CONNOTACIONES GEOPOLÍTICAS DE “HACER GRANDE A AMÉRICA DE NUEVO”/Geopolitical connotations of “make America great again”

donald-trump-trademarked-a-ronald-reagan-slogan-and-would-like-to-stop-other-republicans-from-using-it
Source: Bussines Insider

Desde su toma de posesión, Donald Trump ha comenzado a aplicar todo aquellos que propuso a lo largo de su campaña. Para las Relaciones Internacionales, la geopolítica de Trump suponen un punto de inflexión en el que, de llevarse a cabo todo lo dicho por el ya presidente, se empezará a desarrollar un nuevo orden mundial.

El proteccionismo estadounidense es la piedra angular de la nueva política. “Make America great again” implica renunciar a todo aquello que no provenga del país americano. Sin embargo, las consecuencias internacionales llegarán a todas las regiones geopolíticas del mundo.

Desde el fin de la Guerra Fría, Estados Unidos se había consagrado como hegemón mundial. Para garantizar esta posición, los distintos gobiernos del país han asegurado la dependencia mundial generada en torno a Estados Unidos. No obstante, esto provocó la creación de acuerdos que permitiesen al país nutrirse de bienes y servicios procedentes de distintas zonas del mundo, para asegurar sus relaciones con, principalmente, las regiones estratégicas que necesitaba para mantener su “hegemonía” mundial.

Sin embargo, la aparición de nuevos mini- focos, o potencias de ámbitos determinados, como por ejemplo la irrupción de China como potencia económica mundial, han provocado que la concepción de Estados Unidos como el gran dueño del mundo se viera cuestionado por sus, hasta entonces, principales aliados.

En efecto, en los últimos años el panorama mundial ha variado. Las alianzas tradicionales han evolucionado, y se ha podido ver cómo Estados Unidos se alejaba de Arabia Saudí mediante el pacto nuclear alcanzado con Irán en julio de 2015, o cómo Israel dejaba de ser el niño mimado americano, acercando posturas a dirigentes de la OLP.

Donald Trump ha visto todo esto como una pérdida de poder estadounidense, en favor de otros estados que compiten por alcanzar el papel de hegemón que, al parecer, ha ido perdiendo Estados Unidos. “Hacer América grande de nuevo” implica fomentar lo interno. Asegurarse de que todas las políticas implementadas no signifiquen favorecer a un tercero.

En un mundo interdependiente, la grandeza americana perseguida por Trump afecta, principalmente, a quienes hasta ahora habían sido sus socios económicos. Efectivamente, una de las primeras medidas adoptadas por el presidente ha sido anunciar su retirada de los acuerdos económicos que el país tenía con Latinoamérica o con Europa. Además, reavivando tensiones geopolíticas, ha alejado posturas con China (acercándose a Taiwán), con Europa (apoyando el BREXIT), y se aproximado al que hasta ahora era el gran enemigo: Rusia.

Oriente Medio, protagonista de las principales guerras que acontecen en la Sociedad Internacional, ha visto como Estados Unidos se alejaba de las conversaciones de paz celebradas en Astaná en favor del devenir sirio. Esto no implica que Trump se aleje del militarismo americano, sino que con esto Trump pretende reconsiderar la postura americana en el conflicto, y apoyar aquella que suponga un mal menor para su país, aunque por ella tenga que virar la actuación de Estados Unidos.

Trump es empresario. Por ello, sus políticas girarán en torno a alcanzar estrategias económicas que permitan mantener a Estados Unidos en lo más alto de la economía mundial. Europa[1] es su principal enemigo, y, por ende, el perdedor oficioso de la presidencia de Trump. El presidente, que apoyó el BREXIT, está decidido a reducir a la Unión Europea a los países que la conforman. Cabe recordar que la primera persona con la que Trump se reunió tras su triunfo electoral fue Nigel Farage, ideólogo de la salida británica de Europa. La competición económica país- país deja a Estados Unidos en lo más alto del escalafón económico. Ningún país europeo por sí mismo tiene poder para derrocar a Estados Unidos de ese escalafón.

En cuanto a África, destaca la capacidad que ha tenido Trump de reavivar sentimientos nacionalistas entre las minorías africanas que reivindican la independencia de sus pueblos. Así, Biafra (Nigeria) o Cabinda (Angola), han contado con el apoyo del presidente a lo largo de su campaña. El caso más destacable es el de Biafra, puesto que Estados Unidos ayudó a Nigeria a detener la independencia del enclave en 1966, y el Presidente ha defendido la mala gestión americana en esa guerra. Los movimientos nacionalistas africanos suponen una brecha en la consagración de la estabilidad de los países en los que se desarrollan. Hasta la fecha, estos han ocasionado diversas guerras (Malí, Sudán, Somalia, Burkina Faso, Níger, etcétera) que han requerido la intervención internacional y que, en muchos casos, aún no se han solventado. Contar con el apoyo de Estados Unidos puede provocar una reestructuración de las alianzas africanas y, además, incentivar el rechazo a los sistemas democráticos que se impusieron tras el fin de la Guerra Fría.

Latinoamérica también ha sido víctima de las primeras medidas adoptadas por Trump. Según un informe de la Comisión Económica para América Latina y Caribe, en la última década alrededor de un tercio de la inversión extranjera directa en la región procedió del país norteamericano. Por otra parte, en la última década, alrededor de un tercio de la inversión extranjera directa (IED) en América Latina y el Caribe procedió de Estados Unidos, que continúa siendo el principal país inversor extranjero en México (32%), Centroamérica (30%) y Colombia (18%), según datos de 2014[2]. La ruptura de los acuerdos comerciales con esta zona podría suponer un aislamiento de la zona sur americana. Pero, sin lugar a dudas, el principal afectado es México. Además del aislacionismo provocado por la ruptura de relaciones económicas de tal envergadura, el presidente de Estados Unidos ha potenciado el aislacionismo político y social, y ya es por todos conocido su ambición de crear un muro que denote las diferencias entre Estados Unidos y México.

Por último, la salida de EEUU del TPP deja a la región Asia- Pacífico desprovista de compromisos económicos eficaces. Aunque la región asiática del Pacífico es una de las que más crecimiento ha presentado en el último lustro, los tigres asiáticos han evolucionado gracias a los acuerdos económicos que implicaban una ayuda indirecta al desarrollo motivada por la liberalización de sus mercados. Con Estados Unidos fuera, podría negociarse la entrada de China a este tratado, situándose este país en una zona de supremacía frente a las economías, prósperas, pero más pequeñas.

En definitiva, la tendencia económica del presidente Trump está haciendo varias las alianzas forjadas a lo largo de varias décadas. Aunque parece que el presidente está más centrado en la economía que en la seguridad y otros ámbitos de la política internacional, cabe destacar que el origen de las guerras siempre tiene cuestiones económicas intrínsecas, que, además, motivan la intervención de actores ajenos a la misma, con intereses económicos puestos en la región en cuestión. Aunque Trump propicie la política interior estadounidense y motive el “Make America Great again” cabe destacar la dependencia del mercado global de un país que, durante tantos años, ha movido todos los hilos para ser un país esencial, un verdadero hegemón del que las principales políticas mundiales dependían. El “aislacionismo” americano puede reavivar odios, tensiones y dejar libres nuevos caminos bélicos que motiven enfrentamientos hasta ahora acallados. El proyecto de Trump dejará en evidencia que el interés económico es la base del resto de conflictos internacionales.


trumpworld
How Trump sees the world. Source: Huffington Post

Since his inauguration, Donald Trump has begun to apply everything he proposed throughout his campaign. For International Relations, Trump’s geopolitics is a turning point in which, if everything that is said by the president is already accomplished, a new world order will be developed.

US protectionism is the cornerstone of the new policy. “Make America great again” implies giving up everything that does not come from the American country. However, the international consequences will reach all geopolitical regions of the world.

Since the end of the Cold War, the United States had established itself as a global hegemon. To guarantee this position, the different governments of the country have ensured the worldwide dependence generated around the United States. However, this led to the creation of agreements that allowed the country to nourish itself with goods and services from different parts of the world, in order to ensure its relations with the strategic regions that it needed to maintain its global “hegemony”.

However, the emergence of new mini-foci, or powers of determined areas, such as the emergence of China as a world economic power, have caused the conception of the United States as the great owner of the world to be questioned by its main allies.

In fact, in the last years the world panorama has varied. Traditional alliances have evolved, and it has been possible to see how the United States moved away from Saudi Arabia through the nuclear pact reached with Iran in July 2015, or how Israel ceased to be the spoiled American boy, bringing positions to PLO leaders. Donald Trump has seen all this as a loss of American power, in favour of other states that compete to achieve the role of hegemon that, apparently, has been losing the United States. “Making America Big Again” involves fostering the inner. Ensure that all policies implemented do not mean favouring a third party.

In an interdependent world, American greatness pursued by Trump mainly affects those who until now had been its economic partners. Indeed, one of the first measures taken by the president has been to announce his withdrawal from the economic agreements that the country had with Latin America or with Europe. In addition, reviving geopolitical tensions, it has moved away from China (approaching Taiwan), Europe (supporting BREXIT), and approached what was hitherto the great enemy: Russia.

International, has seen the United States move away from the peace talks held in Astana in favour of the Syrian future. This does not imply that Trump moves away from American militarism, but with this Trump intends to reconsider the American position in the conflict, and to support that which supposes a lesser evil for his country, although by it has to turn the action of the United States.

Trump is an entrepreneur. Therefore, its policies will revolve around reaching economic strategies that will keep the United States at the top of the world economy. Europe is its main enemy, and therefore the unofficial loser of Trump’s presidency. The president, who supported the BREXIT, is determined to reduce the European Union to the countries that comprise it. It is important to remember that the first person with whom Trump met after his electoral triumph was Nigel Farage, ideologue of the British exit of Europe. The country-country economic competition leaves the United States at the top of the economic ladder. No single European country has the power to overthrow the United States.

As for Africa, he emphasizes Trump’s ability to rekindle nationalist sentiments among African minorities who claim the independence of their peoples. Thus, Biafra (Nigeria) or Cabinda (Angola), have had the support of the president throughout his campaign. The most notable case is that of Biafra, since the United States helped Nigeria to halt the independence of the enclave in 1966, and the President has defended American mismanagement in that war. African nationalist movements represent a breach in the stability of the countries in which they are developing. To date, these have led to various wars (Mali, Sudan, Somalia, Burkina Faso, Niger, etc.) that have required international intervention and, in many cases, have not yet been resolved. Having the support of the United States can lead to a restructuring of African alliances and, in addition, encourage the rejection of the democratic systems that were imposed after the end of the Cold War.

Latin America has also been a victim of the first steps taken by Trump. According to a report by the Economic Commission for Latin America and the Caribbean, in the last decade about one third of foreign direct investment in the region came from the United States. In the last decade, about one third of FDI in Latin America and the Caribbean came from the United States, which continues to be the main foreign investment country in Mexico (32%), Central America (30% %) And Colombia (18%), according to data from 2014. The rupture of the trade agreements with this zone could be an isolation of the South American zone. But, without a doubt, the main one affected is Mexico. In addition to the isolationism provoked by the rupture of economic relations of such a magnitude, the President of the United States has strengthened political and social isolationism, and is already known by all his ambition to create a wall that denote the differences between the United States and Mexico.

Finally, the departure of the US from the TPP leaves the Asia-Pacific region devoid of effective economic commitments. Although the Asian Pacific region is one of the fastest growing Asian countries in the last five years, Asian tigers have evolved thanks to economic agreements that involved indirect development aid due to the liberalization of their markets. With the United States off, China’s entry into this treaty could be negotiated, placing China in an area of supremacy over prosperous but smaller economies.

In short, the economic trend of President Trump is making several alliances forged over several decades. Although it seems that the president is more focused on the economy than on security and other areas of international politics, it should be noted that the origin of wars always has intrinsic economic issues, which, in addition, motivate the intervention of actors outside the same, with economic interests placed in the region in question. Although Trump favors US domestic policy and motivates the “Make America Great Again”, the dependence of the global market on a country that, for so many years, has moved all the threads to be an essential country, a true hegemon of which the main depended. American “isolationism” can rekindle hatreds, tensions, and free new warpaths that will lead to hitherto silent confrontations. The Trump project will show that economic interest is the basis of other international conflicts.

PATRICIA JURADO DE LA SANTA

[1] Informe oficial 2016 EEUU- UE http://www.cepal.org/es/publicaciones/40919-crisis-debates-globalizacion-europa-estados-unidos-implicaciones-america-latina

[2] Informe oficial 2014-2015 CEPAL http://www.cepal.org/es/node/35557

2 thoughts on “CONNOTACIONES GEOPOLÍTICAS DE “HACER GRANDE A AMÉRICA DE NUEVO”/Geopolitical connotations of “make America great again”

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto:
search previous next tag category expand menu location phone mail time cart zoom edit close