ARABIA SAUDI BUSCA ALTERNATIVAS/ Saudi Arabia seeks for alternatives

28949401152_70f4e880b9_b-700xArabia Saudí siempre ha sido un buen termómetro para valorar el estado de las relaciones internacionales en el contexto de guerra fría que se libra en Oriente Medio desde el final de la Segunda Guerra Mundial, del cual son parte activa países tan poderosos como EEUU, China o Rusia.

Pero antes de considerar por qué Arabia Saudí ejerce dicha función, hay que preguntarse ¿Qué la hace tan especial? La respuesta puede parecer obvia: es uno de los líderes mundiales en producción de petróleo. Pero el análisis de este actor, pese a la insoslayable importancia de su petróleo, no se debe limitarse a la producción de hidrocarburos:

  • Se trata de una de las potencias regionales que aspiran a convertirse en líderes del mundo islámico, más concretamente del Mashreq y parte de Asia Central.
  • Arabia Saudí es la principal referencia religiosa del mundo musulmán sunní. En su territorio se encuentran las ciudades sagradas de Meca y Medina, y es uno de los pocos países musulmanes que conserva su estabilidad sociopolítica.
  • Arabia Saudí es un miembro regular del top 5 de los países con mayores presupuestos de defensa del mundo, siendo su principal proveedor el mercado armamentístico Occidental.
  • El país es ideológicamente capitalista, diametralmente opuesto a iniciativas de corte revolucionario, y por ende contrario a movimientos reformadores de toda índole.
  • Arabia Saudí es geográficamente extensa, con una amplia zona de influencia que se proyecta sobre dos de los estrechos más importantes para el comercio marítimo mundial (Ormuz y Bab el Mandeb), pero al mismo tiempo se trata de un país poco poblado, con un total de habitantes que no llega a los 30 millones y del cual un 30% son inmigrantes[1].

A modo de síntesis del actor, nos encontramos ante un país con poca potencia demográfica pero grandes recursos económicos, cuya producción de hidrocarburos condiciona la economía mundial y le abre las puertas de las relaciones internacionales, bien por interés directo sobre dichos recursos o bien por interés en recibir las potentes inversiones que suele protagonizar. La bonanza económica y la estabilidad sociopolítica de Arabia Saudí provocan que se trate de un actor tendente a querer asumir el rol de líder regional, lo que lo enfrenta frontalmente con Irán (su principal competidor), compensando sus limitaciones demográficas con la asunción del rol de líder religioso sunní y tratando de incidir militar y económicamente en los países de su esfera de influencia.

Siguiendo este somero análisis, podríamos determinar que las motivaciones principales de Arabia Saudí son el liderazgo del mundo musulmán y la asunción del rol de hegemón regional. Esto encaja con la archiconocida teoría de la jerarquía de necesidades de Maslow que, si bien está diseñada para su aplicación a la motivación individual, podría también extrapolarse al nivel de las motivaciones de un estado. Siguiendo este modelo, y estableciendo paralelismos con un organismo vivo, Arabia Saudí tendría satisfechas sus necesidades fisiológicas (que podrían corresponderse con la explotación de recursos fundamentales, el territorio y el gobierno), así como sus necesidades de seguridad (defensa, estabilidad, economía, empleo, paz social) y de afiliación (relaciones con vecinos, relaciones internacionales, presencia en organismos, alianzas), por lo que las necesidades que podrían motivar las decisiones del ejecutivo saudí se ubicarían en un nivel de reconocimiento (prestigio, peso diplomático, liderazgo, hegemonía).

En base a lo anteriormente expuesto, se podría argumentar que muchas de las acciones internacionales de Arabia Saudí han estado motivadas por dicha búsqueda de reconocimiento; desde asumir el puesto de líder del comité de Derechos Humanos de la ONU, hasta la participación en la guerra civil yemení, pasando por las idas y venidas en las relaciones con sus vecinos (Egipto).

Los últimos 5 años han sido especialmente significativos para el devenir de la región. Mientras Arabia Saudí trataba de inundar el mercado del petróleo para provocar caídas de precios y hundir a sus rivales, en lo que fue una estrategia comercial muy arriesgada, EEUU, principal socio histórico de los saudíes, traicionó los intereses del reino wahabita aliviando la presión sobre Irán y apoyando milicias y gobiernos chiíes en el desastre de Iraq.

Ante la situación de freno a su política comercial, la reducción del interés en la situación en Oriente Medio y el coqueteo con Irán, lo esperable de un país cuya motivación principal es alcanzar el poder hegemónico regional sería que buscase apoyo en otras superpotencias que pudieran ofrecer lo que EEUU no parece estar dispuesto a dar. Y es en este escenario de búsqueda de alternativas en el que aparece la omnipresente China.

China, que continúa postulándose como la opción en la que ambas partes ganan; que continúa su expansión diplomática y comercial, tratando de llevar a término uno de los proyectos comerciales más ambiciosos de la historia de la humanidad, tanto por tierra como por mar: la nueva ruta de la seda.

China no pone condiciones ideológicas, políticas, sociales o religiosas a sus socios, sólo importa el acuerdo, lo cual supone un hándicap a favor en comparación con cualquiera de las potencias occidentales, y, pese a ser un socio de Irán, China ya ha demostrado que puede tratar simultánea y eficazmente con poderes antagónicos, pero quizás los juegos malabares de China no sean suficientes para satisfacer las ansias de reconocimiento de los saudíes. Cabe indicar que los acercamientos entre China y Arabia Saudí ya son una realidad, hasta el punto de firmarse grandes inversiones[2] y acuerdos de venta de material militar[3] [4] entre ambos países.

En definitiva, Arabia Saudí se encuentra inmersa en un juego a dos bandas que, de prolongarse el estancamiento en sus relaciones con Occidente, podría desembocar en una búsqueda real de alternativas más allá del coqueteo, lo que sería un paso de gigante para el colosal proyecto comercial chino y un enorme varapalo para la industria armamentística occidental, que podría ver mermados los pedidos de uno de sus mejores clientes, por no mencionar las impredecibles consecuencias geopolíticas de la entrada de lleno de otra superpotencia en las luchas de poder de Oriente Medio.


China's President Xi Jinping and Saudi King Salman bin Abdulaziz Al-Saud arrive for a welcoming ceremony at the Great Hall of the People in Beijing
Saudi Arabian King’s China visit. Source: The Indian Express

Saudi Arabia has always been a good thermometer for assessing the state of international relations in the context of a Cold War in the Middle East since the end of World War II, in which such powerful countries as the United States, China, or Russia are involved.

But before considering why Saudi Arabia plays this role, one must ask oneself “what makes Saudi Arabia so special?” The answer may seem obvious: it is one of the world leaders in oil production. But the analysis of this actor, despite the unavoidable importance of its oil, should not be limited to the production of hydrocarbons:

  • It is one of the regional powers aspiring to become leaders of the Islamic world, more specifically the Mashreq and part of Central Asia.
  • Saudi Arabia is the main religious reference of the Sunni Muslim world. In its territory are the sacred cities of Mecca and Medina, and it is one of the few Muslim countries that has socio-political stability.
  • Saudi Arabia is a regular member of the top 5 countries with the largest defense budgets in the world, with its main supplier being the Western arms market.
  • The country is ideologically capitalist, opposed to “revolutionary nature” initiatives, and therefore opposed to reformist movements of all kinds.
  • Saudi Arabia is geographically extensive, with a large area of influence projecting over two of the most important straits for the world maritime trade (Ormuz and Bab el Mandeb), but at the same time it is a sparsely populated country with a total population that does not reach 30 million and of which 30% are immigrants.

As a synthesis of the actor, we find a country with little demographic power but great economic resources, whose production of hydrocarbons can condition the world’s economy and opens them the doors to international relations, either by direct interest in these resources or by interest In receiving their powerful investments. Saudi Arabia’s economic boom and socio-political stability provoke an actor tending to assume the role of regional leader, which confronts it face to face with Iran (its main competitor), compensating for its demographic limitations with the assumption of the role of Sunni religious leader and trying to influence militarily and economically in the countries of its sphere of influence.

Following this brief analysis, we could determine that the main motivations of Saudi Arabia are the leadership of the Muslim world and the assumption of the role of regional hegemon. This fits in with the well-known theory of Maslow’s hierarchy of needs that, while designed for application to individual motivation, could also be extrapolated to the level of a state’s motivations. Following this model, and establishing parallels with a living organism, Saudi Arabia would have satisfied its physiological needs (which could correspond with the exploitation of fundamental resources, territory and government), as well as its security needs (defense, stability, Employment, social peace) and affiliation (relations with neighbours, international relations, presence in organisms, alliances), so that the needs that could motivate the decisions of the Saudi executive would be placed in a level of recognition (prestige, diplomatic weight, leadership, Hegemony).

Based on the above, it could be argued that many of Saudi Arabia’s international actions have been motivated by such a search for recognition; From assuming the position of leader of the UN Human Rights Committee, to participation in the Yemeni civil war, through the comings and goings in relations with its neighbours (Egypt).

The last 5 years have been especially significant for the future of the region. As Saudi Arabia sought to flood the oil market to drive down prices and plunge its rivals, in what was a very risky trading strategy, the United States, Saudi Arabia’s main historical partner, betrayed the interests of the Wahhabi kingdom by easing pressure on Iran and supporting Shiite militias and governments in the Iraqi disaster.

In the face of a situation in which its commercial policy, its reduction in interest in the situation in the Middle East, and the flirtation with Iran, the expectation of a country whose main motivation is to achieve regional hegemonic power would be to seek support in other superpowers that might offer which the US does not seem to be willing to give. And it is in this scenario of search for alternatives in which appears the omnipresent China.

China, which continues to stand as the option in which both sides win; Which continues its diplomatic and commercial expansion, trying to carry out one of the most ambitious commercial projects in the history of mankind, both by land and by sea: the new route of silk. China does not put ideological, political, social or religious conditions to its partners, only matters the agreement, which supposes a handicap in favour in comparison with any of the western powers, and despite being a partner of Iran, China has already shown that it can deal effectively with antagonistic powers, but perhaps China’s juggling is not enough to satisfy Saudis’ recognition craving. It should be noted that the ties between China and Saudi Arabia are already a reality, to the point of signing large investments agreements and agreements for the sale of military equipment between the two countries.

In short, Saudi Arabia is immersed in a two-sides game in its relations with the West and China, and it could lead to a real search for alternatives beyond flirtation, which would be a giant step for the colossal Chinese commercial project and a huge blow to the western arms industry, which could see disappear the orders from one of its best customers, not to mention the unpredictable geopolitical consequences of the entry of another superpower into the power struggles of the Middle East.

FERNANDO LAMAS MORENO

[1] https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/geos/sa.html

[2] http://www.economiahoy.mx/internacional-eAm-mexico/noticias/8227491/03/17/Arabia-Saudita-y-China-firman-acuerdos-de-65000-mdd.html

[3] https://mundo.sputniknews.com/defensa/201609031063229431-wing-loong-dron-saudi-china/

[4] http://www.hispantv.com/noticias/china/334526/dron-wing-loong-comprador-pedido-exportacion-militar

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