NICARAGUA, SIGUIENDO LOS PASOS DE VENEZUELA/ Nicaragua: following the footsteps of Venezuela

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The massive demonstration of the past day 28 in Managua against the government of Daniel Ortega. Photo: JORGE TORRES (EFE)

Pocos pensaban que, en Nicaragua, situada entre Honduras y Costa Rica, y con una superficie de 130.370 km2, fuera a convertirse en un escenario de conflicto y tensión dentro de la desasosegada América Latina.

 

El motivo fueron las protestas sociales, que comenzaron el pasado 18 de abril, con motivo de la aprobación de la reforma del sistema de Seguridad Social, para rescatar al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), al borde de la quiebra por 10 años de mala administración y derroche de los fondos aportados por los trabajadores, la cual puso a los nicaragüenses en pie de guerra.

Esta reforma consistía en unas nuevas tasas de la Seguridad Social, en el que tanto empleados como empresarios hubieran tenido que contribuir más con sus salarios (entre un 19% y un 22,5%), mientras que los jubilados hubieran visto reducida sus pensiones debido a que les hubieran quitado más dinero para cubrir los gastos médicos.

Además, dicha reforma se aprobó a instancias del Fondo Monetario Internacional, el cual le recomendó que hiciera un cambio en la política de la Seguridad Social antes de que la situación se agravase haciendo imposible la sostenibilidad de sus finanzas tras cinco años consecutivos de déficit. La empresa privada, por su parte, se distanció de Ortega tras 11 años de complacencia con el régimen.

Y así, tanto los universitarios (siendo los primeros en alzarse), como empresarios y jubilados salieron a la calle, creando la mayor revuelta social en los últimos 10 años. Las protestas inicialmente surgieron en Managua y León, pero rápidamente se extendieron otras diez ciudades, incluidas Granada, Masaya y Matagalpa.

Los manifestantes fueron reprimidos por grupos de choque del gobierno y policías antidisturbios, dejando diez muertos, de acuerdo con datos oficiales, y al menos 28, según diversos organismos de derechos humanos. Finalmente, y tras las diferentes muestras de rechazo por parte de gobiernos extranjeros ante la actuación del gobierno, Ortega decidió dar marcha atrás con la reforma y abrir un debate.

Este fin de semana, cientos de miles de nicaragüenses tomaron las calles y ya no se trataba de que el presidente diera marcha atrás con su reforma del sistema de Seguridad Social, sino para pedir democracia, justicia y respeto a los derechos humanos, necesidades elementales que en la Nicaragua de Daniel Ortega brillan por su ausencia.

 

Después de 17 años y tres fracasos electorales, Ortega regresó al poder en el 2007. Y tras 11 años de relativa paz social, estas protestas han sacado a relucir el gran descontento de una población que ha sido gobernada mediante decreto y mano dura.

Durante estos años Ortega afianzó su poderío forjando alianzas con diferentes sectores. El primero de ellos fue la policía nacional y el ejército, el cual, a base de decretos, redujo su control civil y creo una relación directa entre la Presidencia y ambos estamentos.

Otro de los grupos de interés fueron los empresarios, a los cuales les dotó de una estabilidad y grandes facilidades para hacer negocios a cambio de la no intromisión en sus decisiones políticas, convirtiéndose en un país atractivo para atraer inversores. Aquí hay que destacar el apoyo financiero venezolano (de 3.300 millones de euros desembolsados a partir de 2007), con el que pudo controlar los nuevos medios de comunicación, crear nuevas empresas y la creación de la burguesía ortegista.

Sin embargo, y como en todo régimen con tintes autoritarios, Ortega silenció las voces críticas, encerró a los opositores, oprimió con violencia cualquier tipo de manifestación que cuestionara su autoridad y otorgó plena libertad a los cuerpos de seguridad de matar a cualquier potencial rival. Además, con su reforma de 2011, eliminó los candados que le prohibían la reelección y se aseguró el control del Tribunal Electoral.

En otras palabras, transformó Nicaragua en toda una dictadura “soft”, pero con apariencia de democracia, que, al carecer de un equilibrio de poderes, ha acabado creando una gran desigualdad social.

La reforma de la Seguridad Social no fue más que la gota que colmó el vaso entre una juventud que debe estudiar y trabajar al mismo tiempo para que, en palabras de Víctor Cuadras, estudiante de Ingeniería Química de la Universidad Nacional de Ingeniería, “para que tu dinero sea robado por un Gobierno que lo único que ha hecho es utilizar las arcas del INSS como su alcancía para pagar los gustos de sus hijos”.

 

Con esta ultimas protesta se han empezado a hacer trizas el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo, el cual aprobó decretos, leyes y, según múltiples denuncias, malversó fondos públicos para adaptarlo a sus fines e intereses sin preocuparse por un pueblo que antes estaba amedrentado, pero ya no le teme.

Con este despertar, se ha creado un movimiento de oposición que tiene muchas posibilidades de sobrevivir a la coyuntura actual y a la presión política que puedan ejercer en el futuro y que está dispuesto a sentarse en el diálogo ofrecido por Ortega que, por ahora, solo es simbólico. Inevitablemente, esta situación se asemeja mucho a lo que sucedió meses atrás con el inicio de las protestas en Venezuela.

En ambos casos, se sigue le mismo patrón: un gobierno autoritario con una máscara de democracia, pero con cuerpo de dictadura, que actúa buscando sus propios intereses  (robando con disimulo, malversando fondos públicos, eliminando toda forma de crítica y controlando los medios), y que oprime  a una sociedad, la cual, tras varios años de abusos y vulneración de los derechos fundamentales (entre ellos derecho a la vida, a la integridad física y moral, libertad de creencias, a la igualdad ante la ley, a una comunicación libre, a la libertad de expresión), despierta de su estado de trance y están dispuestos a poner remedio para salvar a su país que ha estado bajo la crueldad, la corrupción y la opresión que representa el dictador disimulado.

 

El actual escenario internacional se ha convertido en uno cada vez más complejos e impredecible. Cada día supone un nuevo movimiento enrevesado de pronosticar, en el que la disponibilidad universal de la innovación tecnología permite que se puedan denunciar delitos que, sin la existencia de herramientas tan útiles como las redes sociales, serían enterradas en una fosa común.

Nicaragua o bien puede aprender de los errores cometidos en territorio venezolano y conseguir un verdadero cambio de rumbo de la nave, evitando la huida de sus pasajeros a barcos cercanos (Costa Rica-Honduras) y garantizar su transición hacia la democracia, o bien tendrá que entrar en un círculo lascivo de lucha, agravando aún más la situación.


Few ones were thinking that, in Nicaragua placed between Honduras and Costa Rica, and with a surface of 130,370 km2, out to turning into a scene of conflict and tension inside the disturbed Latin America.

The motive were the social protests, which began last April 18, on the occasion of the approval of the system of National Health Service, to rescue the Nicaraguan Institute of National Health Service (INSS), at the edge of the bankruptcy for 10 years of bad administration and waste of the funds contributed by the workers, which put the Nicaraguans in foot of war.

This reform consisted of new Social Security rates, in which both employees and employers would have had to contribute more with their salaries (between 19% and 22.5%), while the retirees would have seen their pensions reduced that they had taken more money to cover medical expenses.

In addition, this reform was approved at the request of the International Monetary Fund, which recommended that it make a change in the Social Security policy before the situation became worse, making the sustainability of its finances impossible after five consecutive years of deficit. The private company, for its part, distanced itself from Ortega after 11 years of complacency with the regime.

And this way, both the students (being the first ones in raising), and businessmen and pensioners went out to the street, creating the best social revolt in the last 10 years. The protests initially arose in Managua and León, but rapidly Masaya and Matagalpa spread other ten cities, included Granada, Masaya and Matagalpa.

The manifestations were suppressed by groups of shock of the government and riot police, leaving ten dead men, in agreement with official information, and at least 28, according to diverse organisms of human rights. Finally, and after the different samples of rejection by foreign governments before the government’s actions, Ortega decided to backtrack with the reform and open a debate.

This weekend, hundreds of thousands of Nicaraguans took the streets and already it was not a question that the president was reversing with his reform of the system of National Health Service, but to ask for democracy, justice and respect to the human rights, elementary needs that in Daniel Ortega’s Nicaragua shine for his absence.

After 17 years and three electoral failures, Ortega returned to power in 2007. And after 11 years of relative social peace, these protests have brought to light the great discontent of a population that has been ruled by decree and hard-line.

During these years Ortega strengthened its power by forging alliances with different sectors. The first of them was the national police and the army, which, based on decrees, reduced their civil control and created a direct relationship between the Presidency and both estates.

Other one of the groups of interest they were the businessmen, to which he provided them with a stability and big facilities to do business in exchange for not interference in his political decisions, turning into an attractive country to attract investors. Here it is necessary to emphasize the financial Venezuelan support (of 3.300 million Euros spent from 2007), with that it could control the new mass media, create new companies and the creation of the middle class ortegista.

However, as in any regime with authoritarian overtones, Ortega silenced critical voices, locked opponents, violently oppressed any type of demonstration that questioned his authority and granted full freedom to the security forces to kill any potential rival. In addition, with its 2011 reform, it eliminated the locks that prohibited him from re-election and secured the control of the Electoral Court.

In other words, he transformed Nicaragua into the whole dictatorship “soft”, but with appearance of democracy, which, on having lacked a balance of power, has finished creating a great social inequality.

The reform of Social Security was nothing more than the straw that broke the camel’s back among a youth that must study and work at the same time so that, in the words of Víctor Cuadras, a student of Chemical Engineering at the National University of Engineering, “so that your money is stolen by a government that has only used the INSS coffers as their piggy bank to pay for the tastes of their children. “

With this one you finalize protest they have started doing shreds the government of Daniel Ortega and Rosario Murillo, which approved decrees, laws and, according to multiple denunciations, embezzled public funds to adapt it to his purposes and interests without worrying for a people that before was intimidated, but already it is not afraid of him.

With this awakening, an opposition movement has been created that has many possibilities of surviving the current situation and the political pressure that may be exercised in the future and that is willing to sit in the dialogue offered by Ortega, which, for now, is only symbolic. Inevitably, this situation is very similar to what happened months ago with the start of the protests in Venezuela.

In both cases, the same pattern is followed: an authoritarian government with a mask of democracy, but with a body of dictatorship, which acts by seeking its own interests (stealing with dissimulation, misappropriating public funds, eliminating all forms of criticism and controlling the media) , and that oppresses a society, which, after several years of abuses and violation of fundamental rights (among them the right to life, to physical and moral integrity, freedom of belief, to equality before the law, to a free communication, freedom of expression), awakens from its trance state and are willing to put a remedy to save your country that has been under the cruelty, corruption and oppression that represents the disguised dictator.

The current international scenario has become increasingly complex and unpredictable. Each day is a new convoluted movement to forecast, in which the universal availability of technology innovation allows you to report crimes that, without the existence of tools as useful as social networks, would be buried in a common grave.

Nicaragua can either learn from the mistakes made in Venezuelan territory and get a true change of direction of the ship, avoiding the flight of its passengers to nearby ships (Costa Rica-Honduras) and guarantee its transition towards democracy, or it will have to enter a lascivious circle of struggle, further aggravating the situation.

 

MARTA E. MOLINA

SOURCES

 

 

 

 

 

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