EL ESCENARIO DE LA GUERRA HÍBRIDA EN EUROPA DEL ESTE Y EL AUMENTO DE LA INFLUENCIA RUSA/ Scenario of the hybrid war in the East of Europe and the rise of the Russian influence

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Crimeans vote to break away from Ukraine – 2014. Source: Washington Post

Mientras Estados Unidos se preocupa cada vez más por su política nacional y bienestar, el resto del mundo se tambalea ante los cambios geopolíticos que esto podría suponer (cambios de actores políticos acostumbrados al paraguas de la ayuda norteamericana); los países emergentes se lanzan a una carrera armamentística y a la formación de acuerdos de colaboración entre aliados (como estamos viendo en la zona de Asia-Pacífico) y otros vuelven la mirada hacia otros poderosos que les asegure la continuidad (con el ejemplo de Turquía o algunos países centroeuropeos). La guerra híbrida está siendo utilizada por un bando y otro (hablamos de Rusia y la OTAN-Europa), especialmente en la región que los separa[1], y es una situación que preocupa porque es difícil de controlar e inesperada.

Europa del este se encuentra en una encrucijada cada vez más palpable, desde los movimientos militaristas más arriesgados realizados por Rusia en Crimea y Ucrania hasta el cambio de presidencia en Estados Unidos con Donald Trump y su amenaza de abandonar la excesiva ayuda a sus aliados en el continente. Países que forman parte del “tapón” defensivo-político pro-Europa y OTAN frente al avance de la influencia rusa han dado un giro hacia el lado contrario; hablamos especialmente de Montenegro (donde se ha detenido un intento de golpe de estado con el intento de asesinato del Primer Ministro y que se dice que fue organizado por fuerzas pro-rusas[2]), Lituania, Moldavia y Bulgaria y ahora, cada vez más, Serbia[3]. La política exterior rusa, cada vez más influyente y posicionada allí donde Estados Unidos ha ido dejando espacio, además del cada vez más desestructurado mundo occidental ante los crecientes cambios político-sociales (el Brexit, los nacionalismos, la inseguridad interior…), ha calado en esos países más dependientes todavía de la ayuda exterior y tambaleantes entre dos identidades que a lo largo de los últimos años se han mantenido enfrentadas alimentadas por el choque entre los bloques político-militares. La movilización en favor de uno u otro lado se está haciendo cada vez más latente en la región del Mar Negro, en esas zonas con mayor población rusa, con fuertes repercusiones estratégicas (al ser encuentro de intereses turcos, europeos y rusos) y más afectada por la desestabilización político-social debido a su posición geográfica; son zonas que siempre han sido sensibles a la manipulación de uno u otro bloque, vulnerables con el sentimiento nacionalista-histórico y afectados por las múltiples crisis regionales que han sucedido allí (crisis de refugiados, militarización de la zona, dependencia económica…).

Pero el escándalo de la situación ha llegado a su punto más alto durante los últimos días en Crimea. Ante las situaciones conflictivas en otras partes del mundo, se ha silenciado la creciente tensión regional en la zona del Mar Negro, no sólo con las movilizaciones militares marítimas de Rusia y la OTAN por allí, con la conciencia de la importancia estratégica que tiene ese paso, sino también en los países más afectados por esa batalla híbrida que da de comer a sentimientos marginados o a voces silenciadas. En Crimea, están resurgiendo aclamaciones por la minoría musulmana tártara (que han alarmado por las cada vez más numerosas represiones y marginalizaciones en la Península[4]), que ni reconoce esa tierra como rusa ni ucraniana, pero se siente más amparada bajo la gobernanza ucraniana. Por otro lado, se ha crispado la situación con la prueba de lanzamiento de misiles (16 en total, a 30 kilómetros de Crimea) por parte de Ucrania en el Mar Negro (en la parte occidental de la Península), gesto condenado por Rusia[5]. Pero ahí no queda la cosa; en Crimea se han desatado movimientos pro-ucranianos que buscan llevar a cabo actividades de sabotaje, con detenciones de algunos de los involucrados[6] (situación que ha sido negada desde Kiev alegando que es manipulación rusa para justificar la demonización de su enemigo y ganar el favor internacional), o huidas a territorios ucraniano que evidencia la escalada de tensiones en el país a través de juegos de influencias y guerra híbrida que podría hacer estallar un conflicto más directo y violento.

Lo que está claro es que la situación en Crimea, a pesar de que los movimientos rusos en el 2014 fueron atrevidos y están siendo autoritarios, no será resuelta para dentro de unos pocos años, al igual que toda esa región que interconecta a diferentes bloques político-culturales. El cada vez mayor acercamiento de la Europa del este hacia Rusia y el cada vez más latente replanteamiento europeo de la relación con su vecino regional -distanciada por la vinculación que mantiene con la OTAN-, deja un futuro más favorable a la estrategia rusa, la cual se aproxima a la intención de conseguir (lejos de la expansión de los nacionalismos en Europa que dejan un evidente escenario vulnerable) la construcción de un federalismo euroasiático que pueda sobrevivir a la complejidad de un mundo global donde el pilar fundamental no serán los estados sino los aspectos más culturales y sociales. No obstante, Rusia se encamina igualmente a un mayor desafío a su seguridad -con el regreso de combatientes rusos musulmanes que han engrosado las filas terroristas en Siria e Irak, las células yihadistas establecidas en esos países de alta población musulmana y que abarcan mayoritariamente la parte sur del país y la creciente dependencia económica con sus países vecinos- que resalta su recién muestra de acercamiento diplomático hacia Europa y sus socios regionales con la intención de abordar problemas comunes de forma conjunta para evitar la ruptura descontrolada de la región.


_92792418_black_sea_missile_test_624map_v03While the United States is increasingly concerned about its national policy and welfare, the rest of the world is shaken by the geopolitical changes that this might entail (changes of political actors accustomed to the umbrella of the US aid); emerging countries embark on an arms race and the formation of partnerships between allies (as we are seeing in the Asia-Pacific area) and others turn their gaze towards powerful ones that will ensure their continuity (with the example of Turkey or Some Central European countries). The hybrid war is being used by one side and the other (we are talking about Russia and NATO-Europe), especially in the region that separates them [1], and it is a situation that worries because it is difficult to control and is unexpected.

The Eastern Europe is at an ever more tangible crossroads, from Russia’s most risky military movements in the Crimea and Ukraine to the change of presidency in the United States with Donald Trump and his threat to abandon the excessive aid to his allies in the continent. Countries that are part of the defensive-political “plug” pro-Europe and NATO due to the advance of the Russian influence have turned to the opposite side; we speak especially about Montenegro (where a coup attempt has been halted with the assassination attempt of the Prime Minister and is said that it has been organized by pro-Russian forces [2]), Lithuania, Moldova and Bulgaria and now Serbia [3]. The Russian foreign policy is being increasingly influential and positioned where the United States has been leaving space, in addition thanks to the high unstructured Western world in the face of growing social and political changes (Brexit, nationalism, internal insecurity …) is latent in those countries which are still more dependent on foreign aid and tottering between two identities that have been kept up in recent years by the clash between the politico-military blocs. Mobilization in favor of one side or the other is becoming more and more latent in the Black Sea region, in those areas with the largest Russian population, with strong strategic implications (being the conection with Turkish, European and Russian interests) and most affected by the political and social destabilization due to its geographical position. Those are areas that have always been sensitive to the manipulation of one or the other bloc, vulnerable to nationalist-historical sentiment and affected by the many regional crises that have occurred there (refugee crisis, militarization of the area, economic dependency …).

But the scandal of the situation has reached its highest point during the last days in Crimea. In the face of conflictive situations in other parts of the world, the growing regional tension in the Black Sea area has been silenced, not only with the military maritime mobilizations of Russia and NATO there, aware of the strategic importance of that area, but also in the countries most affected by this hybrid battle that feeds the marginalized feelings or the silenced voices. In Crimea, there is a resurgence of acclamation by the Tatar Muslim minority (who have been alarmed by the increasing number of repressions and marginalizations in the Peninsula), which does not even recognize the land as Russian or Ukrainian, but feels more protected under the Ukrainian governance. On the other hand, the situation has been strained with the test of the missile launching by Ukraine (in a 30 km area  from Crimea) in the Black Sea in the western part of the Peninsula, gesture condemned by Russia [ 5]. But there is something more: in Crimea have been unleashed pro-Ukrainian movements seeking to carry out sabotage activities, some of them ended with arrests of some of those involved [6] (situation that has been denied from Kiev alleging that it is Russian manipulation to justify the demonization of its enemy and win the international opinion), or the fleeing of soldiers to Ukrainian territories that evidence the escalation of tensions in the country through games of influence and hybrid war that could trigger a more direct and violent conflict.

What is clear is that the situation in Crimea, despite the fact that the Russian movements in 2014 were daring and are being authoritarian, will not be resolved within a few years, as well as the entire region that interconnects different political-cultural blocs. The Eastern-Europe’s increasingly close-up approach to Russia and the increasingly latent European rethinking of the relationship with its regional neighbor – torn by its link with NATO – leaves a more favorable future for the Russian strategy (which is far from the expansion of nationalisms in Europe that leaves a clear vulnerable scenario): the construction of a Euro-Asian federalism that can survive the complexity of a global world where the fundamental pillar will not be the states but the more cultural and social aspects. However, Russia is also heading for a greater challenge to its security – with the return of Russian Muslim fighters who have swelled the ranks of terrorists in Syria and Iraq, the jihadist cells established in those countries with a high Muslim population and which mostly cover the South part  of the country and the increasing economic dependence on its neighbors – which highlights its recent show of diplomatic rapprochement with Europe and its regional partners with the intention of tackling joint problems in order to avoid the uncontrolled rupture of the region.

MARTA Gª OUTÓN

[1] http://www.nato.int/cps/en/natohq/news_138733.htm

[2] https://www.ft.com/content/25c0f038-a518-11e6-8b69-02899e8bd9d1

[3] https://www.gisreportsonline.com/russias-headway-in-the-balkans,2063,c.html

[4] http://www.russia-direct.org/analysis/plight-crimean-tatars

[5] http://www.bbc.com/news/world-europe-38166597

[6] http://en.sobytiya.info/lawyer-a-ukrainian-saboteur-arrived-as-a-taxi-driver-to-crimea.html

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