LA POLÍTICA AISLACIONISTA DE TRUMP/ The isolationist politic of Trump

Era de sobra conocido que Trump iba a ser un presidente centrado, mayoritariamente, en los problemas de fronteras para dentro en Estados Unidos, más que en los de la esfera internacional.

Sin embargo, dicha idea está sufriendo continuos bandazos, como se ha puesto de manifiesto en los últimos acontecimientos. En la pasada gira asiática que realizó a principios de noviembre, visitando cinco países en doce días, Trump no logró imponer una tradicional, pero menguante supremacía estadounidense en una zona que avanza hacia la integración independiente.

Los motivos que llevaron a cabo dicha gira fueron dos. En primer lugar, conseguir ampliar las sanciones a Corea del Norte, así como arrancar el compromiso chino de esta idea. Y, en segundo lugar, explicar las nuevas reglas del juego de Estados Unidos en el terreno de lo comercial en estos cinco países con los que USA registra un déficit comercial estructural. Ambos propósitos resultaron ser todo un fracaso y Trump intentó remontarlos proponiendo dos alternativas más.

La primera fue el empleo del término Indo-Pacífico para referirse a la región de Asía Pacífico, donde se encuentra el 60% del PIB global; siete de los ocho mercados en más rápido crecimiento, dos tercios de la población mundial y siete de los diez ejércitos más poderosos en la tierra. En otras palabras, la zona de mayor relevancia geopolítica a medio plazo y en la que Estados Unidos pierde influencia frente a China.

El objetivo de plan sería desarrollar la región, mediante el fortalecimiento de los lazos con sus principales aliados, Australia y Japón, mayoritariamente, y Corea del Sur en menor medida (debido a las diferencias que surgieron con el nuevo gobierno progresista acerca del régimen de Kim Jon-Un y su acuerdo de comercio bilateral). Además, incluiría a India para formar una alianza que ayude a contrarrestar el papel protagonista que pretende tener China en la zona.

Sin embargo y debido a la salida del TPP, la estrategia de Trump estaría obsoleta ya que “carece de un componente económico serio”, apunta Evan Medeiros, del grupo de análisis de riesgo Eurasia Group y antiguo asesor para Asia de la administración de Obama. Al haber renunciado unilateralmente a las reglas comerciales fijadas en el TTP, Estados Unidos tendría que negociar diferentes acuerdos de comercio bilaterales con todos y cada uno de los países de la zona. Esta tarea es sumamente compleja porque, además de tener que considerar un sinfín de pequeños detalles e interese específicos de cada nación, ha de estar en equilibrio con la voluntad de la administración Trump

de que no le “aten de manos” al gobierno de Estados Unidos, y no “priven” de su tradicional supremacía.

La segunda fue el ofrecimiento, que hizo en la cumbre de ASEAN, de ser el mediador en la disputa del Mar Meridional de China, disputa que enfrenta a China, Vietnam y Filipinas, los cuales mantiene su contencioso más agrio en esas aguas.

Sin embargo, y a pesar de que no ha habido una respuesta oficial, China no va a dejar que Estados Unidos se implique en esta causa ya que, la resolución de los conflictos en dichas aguas, pueden poner en peligro su ansiado plan, que lleva dos años cocinando a fuego lento: la ruta de la Seda.

Por tanto, y debido a las políticas aislacionistas y rupturistas de la nueva administración estadounidense, China está destinada a encabezar el tablero de ajedrez de Asia central. Esto ha permitido al presidente Jinping presentarse como una alternativa (frente a Trump) y aparecer como el defensor del multilateralismo y el comercio libre.

Este nuevo papel se puede ver traducido en su principal proyecto de política exterior, la mencionada ruta de la Seda, en la que ya se han invertido 36.000 millones de euros para sufragar proyectos y que consiste en crear una red de conexiones principalmente de infraestructura ferroviarias de gran capacidad, para potenciar el transporte y comercio que enlace a China, a través de Asia, con el resto del mundo. Aun en sus primeros pasos y con unas infraestructuras muy limitadas, en comparación con las rutas marinas comerciales tradicionales desde Guangzhou y Shanghái, el tiempo de viaje con Europa por conexión ferroviaria lleva poco más de 13 días por tren de carga frente a los 36 días por barco de contenedores. Y dicho tiempo podría rebajarse sustancialmente, consiguiendo que el coste por tonelada/km. se acerque notablemente a los costes totales de transporte por barco.

Este plan, según el propio Xi Jinping, es “una oportunidad que permitirá el desarrollo de los países más pobres de alrededor y crear toda clase de sinergias”. En cambio, muchos críticos señalan la imagen de un plan para conseguir un aumento de la influencia China en toda Asia y conseguir ser la nueva potencia dominante, algo que está muy presente en el lema del propio Jinping: “Ser en Asia lo que Estados Unidos es en Occidente”.

Pero para el despertar de las antiguas rutas de Europa y Asia, China tendrá que esperar un poco más, puesto que “es difícil encontrar proyectos sólidos”, como comenta Tom Miller, de Govekal Economics. “Pekín es consciente de que parte de las inversiones serán a fondo perdido”. Unas inversiones, en las que China espera invertir 732.000

millones de euros en los próximos cinco años. Y esto se debe al problema entre la relación de tiempo-precio, la cual está aún en desventaja frente al barco.

Además, desde marzo de este año, se impulsó el RCEP, el acuerdo comercial impulsado por China, India y Japón. The Regional Comprehensive Economic Partnership es el acuerdo comercial que están negociando Australia, Brunei, Camboya, Corea del Sur, China, Filipinas, India, Indonesia, Japón, Laos, Malasia, Myanmar, Nueva Zelanda, Singapur, Tailandia y Vietnam. Un acuerdo que permitirá crear un área libre de comercio, agrupando el 40% del comercio internacional, así como el 45% de la población (más de 3.000 millones de personas). Un acuerdo que favorece el intercambio de bienes y servicios y de la que Estados Unidos no forma parte.

Con esto, vemos el claro objetivo de China, ser el hegemón comercial en una zona en la que los derechos y las libertades individuales están reprimidos. Según un análisis de Amnistía Internacional, “numerosos gobiernos dieron muestras de un sobrecogedor desdén por la libertad, la justicia y la dignidad, y no escatimaron esfuerzos por silenciar las voces de la oposición y suprimir tanto las protestas como el activismo —incluida la disidencia online—, recurriendo a medidas represoras, directamente mediante la fuerza o aplicando cínicamente leyes nuevas y otras consideradas en desuso”. Los casos más evidentes son la censura de las redes sociales abiertas en China (donde no funciona Twitter, Facebook, Instagram o Google) para impedir la difusión no controlada por el gobierno chino de noticias, los Spy Files Rusia ,que sistemáticamente interceptan todas las conversaciones telefónicas y el tráfico de internet en el país o la persecución y despido de centenares de periodistas y decenas de miles de disidentes políticos en Turquía.

Toda esta situación, por tanto, evidencia que Trump solo va a centrarse en cumplir sus propuestas electorales, estando la mayoría de estas centradas a nivel nacional. Un ejemplo de esto fue la primera victoria política de Trump, su reforma fiscal que consistirá en una bajada de los impuestos (siendo las empresas las principales beneficiadas); una bajada del impuesto de sociedades del 35% al 20%; la duplicación del mínimo exento a las familias (de 12.000 a 24.000 dólares por pareja) y la eliminación de la reforma sanitaria de Obama.

Asimismo, ayer el Tribunal Supremo estadounidense aprobó el tercer veto migratorio emitido por Trump, el cual establece fuertes limitaciones de ingresos los ciudadanos de Irán, Libia, Siria, Yemen, Somalia, Chad, Corea del Norte y (en menor medida) Venezuela.

Vivimos en un nuevo tablero de juego, en el que el hegemón ya no pertenece a Estados Unidos, sino que oscila entre aquellas potencias que quieren hacerse con él:

Rusia y China. Además, hay otras piezas que están empezando a cobrar importancia, como son los países del Golfo (principalmente Arabia Saudí), Francia (que intenta recuperar su papel histórico en el mundo), Canadá y algunos países asiáticos, como India. Mientras, otras se están debilitando, como sería el caso de Reino Unido (debido al Brexit y a sus fallidas negociaciones), o Alemania (debido a que la presidente Merkel no consigue formar gobierno).

En este contexto, y como parte de esa política errática que salta de focalizarse en sólo los intereses y asuntos internos del país, a crear escenarios llenos de imprevisibles consecuencias, Trump acaba de anunciar el reconocimiento y posterior traslado de su embajada a Jerusalén como capital del estado de Israel.

Al margen de su escasa efectividad, lo que es evidente es su efecto tensionador. Todos los países occidentales y árabes han manifestado apresuradamente que no lo comparten, y que la propia ONU ha recordado que en su resolución de creación de los estados de Israel y de Palestina, la ciudad de Jerusalén tenía un status internacional compartido, no perteneciendo a ninguno de los dos estados. Primero, es necesario un acuerdo de paz que estabilice la zona, y después un reconocimiento. En ese orden.

Una vez más, la actual política de Estados Unidos no es aislacionista, es egocentrista, basada en el ego y la personalidad de Trump, que considera tiene el derecho y la obligación de alterar las reglas del juego donde y cuando a él le parezca que favorece los intereses de Estados Unidos, sin importar las consecuencias.

Y, ¿qué que gana USA con todo ello? El tiempo lo dirá, pero no parece que sea muy rentable crear tantos problemas a tantos vecinos, por muy fuerte que seas.

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Trump on tour, Asia – Source: Daily Express

It was of surplus acquaintance that Trump was going to be a centered president, for the most part, in the problems of borders inwardly in The United States, more than in those of the international sphere.

Nevertheless, the above-mentioned idea is suffering continuous jolts, since it has been revealed in the last events. In the past Asian tour that he realized at the beginning of November, visiting five countries in twelve days, Trump did not manage to impose the traditional, but diminishing, American supremacy in a zone that advances towards the independent integration.

The motives that carried out the tour were two. First, to manage to extend the sanctions to North Korea, as well as to extract the Chinese commitment of this idea. And, secondly, to explain the new rules of the game of the United States in the field of the commercial in these five countries with which the USA registers a structural commercial deficit. Both intentions turned out to be the whole failure and Trump tried to mend them proposing two more alternatives.

The first was the use of the Indo-Pacific term to refer to the Asia Pacific region, where 60% of global GDP is found; seven of eight markets in faster growth, two thirds of the world population and seven of ten more powerful armies in the land. In other words, the zone of major geopolitical medium-term relevancy and in that the United States loses influence opposite to China.

The aim of plan would be to develop the region, by means of the strengthening of the bows with his principal allies, Australia and Japan, for the most part, and South Korea in minor measure (due to the differences that arose with the new progressive government brings over of Kim Jon-Un regime and his agreement of bilateral trade). In addition, he would include India to form an alliance that there helps to offset the role protagonist who tries to have China in the zone.

Nevertheless, and due to the exit of the TPP, Trump’s strategy would be obsolete since ” it lacks an economic serious component “, Evan Medeiros appears, of the group of analysis of risk Eurasia Group and former adviser for Asia of Obama’s administration. On having had resigned unilaterally the commercial rules concentrated on the TTP, The United States would have to negotiate different bilateral agreements of trade with each of the countries of the zone. This task is extremely complex because, besides having to consider an endless number of small details and the specifics interests of every nation, must be in balance with the will of the administration Trump of which not ” abide of hands ” the government of The United States, and “do not obtain” of his traditional supremacy.

The second one was the offer, which he did in the summit of ASEAN, of being the mediator in the dispute of the Southern sea of China, dispute that faces China, Vietnam and Philippines, which it supports his contentious tarter in these waters.

Nevertheless, and in spite of the fact that there has not been an official response, China is not going to leave that the United States is involved in this reason because, the resolution of the conflicts in the above-mentioned waters, they can put in danger his longed plan, which goes two years cooking to slow fire: The Silk Road.

Therefore, and due to the political isolationists and rupturists of the new American administration, China is destined to head the chessboard of Central Asia. This has allowed to the president Jinping to appear as an alternative (opposite to Trump) and to appear as the defender of the multilateralism and the free trade.

This new role can be seen translated into its main foreign policy project, the above-mentioned Silk Road, in which 36,000 million euros have already been invested to cover projects and which consists of creating a network of connections mainly of rail infrastructure. great capacity, to enhance transport and trade that link China, through Asia, with the rest of the world. Even in its first steps and with very limited infrastructures, compared to the traditional commercial marine routes from Guangzhou and Shanghai, the travel time with Europe by rail connection takes just over 13 days by freight train compared to 36 days by container ship. And that time could be substantially reduced, getting the cost per ton / km. is remarkably close to the total transport costs per ship.

This plan, according to Xi Jinping himself, is “an opportunity that will allow the development of the poorest countries around and create all kinds of synergies”. Instead, many critics point to the image of a plan to achieve an increase in Chinese influence throughout Asia and to become the new dominant power, something that is very present in Jinping’s own motto: “Being in Asia what the United States it’s in the West”.

But for the awakening of the old routes of Europe and Asia, China will have to wait a little longer, since “it is difficult to find solid projects,” says Tom Miller, from Govekal Economics. “Beijing is aware that part of the investments will be completely lost”. Some investments, in which China hopes to invest 732,000 million euros in the next five years. And this is due to the problem between the time-price relationship, which is still at a disadvantage compared to the ship.

In addition, since March of this year, the RCEP was promoted, the trade agreement promoted by China, India and Japan. The Regional Comprehensive Economic Partnership is the trade agreement being negotiated by Australia, Brunei, Cambodia, South Korea, China, the Philippines, India, Indonesia, Japan, Laos, Malaysia, Myanmar, New Zealand, Singapore, Thailand and Vietnam. An agreement that will create a free trade area, grouping 40% of international trade, as well as 45% of the population (more than 3,000 million people). An agreement that favors the exchange of goods and services and of which the United States is not a party.

With this, we see the clear objective of China, to be the commercial hegemon in an area where individual rights and freedoms are repressed. According to an analysis of International Amnesty, “numerous governments gave samples of an impressiv disdain for the freedom, the justice and the dignity, and did not curtail efforts for silencing the voices of the opposition and suppressing both the protests and the activism – included the dissent online-, resorting to repressors measures, directly by means of the force or applying cynically new and different laws considered in disuse “. The most evident cases are the censorship of the social networks opened in China (where there does not work Twitter, Facebook, Instagram or Google) to prevent the diffusion not controlled by the Chinese government of news, the Spy Files Russia, which systematically intercept all the telephonic conversations and the Internet traffic in the country or the pursuit and dismissal of hundreds of journalists and dozens of thousands of political dissidents in Turkey.

All this situation, therefore, demonstrates that alone Trump is going to center on fulfilling his electoral offers, being the majority of these centered on the national level. An example of this was the Trump’s first political victory, his fiscal reform that will consist of a descent of the taxes (being the companies the benefited principal ones); a descent of the tax of companies of 35 % to 20 %; the duplication of the exempt minimum to the families (from 12.000 to 24.000 dollars for couple) and the elimination of Obama’s sanitary reform.

Likewise, on Tuesday, the Supreme American Court approved the third migratory veto emitted by Trump, which establishes strong limitations of income the citizens of Iran, Libya, Syria, Yemen, Somalia, Chad, North Korea and (in minor measure) Venezuela.

We live in a new board of game, in that the hegemon already does not belong to the United States, but it ranges between those powers that want to be done by him: Russia and China. In addition, there are other pieces that are start receiving importance, like the Gulf States (principally Saudi Arabia), France (that tries to recover his historical role in the world), Canada and some Asian countries, as India. While, others are weakening, since it would be the case of United Kingdom (due to the Brexit and his unsuccessful negotiations), or Germany (due to the fact that Merkel does not manage to form government).

In this context, and as part of this erratic politics that jumps of be focusing in only the interests and internal matters of the country, to creating stages full of unforeseeable consequences, Trump has just announced the recognition and posterior movement of his embassy to Jerusalem as the capital of the state of Israel.

To the margin of his scanty efficiency, what is evident is his effect tensioner. All the western and Arabic countries have demonstrated hurriedly that they do not share it, and that the own ONU has remembered that in his resolution of creation of the state of Israel and of Palestine, the city of Jerusalem had an international shared status, not belonging to any of the two states. First, a peace agreement is needed to stabilize the area, and then a recognition. In that order.

Once again, the current politics of The United States is not an isolationist, is egocentric, based on the ego and Trump’s personality, which he considers he has the right and the obligation to alter the rules of the game where and when it seems to him that it favors the interests of The United States, without importing the consequences.

And, what does the USA win with all this? Time will tell, but it does not seem to be very profitable to create so many problems for so many neighbors, no matter how strong you are.

 

MARTA E. MOLINA

 

Fuentes

https://www.globalpoliticsandlaw.com/2017/03/03/recp-el-gran-acuerdo-comercial-de-china-india-y-japon/

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