ANÁLISIS ESTRATÉGICO: ¿GOLFO PÉRSICO O ARÁBIGO? COMPARANDO LA PRESENCIA EN EL GOLFO/ Strategic analysis: Persian or Arabian Gulf? Comparing presence at the Gulf

Origen del debate y aproximación tradicional de la comunidad internacional y España. Relevancia estratégica del Estrecho de Ormuz.
El pasado mes de octubre el presidente estadounidense, Donald J. Trump, provocó un estallido de protestas a lo largo de la nación persa, al referirse al espacio geográfico situado entre el litoral sureño de Irán, y los Estados del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) e Iraq como “el Golfo Arábigo”. Esta área marítima, con una extensión de 155.000 km2 y una profundidad media de 50 metros que la convierten en una plataforma continental en su conjunto [1], ha sido tradicionalmente conocida bajo la denominación de “Golfo Pérsico”, y su valor estratégico es tal, que incluso la disputa por determinar su nombre constituye uno de los pivotes del conflicto entre Arabia Saudí e Irán, entre las polarizadas identidades árabe y persa enarboladas por las partes, en la búsqueda del dominio regional.
El origen de la instrumentalización de uno u otro término para articular proyecciones de
poder y reivindicar, como expuso el experto Frederic Wehrey, “la propiedad del Golfo” [2], se remonta a mediados del siglo XX, cuando varios factores convergentes dan lugar a la rivalidad geopolítica árabe/persa que, en términos generales y siempre con un fuerte componente pragmático, se ha reproducido hasta la actualidad:

1) Según Reza Dehghani del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, la característica fundamental del Golfo es “la presencia de grandes depósitos de petróleo y gas en el fondo marino” [3]. Ante un contexto de descolonización en los territorios árabes de la cuenca, y estando aún sin delimitar sus fronteras territoriales con los mismos, Irán procedió rápidamente a designar al “Golfo Pérsico como área prioritaria natural” [4] para sus intereses y la seguridad regional, con la finalidad de justificar la explotación de los recursos, y alegando la histórica adhesión del Golfo a su existencia como ente nacional. Para el Estado persa, esto engendraba una ventaja geopolítica adicional sobre los vecinos árabes, pues aplicando el concepto jurídico de plataforma continental, se aseguraría el control del mayor porcentaje de aguas territoriales en el único tramo fronterizo compartido con aquéllos.

2) Frente a la anterior asunción, el debate emergió realmente con el creciente protagonismo de la designación de “Golfo Arábigo” en la década de los cincuenta. A la luz de un informe de Naciones Unidas publicado en 2006, la potencia colonial británica impulsó y legitimó su uso en los protectorados árabes, sembrando el germen para la disputa [5]. Coincidiendo con el auge del panarabismo representado por figuras como Nasser o Qasim, este movimiento nacionalista se apropió del término y, a principios de los sesenta, ya era ampliamente utilizado con fines políticos y securitarios, lo cual se intensificó a partir del vacío generado por la salida de Gran Bretaña de Oriente Medio.
Dicho documento de la ONU, con afán de crear consenso en la comunidad internacional, aporta argumentos transversales para corroborar la vigencia del nombre de “Golfo Pérsico”, atendiendo a su uso histórico, ya en la Antigüedad, por civilizaciones diferentes a la persa; en acuerdos jurídicos internacionales y mapas modernos y a la extensión geográfica y demográfica que la República Islámica representa en el Golfo, mayor por sí sola que cualquier Estado árabe. En el caso de EE.UU., a pesar de sumarse oficialmente a esta aproximación, la estrecha cooperación con los regímenes árabes ha hecho que, entre los militares norteamericanos, “se entienda que es un gesto amistoso de solidaridad y apoyo […] hacia nuestros aliados del CCG el usar el término que ellos prefieren”, como comentó el comandante Kevin Stephens de la 5ª Flota al New York Times. Por su parte, España, cuya relación con la región se basa principalmente en intercambios comerciales en torno al problema de la dependencia energética [6], se une a la perspectiva de la ONU, pero existe una tendencia a imitar la simplificación anglosajona de “el Golfo”, según el ex embajador español en Irán José Mª Sierra Nava, “para eludir el problema de cómo calificarlo” [7].
Más allá del antagonismo regional, el Golfo –a falta de un término integrador- tiene una importancia estratégica global que, en buena medida, podría resumirse en la posición privilegiada del Estrecho de Ormuz, situado entre el Golfo y el Mar Arábigo, siendo “el cuello de botella más relevante del mundo, debido al flujo de 17 millones de barriles de petróleo al día en 2011, [representando] el 35% del comercio marítimo de hidrocarburos y casi el 20% del comercio global de petróleo” [8]. La dependencia económica de los países del Golfo de este lugar de tránsito, su importancia para la energía mundial y el elevado grado de conflicto que su posesión plantea se encuentran en el seno de la disputa por el nombre del enclave marítimo.
Entonces, ¿qué denominación sería la más adecuada para el Golfo -Pérsico o Arábigo-, en función del grado de presencia y la capacidad de influencia de cada parte en el espacio geoestratégico? Para ello, se van analizar tres tipos de factores: 1) demográfico/étnico; 2) económico/comercial y 3) militar. Comparando la presencia árabe y persa en el Golfo, se podrá evaluar qué identidad domina en el balance regional de poder.

Factor demográfico/étnico

1

En 2017, los valores demográficos absolutos de Irán superan ampliamente cualquiera de las poblaciones de los Estados con mayoría árabe en el Golfo. Sin embargo, si sumásemos los números de los países del CCG e Iraq, el cómputo total quedaría muy igualado al dominio demográfico persa. En este sentido, hay que tener en cuenta que, mientras Irán se posiciona en solitario a la vanguardia de la causa étnica, el resto de Estados del Golfo encarnan regímenes que exaltan un origen árabe, lo que refleja su ventaja en cuanto a la cifra de actores políticos estatales impulsando la reclamación geopolítica, independientemente de la relativa intensidad que le confieran en su discurso de política exterior.

Por otro lado, la composición étnica en el Golfo está transformándose a un ritmo vertiginoso, quedando demostrado por “la gran y –aparentemente- semipermanente población de trabajadores del sur y sudeste de Asia” [10], lo que afecta sustancialmente al espectro cultural y lingüístico de la región, cada vez más fluido. Pero aún más  importante, como argumenta el experto en el Golfo Lawrence G. Potter, es que “el papel que juegan los puertos y la mezcla de población […] reflejan lo que la sociedad del Golfo Pérsico siempre ha sido: parte del mundo del Océano Índico en términos de gente, comercio, cultura y apariencia.” [11]
Frente a una diversidad étnica y cultural previa al establecimiento de las fronteras, los Estados regionales activan políticas de identidad que persiguen construir pasados nacionales imaginados, que a su vez implican la diferenciación con respecto del “Otro”, pudiendo así legitimar comportamientos asertivos en sus relaciones interestatales. A pesar del progresivo alcance de dichas políticas, las vastas diásporas de habla árabe y farsi a cada lado del Golfo, unidas al constante flujo de inmigración en los últimos años –principalmente, hacia los Estados árabes-, hacen de aquél un espacio transnacional en el que no prima una sola etnia. Consecuentemente, el factor demográfico no puede ser determinante a la hora de valorar la influencia árabe/persa en el Golfo.

Los actores regionales vienen adoptando dos grandes conductas que ponen de manifiesto el dilema estratégico que representa el Golfo: 1) la inversión y la mejora de la infraestructura comercial y de producción dentro de la formación geográfica y 2) la diversificación económica en pos de rutas alternativas. Por un lado, se refleja el –por ahora- carácter inevitablemente dependiente hacia el tránsito por el Golfo. Como ejemplo, Arabia Saudí, en 2012, exportó el 75% del crudo nacional a través del mismo [12]. Por otro, se evidencia la vulnerabilidad económica que dicha dependencia materializa, y ante posibles escenarios de riesgo nada favorables, como sería el hipotético cierre del Estrecho de Ormuz por Irán, los Estados árabes potencian otras vías por las que dar salida a sus economías en continua expansión. No obstante, dado el tremendo potencial de la región para consolidarse como centro financiero y logístico internacional, y las limitadas opciones para evitar Ormuz, cabe esperar que la competición se centre principalmente en estas aguas. En el desarrollo de políticas para incentivar la actividad económica en el Golfo, los regímenes árabes han tomado claramente la delantera.

2

Conforme a los últimos datos recabados por el Banco Mundial en 2015, el PIB de Irán representaría únicamente el 60% del saudí, y escasamente el 25% si se agregasen los PIBs de los países árabes del Golfo [13]. A ello, se añade la clara superioridad de la explotación energética de Arabia Saudí y EAU, tanto de hidrocarburos como en el incipiente mercado de las energías renovables, en el que destaca Abu Dabi, con el objetivo de satisfacer el 24% de las necesidades energéticas nacionales para 2020 [14].

Mientras tanto, el Estado persa posee la segunda reserva regional de crudo más grande y la mayor reserva de gas del mundo, pero “se ve obligado al consumo de la mayor parte de la producción de gas, teniendo a su vez que importarlo”, según la investigadora Amal Abu-Warda Pérez, por las deficiencias de la producción y la escasez de infraestructura.
La exportación iraní se encuentra altamente concentrada en el Golfo, así como las aspiraciones de afianzarse como foco comercial privilegiado dentro de una red macrorregional que interconecte a los gigantes asiáticos de China e India [15]. El Ministerio de Carreteras y Desarrollo Urbano estima que el puerto de Shahid Rajaee, al norte del Estrecho, recibe aproximadamente la mitad del comercio internacional del país [16]. A éste le sigue la ciudad portuaria de Bandar Abbás, cuya refinería ha incrementado notablemente el rendimiento diario mediante nuevas inversiones que ascienden a los 445 millones de dólares. Salvo algún proyecto destacable respaldado por
inversión extranjera, como el del puerto de Chabahar, los intereses comerciales de Irán
se mantienen subordinados al devenir del Golfo.

Sin embargo, el volumen de tráfico, el alcance internacional y los medios de los puertos árabes en el Golfo sobrepasan holgadamente al rival persa. El ejemplo innegable lo representa la macroestructura de Jebel Alí, en Dubái, el único puerto en Oriente Medio que se encuentra entre los diez primeros del mundo en tamaño. A pesar de situar a EAU como líder en la industria marítima regional, siguen impulsándose nuevas mejoras y ampliaciones, dando lugar en 2016, a una capacidad total de 15 millones de T.E.U., acorde con datos del Middle East Institute [17]. También despuntan los puertos de Kizad y Zayed en Abu Dabi, con 1,5 millones de T.E.U., siendo cada vez más útiles a la estrategia de diversificación de EAU hacia exportaciones no energéticas y el sector servicios. Para Arabia Saudí, reforzar la actividad en los enclaves del Golfo va a ser esencial si pretende cumplir el objetivo de aumentar las exportaciones no petrolíferas del 16% al 50% en 15 años [18].

Frente al predominio económico árabe, la república persa posee una ventaja estratégica disuasoria que le permite, hasta cierto punto, ejercer una política de encarecimiento, e incluso bloqueo, en el Golfo: la amenaza de cierre del Estrecho de Ormuz. No obstante, como lo prevé un estudio del CSIS (Center for Strategic and International Studies), cerrar el Golfo estimularía una guerra fatal para Irán, pudiendo desencadenar una intervención militar internacional y graves efectos sobre su propio comercio [19], por lo que constituye un gesto intimidatorio más que un escenario factible.

Factor militar
Análisis DAFO – Equilibrio militar en el Golfo.

3

En el caso de la República Islámica, destaca la laxa preponderancia en cuanto al número de efectivos, pero éste es un factor generalmente secundario en conflictos modernos con un fuerte componente tecnológico, además, existen serias dudas acerca del grado de profesionalismo que pueden llegar a ejercer dichas fuerzas militares. Por otro lado, cuenta con el atributo geográfico que le permite desplegar artillería a lo largo del Golfo con gran efectividad, si bien su letalidad queda en entredicho ante una clara deficiencia en precisión. En este sentido, el escenario más ventajoso para Irán exigiría la reproducción de un conflicto de baja intensidad, en el que la maestría en la aplicación de la “guerra asimétrica” seguiría generando resultados positivos en forma de victorias parciales, en una diversidad de cuestiones de la región.
Entre los Estados árabes del Golfo, la escasez de personal y el déficit de cooperación se ven sobradamente compensados por la superioridad armamentística-tecnológica y la presencia y proyección de los aliados internacionales. Asimismo, poseen mayores y mejores oportunidades que Irán para inclinar decisivamente la balanza a su favor. Sin embargo, su actual predominio militar es dependiente de un factor externo tendente a cambiar, esto es, la alianza estratégica con las potencias occidentales.

Conclusión y Prospectiva
Ante el carácter persistente de la rivalidad árabe-persa, no parece que la denominación del Golfo vaya a dejar de ser un elemento de discordia y una táctica narrativa para proclamar el dominio regional en los años venideros. No obstante, alcanzar fórmulas conciliadoras, negociadas y aceptadas por las partes y que desechen las vicisitudes del sectarismo, puede convertirse en una vía estratégica para influir en el enfriamiento de dicha conflictividad.
En esta dirección ha conducido Lawrence G. Potter varios de sus estudios, con el objetivo de demostrar la naturaleza transnacional y multicultural del Golfo, en lugar de su mera concepción como territorio adyacente al mundo árabe o persa [20]. Hace falta una voluntad de construir un conocimiento mutuo y compartido, que también involucre a las minorías étnicas y tenga en cuenta la pluralidad de escalas geográficas en que el Golfo juega un papel relevante. Fomentar una visión integradora, con la que las partes se encuentren conformes y no puedan evocar algún tipo de rechazo, podría poner fin a la disputa sobre el nombre del Golfo.


Full analysis in English here: VERSIÓN EN INGLÉS-STRATEGIC ANALYSIS-PERSIAN OR ARABIAN GULF – Comparing presence at the Gulf

 

JAVIER BORDÓN OSORIO

Fuentes/Sources:

1) Mojtahedzadeh, P. (2007). Boundary Politics and International Boundaries of Iran. Florida: Universal Publishers.

2) Zraick, K. (2016). Persian (or Arabian) Gulf Is Caught in the Middle of Regional Rivalries, New York Times. Disponible en: https://www.nytimes.com/2016/01/13/world/middleeast/persian-gulf-arabian-gulf-iransaudi-arabia.html

3) Dehghani, R. (2009). Continental Shelf Delimitation in the Persian Gulf. New York: The United Nations-Nippon Foundation Fellowship Programme.

4) Abu-Warda, A. (2010). La política exterior iraní. El Golfo Pérsico como área de acción prioritaria, Estudios Internacionales de la Complutense, vol. 12, nº 1.

5) United Nations Group of Experts on Geographical Names (2006). Historical, Geographical and Legal Validity of the Name: Persian Gulf. Working paper No. 61. Disponible en: https://unstats.un.org/unsd/geoinfo/UNGEGN/docs/23-gegn/wp/gegn23wp61.pdf

6) Saldaña, M. & Montero, S. (2012). Estudios de caso de política exterior española hacia el mundo árabe y musulmán: Países del Golfo, Universidad Autónoma de Madrid. Disponible en: https://revistas.uam.es/index.php/reim/article/download/877/865

7) Sierra Nava, J.M. (1992). ¿Golfo Arábigo o Golfo Pérsico?, El País. Disponible en: https://elpais.com/diario/1992/05/24/opinion/706658408_850215.html

8) U.S. Energy Information Administration (2012). The Strait of Hormuz is the world’s most important oil transit chokepoint, U.S. Department of Energy. Disponible en: https://www.eia.gov/todayinenergy/detail.php?id=4430

9) Central Intelligence Agency (2017). Country Comparison: Population, CIA World Factbook. Disponible en: https://www.cia.gov/library/publications/the-worldfactbook/rankorder/2119rank.html

10) Holes, C.D. (2011). Language and Identity in the Arabian Gulf, Journal of Arab Studies, pp. 129-145.

11) Potter, L.G. (2017). Society in the Persian Gulf: Before and After Oil, Center for International and Regional Studies, Georgetown University Qatar.

12) Lavelle, M. (2012). Iran’s Undisputed Weapon: Power to Block the Strait of Hormuz, National Geographic News. Disponible en: https://news.nationalgeographic.com/news/energy/2012/02/120206-iran-strait-ofhormuz-oil-supply/

13) World Bank (2015). National accounts Data / GDP. Disponible en: https://data.worldbank.org/indicator/NY.GDP.MKTP.CD

14) Hussain, J. (2015). Energy Alternatives and the Future of Oil and Gas in the Gulf, Al-Jazeera Centre for Studies, Mecca. Disponible en: http://studies.aljazeera.net/en/dossiers/2015/03/201533183514675179.html

15) Cafiero, G. & Baker, A. (2016) G.C.C., Iran Look to Sea Trade to Reduce Dependence on Oil, Middle East Institute. Disponible en: http://www.mei.edu/content/article/gcc-iran-look-sea-trade-reduce-dependence-oil

16) Iran’s Ministry of Roads and Urban Development (2017). Ports and Maritime Organization. Disponible en: http://www.pmo.ir/en/home

17) Cafiero, G. & Baker, A. (2016) G.C.C., Iran Look to Sea Trade to Reduce Dependence on Oil, Middle East Institute. Disponible en: http://www.mei.edu/content/article/gcc-iran-look-sea-trade-reduce-dependence-oil

18) Ibídem.

19) Cordesman, A.H. & Toukan, A. (2016). Iran and the Gulf Military Balance. Washington: Center for Strategic & International Studies. Disponible en: https://www.csis.org/analysis/iran-and-gulf-military-balance-1

20) Potter, L.G. (2017). Society in the Persian Gulf: Before and After Oil, Center for International and Regional Studies, Georgetown University Qatar.

Makarechi, K. (2017). Trump Trolls Iran by Reigniting “Persian Gulf” War, Vanity Fair. Disponible en: https://www.vanityfair.com/news/2017/10/trump-arabian-gulfpersian-gulf-iran

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