LUCHA POR LA HEGEMONÍA EN ORIENTE MEDIO DESDE TURQUÍA/ Struggle the hegemony in the Middle East by Turkey

Turkey-Politics_Horo-2-e1464087123834-635x357 (1)Los acontecimientos de los últimos meses han acelerado las relaciones diplomáticas y económicas de los países de Oriente Medio en busca de la posición hegemónica en la región. La caída del precio del petróleo, el levantamiento de las sanciones a Irán, el conflicto en Siria e Irak con el incipiente terrorismo del Daesh y el incesante flujo de refugiados hacia Europa han despertado nuevas alianzas –algunas hasta entonces imposibles- y cambios de dirección política. Ahora, el pulso por la hegemonía en la región no se encuentra protagonizado exclusivamente por Irán y Arabia Saudí –hasta el momento los máximos representantes de las principales ramas religiosas del islam y líderes políticos en la región-, sino que también se ha adelantado Turquía a esta posición aprovechando el giro de los acontecimientos y su frágil situación interna.

Esta última semana, Irán y Turquía han acercado posturas en materia económica (el mercado energético) y política (Siria) para lidiar con el desafío que supone el conflicto en Siria y la posible desintegración de dicho régimen. No obstante, en el plano político aún difieren bastante ambas potencias –mientras la representante del mundo chií salvaguarda el régimen alauita de Assad para mantener su estratégica alienación territorial de supremacía chií desde el corazón de Teherán hasta las tierras del Líbano dominadas por la milicia Hezbollah, el gobierno de Ankara condena el régimen de Siria y se abstiene de intervenir junto con Estados Unidos para no favorecer el fortalecimiento de una dirección política que no le interesa-; aunque Irán ha asegurado a Turquía que velará por la integridad del territorio sirio –cerrando la posibilidad de una mayor autonomía y poder a los kurdos, la mayor preocupación de Erdogan-, facilitando la cercanía entre ambos países con la presentación de una estrategia e interés común. Ambos países buscan ser la puerta de las exportaciones e importaciones desde Oriente Medio hacia Occidente, aprovechando la caída del protagonismo de Arabia Saudí.

Por otro lado, estamos observando un reciente interés por el presidente turco Erdogan hacia el continente africano después de que China y Rusia estuvieran también expandiendo sus influencias por esas tierras tras la pérdida de aceptación por los países de este continente hacia la presencia occidental. Turquía quiere asegurarse un sitio en el continente, porque sin inversión económica más allá de sus fronteras y sin presencia política además de la establecida con Europa y la OTAN, no puede marcar su hegemonía ni autonomía de otros poderes influyentes; además de que supone una jugada maestra para ocupar el espacio que muchos países occidentales no se han atrevido a traspasar por motivos de seguridad. Desde el 2009, Turquía ha ampliado de 7 a 34 el número de embajadas en el África subsahariana, así como el número de rutas de vuelo de sus aerolíneas, superando a las de Emiratos. No obstante, como asegura un analista keniata, la política ideológica y de línea dura de Erdogan puede suponer un inconveniente para sus inversiones en el continente, en competencia con los otros líderes en la región, aunque su enfoque en África se ha centrado –como era de esperar- en países de mayoría sunní –como Uganda, Somalia y Kenia.

La expansión de la influencia de Turquía va, además, en relación con la reestructuración de relaciones con países con los que había mantenido una conexión tensa, y esto se ha producido no sólo con Irán, sino también con Israel -con quien establecerá una reunión la próxima semana tras el levantamiento del veto establecido hacia la cooperación entre OTAN e Israel- y Rusia –con quien tiene varios frentes abiertos en relación con Siria, Crimea y su espacio aéreo, pero con quien ha reabierto conversaciones de reconciliación.


0,,19298777_401,00The events during the last months have accelerated the diplomatic and economic relations of the Middle East in search of the hegemonic position in the region. The fall of the oil prices, the lifting of the sanctions to Iran, the conflict in Syria and Iraq with the incipient terrorism of Daesh and the incessant flow of refugees to Europe have raised new alliances -some believe to be impossible- and changes in political direction. Now, the pulse for hegemony in the region is not starring exclusively by Iran and Saudi Arabia -heads of the main branches of the Islam and political leaders in the region-, but Turkey has also advanced to this position taking advantage of the turn of the events and due to its fragile internal situation.

This past week, Iran and Turkey have closer positions on economic issues (energy market) and political (Syria) to deal with the challenge of the conflict in Syria and the possible disintegration of the regime. However, at the political level still differ considerably both -while the representative of the Shiite world safeguard the Alawite Assad regime to maintain its strategic territorial alienation of Shiite supremacy, from the heart of Tehran to the lands of Lebanon dominated by Hezbollah militia, the Ankara government condemns the Syrian regime and refrains from intervening with the United States to not favor the strengthening of a political leadership that does not interest him-; although Iran has assured Turkey that it will ensure the integrity of the Syrian territory -closing the possibility of greater autonomy and power to the Kurds, the biggest concern of Erdogan-, facilitating closeness between the two countries with the presentation of a strategy and a common interest. Both countries seek to be the gateway of exports and imports from the Middle East to the West, taking advantage of the fall of the role of Saudi Arabia.

On the other hand, we are seeing a recent interest by Turkish President Erdogan to the African continent after China and Russia were also expanding their influence in these lands after the loss of acceptance by the countries of this continent to the Western presence. Turkey wants to secure a place on the continent, because without economic investment and political presence beyond its borders, it can not make its hegemony and autonomy of other influential powers; besides, to occupy the space that many Western countries have not dared to cross for security reasons he plays a leader role. Since 2009, Turkey has expanded from 7 to 34 the number of embassies in sub-Saharan Africa and the number of flight routes of its airlines, beating the UAE. However, as a Kenyan analyst says, its ideological position and the Erdogan’s hardline policy may be inconvenient for its investments in the continent, in competition with other leaders in the region, although its position on Africa has focused, as was expected, in countries of Sunni majority like Uganda, Somalia and Kenya.

The expansion of the Turkish influence also is in relation to the restructuring of relations with countries with which it had maintained a tight connection, and this has occurred not only with Iran but also with Israel -with whom the country set up a meeting next week after the lifting of the veto to the cooperation between NATO and Israel- and Russia -with whom it has several fronts in relation to Syria, Crimea and its airspace, but they have reopened reconciliation talks.

MARTA GARCÍA OUTÓN

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