ELECCIONES EN ALEMANIA: NUEVOS RETOS/ Elections in Germany: new challenges

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German Chancellor, Angela Merkel, while casting the vote in Berlin, Germany. KAI PFAFFENBACH REUTERS

Alemania volvió a votar este pasado domingo para elegir al capitán de un barco que zarpará para una travesía de 4 años. Y, con el 34,7% de los votos, Angela Merkel vuelve a convertirse en el canciller alemán por cuarta vez consecutiva.
Lo más destacado de estos comicios fue la bajada de los socialistas del SDP, el cual obtuvo un 21,6% (a diferencia del 25,7% del año 2013), siendo el resultado más bajo de la historia del partido Socialista.
También, la irrupción de la extrema derecha representada por el partido de xenófobo (Alternative für Deutschland, AfD), siendo esta la primera vezdesde la segunda Guerra Mundial. La AfD, tras quedarse a las puertas del Bundestag en el 2013, se ha posicionado como la tercera fuerza más votada, por debajo de los liberares (FDP), los de izquierda (Die Linke) y los verdes (Grünen).
El líder del grupo parlamentario del SDP, Thomas Operan, declaró tras conocerse las primeras difusiones de los sondeos a pie de urna, que su “partido irá a la oposición”. Esto se traduce en el fin de la coalición que se formó con el CDU en 2013.
Con estas seis fuerzas políticas con representación parlamentaria (una más que en los anteriores comicios) se va a tener que formar un parlamento que estará marcado por la diversidad de opiniones e ideologías, algo que obstruirá la rápida formación de un gobierno.
Por tanto, volvemos a tener a Merkel, tras 12 años consecutivos y sin interrupciones, a frente del gobierno. Los buenos datos económicos han sido el imán que ha atraído a sus votantes. En estos 12 años, sus logros se han traducido en una reducción de las desigualdades entre el Este-Oeste, una bajada del desempleo (de 11,5 % al 5,7% actual), la aprobación de nuevas leyes, entre ellas las del salario mínimo (1.498 euros al mes), la introducción de la cuota (30%) femenina en las grandes empresas y la legalización del matrimonio homosexual (la cual la propia Merkel voto por el NO).
Pero, con indiferencia del partido político con el que tenga que negociar para poder gobernar, nos encontramos con una Alemania que ha incrementado sus tensiones sociales lo cual se traduce en el mayor número de trabajadores en riesgo de pobreza y la cifra de pluriempleados.
Esto se debe a la concepción alemana de “pobre”. Alemania no mide la pobreza “absoluta” sino la “relativa”: se cuenta como pobre a quien sufre privaciones y desventajas importantes con respecto al promedio de la población. En comparación, la Unión Europea considera a una persona en riesgo de pobreza cuando su ingreso mensual es inferior al 60% del ingreso medio nacional, mientras que en Alemania la barrera se sitúa en 930 euros netos para un soltero o 1.651 euros para un matrimonio con un hijo. Con una renta percapita de 41.936 USD 2016, unos 36.842 €, empleando el criterio del 60% los “pobres” serían los que ingresaran menos de unos 1.700 €/mes. El problema está en la desigual distribución de la riqueza, que hace que esos 1.700 € teóricos se conviertan en los 930 “prácticos”.
Pero, a pesar de que el gobierno alemán destinó el año pasado 1387676 millones euros en ayudas sociales y redistribución (53 millones más con respecto al 2015), la desigualdad sigue vigente.
Según el director del Instituto de Trabajo y Economía de la Universidad de Bremen, Günter Warsewa, asegura que “las decisiones que tomó el gobierno alemán a finales de 1990 para fortalecer la economía y el empleo se hicieron a base de promover formas precarias de empleo y, por tanto, con la creación de un importante segmento de trabajadores pobres. Los problemas sociales son el precio que, en la actualidad, tiene que pagar Alemania por tener una economía fuerte. Una situación que alentó la reducción de impuestos para las empresas o los ciudadanos ricos, pero obligó a forzar los ajustes en beneficios sociales o a ignorar el futuro desarrollo demográfico”.
Con ello, tenemos un país cuya confianza empresarial se encuentra en niveles altos de eficiencia pero la brecha entre ricos y pobres ha aumentado. Dicha desigualdad se ha creado a partir de la modalidad laboral del año 2003, bajo el mandato de Gerhard Schröder, basado en los “minijob” (unos empleos que tienen un límite de remuneración que no está sujeto al pago de cotizaciones y que está fijado en 450 euros al mes). Una modalidad que, a pesar de influir de manera positiva en las estadísticas, favorece la pobreza, la marginalidad laboral y la precariedad. Además, el envejecimiento de la población pondrá también en jaque a un sistema de pensiones que ya ofrece magras compensaciones a los jubilados y tensionará aún más el sistema de atención a los dependientes
Por otro lado, el aumento de la migración también ha podido ser otra de las causas que haya acrecentado dicha barrera entre pobres-ricos. Desde el 2015, Alemania ha recibido cerca de 1,3 millones de inmigrantes. Estos han supuesto para Berlín cientos de millones de euros en integración. Los peticionarios de asilo tienen sanidad y alojamiento gratuitos desde los primeros días. Los menores tienen garantizada una escuela y a los adultos se les ofrecen cursos de alemán gratuitos. Pero muy pocos están consiguiendo acceder al mercado laboral a pesar de que hay vacantes en muchos sectores por todo el territorio nacional. La burocracia es una de las principales trabas (problemas de reconocimiento de títulos, por ejemplo), pero el problema del idioma o de la falta de formación formal de los recién llegados son también graves obstáculos para que logren su primer trabajo.
Dicha política de migración ha provocado una gran controversia en el exterior pero, sobre todo, dentro del país debido a los seis atentados terroristas (alguno de ellos a manos de refugiados) perpetrados en el país empezando en febrero del 2016 en la estación central de ferrocarriles de Hannover, donde una marroquí-alemana de 15 años hiere gravemente a un policía con un cuchillo.
Con el transcurso de los atentados, se empezó a generar un miedo y una desconfianza en la población alemana hacia la llegada de los refugiados, que se ha traducido en el alza del partido xenófobo AfD (Alternativa para Alemania). En una de sus últimas apariciones, Weidel dijo que “Alemania se ha convertido en refugio seguro para criminales y terroristas de todo el mundo. El Islam pone en peligro la paz en Alemania”.
Por tanto, el AfD va a suponer un gran obstáculo para la lucha de Merkel por la reforma del derecho de asilo, que pretende instaurar un sistema de reparto en la UE de los refugiados que llegan a su territorio, retornando al punto donde se dejó: Polonia y Hungría se niegan a acoger refugiados, bloqueando el consenso necesario para lograr cualquier acuerdo.
Finalmente, el gobierno de Merkel tendrá que hacer frente a un reto más: la deficiencia de las infraestructuras alemanas.
Dentro del esqueleto físico que compone dichas estructuras los huesos más afectados han sido el de las escuelas y autopistas. A pesar de que estamos ante una potencia económica, cuyo PIB ocupa el cuarto puesto mundial, por encima de Reino Unido y Francia y con una economía de 3,5 billones de dólares, la realidad de esta deficiencia se traduce en un aumento de las llamadas “escuelas ruinosas” (nombre que surgió a partir de una campaña en las que aparecían colegios en los que no funcionaban ni los baños) y una duración de unas 7 horas entre Berlín y Frankfurt (distancia de 547 km) por unas autopistas en las que no hay límite de velocidad.
Esta falta de financiación se debe a que el gobierno alemán ha puesto más atención en el conocido como “Schwasze Null” (presupuesto federal “en negro”, es decir sin números rojos o déficit) que a la inversión pública. Según el KFW (banco de desarrollo alemán), se estima que Alemania necesitaría una inversión de 126.000 millones de euros en infraestructuras, de los cuales 33.000 millones irían a escuelas y 34.000 millones a carreteras.
Con todo ello, Merkel tiene por delante una legislatura compleja para encarar los retos pendientes de su cuarta legislatura si quiere seguir siendo la primera potencia económica y política de una Europa que va a comenzar un periodo de mudanza hacia una Unión Europa unida, reformada y reforzada frente a los populismos y nacionalismos.


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German elections – GIASP, Marta E. Molina

Germany returned to vote this last Sunday to choose the captain of a boat who will set sail for a voyage of 4 years. And, with 34,7 % of the votes, Angela Merkel returns to turn into the German chancellor for fourth consecutive time.
The more emphasized from these assemblies was the descent of the Socialists of the SDP, which obtained 21,6 % (unlike 25,7 % of the year 2013), being the lowest result of the history of the socialist party.
Also, the irruption of the extreme right represented by the party of xenophobic (Alternative für Deutschland, AfD), being this the first time since the second World War. The AfD, after remaining on the verge of the Bundestag in 2013, has been positioned as the most voted third force, below you will liberate (FDP), those of left (Die Linke) and the green (Grünen).
The leader of the parliamentary group of the SDP, Thomas Operan, declared after the first diffusion of the polls know by foot of urn, that his “party will go to the opposition”. This means the end of the coalition that was formed by the CDU in 2013.
With these six political forces with parliamentary representation (one more that in the previous assemblies) is going to have to forma parliament that will be marked by the diversity of opinions and ideologies, something that will obstruct the rapid formation of a government.
Therefore, we return to have Merkel, after 12 consecutive years and without interruptions, to front of the government. The good economic information has been the magnet that has attracted her voters. In these 12 years, her achievements have translated in a reduction of the inequalities between the East-West, a descent of the unemployment (from 11,5 % to 5,7% current), the approval of new laws, among them those of the minimum wage (1.498 Euros a month), the introduction of the quota (30 %) feminine in the big companies and the legalization of the homosexual marriage (which the own Merkel voted for NOT).
But, listlessly of the political party with the one that must negotiate to be able to govern, we think a Germany that has increased his social tensions which is translated in the major number of workers in risk of poverty and the number of multiemployers.
This owes to the German conception of “poor person”. Germany does not measure the “absolute” poverty but the “relative one”: one counts as poor person to whom suffers privations and important disadvantages with regard to the average of the population. In comparison, the European Union considers a person in risk of poverty when his monthly revenue is lower than 60 % of the average national revenue, whereas in Germany the barrier places in 930 clear Euros for a bachelor or 1.651 Euros for a marriage with a son. With a revenue per capita of 41.936 USD 2016, approximately 36.842 €, using the criterion of 60 % the “poor” would be those who were depositing less approximately 1.700 €/month. The problem is in the unequal distribution of wealth, which does that this 1.700 € theoretical turn into the 930 “practical ones”.
But, in spite of the fact, that the German government destined last year 1387676 million Euros in social helps and redistribution (53 more millions with regard to 2015), the inequality is still in force.
According to the director of the Institute of Work and Economy of the University of Bremen, Günter Warsewa, he assures that “the decisions that the German government took at the end of 1990 to strengthen the economy and the employment were done based on promoting precarious forms of employment and, therefore, with the creation of an important segment of poor workers. The social problems are the price that, at present, has to pay Germany for having a strong economy. A situation that encouraged the reduction of taxes for the companies or the rich citizens, but it forced to force the adjustments in social benefits or to ignoring the future demographic development”.
With it, we have a country which business confidence is in high levels of efficiency, but the gap between rich and poor has increased. The above-mentioned inequality has been created from the labor modality of the year 2003, under Gerhard Schröder’s mandate, based on the “minijob” (a few employments that have a limit of remuneration that is not subject to the payment of quotes and that is fixed in 450 Euros a month). A modality that, despite influencing in a positive way the statistics, favors the poverty, the labor marginality and the precariousness. In addition, the aging of the population will put also in check to a system of pensions that already offers lean compensations to the pensioners and will tense furthermore the system of attention to the dependent.
On the other hand, the increase of the migration also could have been different of the reasons that the above-mentioned barrier has increased between poor-rich. From 2015, Germany has received near 1,3 million immigrants. These have supposed for Berlin hundreds of million Euros in integration. The petitioners of asylum have health and housing free from the first days. The minors have a school guaranteed and to the adults they offer German free courses. But very few ones are managing to accede to the labor market in spite of the fact that there are vacancies in many sectors for the whole national territory. The bureaucracy is one of the principal hobbles (problems of recognition of degrees, for example), but the problem of the language or of the lack of formal formation of the newcomers they are also serious obstacles in order that they achieve their first work.
The above-mentioned politics of migration has provoked a great controversy in the exterior but, especially, inside the country due to six terrorist attacks (someone of them to refugees’ hands) perpetrated in the country beginning in February 2016 in Hannover’s railroad main station, where a 15-year-old Moroccan – German hurts seriously a policeman with a knife.
With the course of the attempts, one started generating a fear and a distrust in the German population towards the arrival of the refugees, which has been translated in the rise of the xenophobic party AfD (Alternative for Germany). In one of his last appearances, Weidel said that “Germany has turned into sure refuge for criminals and terrorists of the whole world. The Islam puts in danger the peace in Germany”.
Therefore, the AfD is going to suppose a great obstacle for Merkel’s fight for the reform of the right of asylum, which tries to establish a system of distribution in the EU of the refugees who come to his territory, coming back to the point where it was left: Poland and Hungary refugees refuse to receive, blocking the necessary consensus to achieve any agreement.
Finally, the government of Merkel will have to face to one more challenge: the deficiency of the German infrastructures.
Inside the physical skeleton that composes the above-mentioned structures the most affected bones have been that of the schools and highways. In spite of the fact that we are before an economic power, which GDP occupies the fourth world place, over United Kingdom and France and with an economy of 3,5 trillions of dollars, the reality of this deficiency is translated in an increase of the so called “ruinous schools” (name that arose from a campaign in that there were appearing colleges in which the baths weren’t working) and a duration of approximately 7 hours between Berlin and Frankfurt (distance of 547 km) for a few highways in which there is no speed limit.
This lack of financing owes to that the German government has put more attention in the acquaintance as “Schwasze Null” (federal budget ” in black “, that means without red numbers or deficit) that to the public investment. According to the KFW (bank of German development), it thinks that Germany would need an investment of 126.000 million Euros in infrastructures, of which 33.000 million would go to schools and 34.000 million to roads.
With all this, Merkel has ahead a complex legislature to face the challenges dependent on his fourth legislature if it wants to continue being the first economic and political power of an Europe that is going to begin a period of change towards an Union close, reformed Europe reinforced opposite to the populisms and nationalism.

 

MARTA E. MOLINA

FUENTES

http://www.elmundo.es/internacional/2017/09/24/59c7f809ca47410f518b45ac.html

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