enemy. The film takes us to a situation in Kenya that simulates the reality, where a multinational team (British, North American and Kenyan) is united and coordinated for the elimination of a terrorist group of Al Shabaab – in which two are subjects of foreign nationality but primary objective of the US State- that, in a neighborhood taken by the extremist group and hidden in a house, is preparing a suicide attack.

The director presents the problem that can be faced by the actors involved in a similar mission: to stand out from the legal aspect (the people who are to be killed are not only terrorists; two of them have foreign nationality and, according to the law, they have to be judged by their state), from the political aspect (with the decision to intervene militarily in a foreign country from which they had been authorized to carry out a capture mission but not a removal one) and the ethical aspect (the final implications of the attack will be judged by the public – the shot, what impact can it provoke in the adjoining area? Which collateral damage can it result? Would you save an innocent life that could be affected by the decision of the attack in advance of more than 70 possible if it is not carried out? – and it will be suffered by the one who makes the decision and executes it, having seen the range of possibilities). In the end, an issue of this type, starting with a collection of information on the ground – with an infiltrated team – followed by an intelligence analysis about it – risk assessment, damages and implications – and ending with the final decision and the subsequent evaluation, oscillates on a wide space of probabilities impossible to delimit with precision or to adjust to the predictable.

The realm of intelligence, as well as the science of war, although it is manipulated by numbers, ranks, and calculus of probabilities, is impossible to isolate from the human factor, which is vulnerable, limited and unpredictable -chained by the emotional or cognitive biases that may affect at that moment in the decision-making, forced to regress procedures -so subject and evaluated- with the appearance of an unforeseen situation and incapacitated to anticipate the capabilities of response of those involved or present, taking into account that the selected target is subject to a single point of view of all possible on the stage. But as it is sealed at the end of the film by the Lieutenant General Frank Benson (played by Allan Rickman), in response to an accusation that may come from the society seeing the realities and actions happening daily, but which are judged from the distance and the ignorance: “Don’t ever tell a soldier that he doesn’t know the cost of war”.

TRAILER: https://www.youtube.com/watch?v=ETQroVhk3io

MARTA GARCÍA OUTÓN

 

 

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