LA RENTABILIDAD DEL “MATONISMO”/ The profitability of “matonism”

Vladímir Putin ganó, el pasado domingo, las elecciones presidenciales con el mayor porcentaje de su historia, un 76,66% de los votos, lo que equivale a 56,2 millones de votos. El segundo candidato más votado fue Pável Grudinin, con el 11,8% de los votos (8,6 millones de votantes).

1Si sacamos una conclusión acerca de estas elecciones, a simple vista, no ha hay grandes cambios si se compara con la de los años 2004 y 2012, a pesar de la incertidumbre que había sobre el porcentaje de abstención.

Putin, según manifestó el político Vladímir Rizhkov, recibió más del 90% de los votos en cinco regiones o repúblicas del país, entre ellas Crimea. “El presidente ruso necesitaba especialmente esta participación para mostrar al mundo su derecho a la anexión de Crimea y su legitimidad con una acción que le ha enfrentado a sus antiguos socios occidentales”.

Estos comicios han estado marcados por tres temas: la injerencia rusa en las elecciones estadounidense, el supuesto asesinato de un ex agento ruso en Inglaterra con un gas nervioso y el rol dominante ruso adquirido en la guerra de Siria, poniéndose Rusia al frente de las negociaciones. Estos tres asuntos han hecho que las elecciones rusas hayan sido seguidas muy de cerca por los diferentes líderes del mundo, en especial los de la Unión Europea y la OTAN.

Los desafíos a los que tendrá que afrontarse Putin, en su último mandato, son de diferente índole.

Por una parte, a nivel interno, dar un gran impulso a la economía rusa para mejorar la calidad de vida una población. La economía rusa se ha definido en varias ocasiones como “una superpotencia militar con una economía tercermundista”.  Es decir, teniendo en cuenta el tamaño de su PIB (1,283 USD billones) y con unos salarios mínimos al mes de (11.163 rublos = 158, 33 euros), Rusia dedica el 4,29% de su PIB a defensa, lo que corresponde con el 17,48% de su gasto público total.

Rusia, con una economía casi igual que la de España, destina a gasto militar declarado casi un 500% más presupuesto que el asignado a este concepto por el gobierno español.

Si se compara con el gasto del gobierno los resultados son también impactantes: el gobierno de la federación Rusa destina a gastos militares un 800% más que el mismo concepto presupuestario en España. Y en términos de su Producto Interior Bruto (GDP) el cuádruplo que España.

Según Pablo Pardo, corresponsal en Washington, “Rusia está mucho peor que España, porque tiene el mismo Producto Interior Bruto, pero más del triple de población. Y sus perspectivas económicas son muy malas, porque su estructura económica es la de un país del Tercer Mundo. Exporta petróleo, gas natural, y otras materias primas, e importa todo lo demás. Lo único que rompe esa dinámica son las ventas al exterior de material militar (en gran parte heredado de la industria de la antigua Unión Soviética), por lo que cada vez tiene menos mercados y depende de compradores menos fiables que estén interesados en sus antiguallas”.

 Sin embargo, a pesar de las malas condiciones de vida de la sociedad rusa, que se han reflejado en las manifestaciones de los últimos meses, una gran parte de la población ve a Putin como la rencarnación de ese “hombre fuerte” que necesitan como líder o, en otros casos, representa el “mal menor”. A esto, se le suma el pavor de volver a la situación tan drástica que se vivió con la caída, respectivamente, de Gorbachov y de la Unión Soviética, dejando una época caracterizada por las caóticas reformas económicas que, de la noche a la mañana, hicieron pobres a millones de personas.

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¿Por qué a Rusia, en general, y a Putin, en particular, les resulta rentable ejercer políticas y actos de fuerza en otros países? ¿Por qué Putin ordena o permite asesinatos tanto fuera como dentro de su país? ¿por qué invade Crimea, o participa intensamente en la guerra en Siria? ¿Por qué lanza ciberataques contra países vecinos, que por mucho que se camuflen acaban dejando rastro detectable por las potencias hipertecnológicas de USA o la UE?

Porque le es rentable.

Gracias al “enemigo exterior” Putin y los poco más cincuenta oligarcas que mandan en su enorme, poderoso y vergonzosamente pobre Estado mafia, pueden mantenerse cómodamente en el poder, sin que estalle una población empobrecida y con escasas expectativas de futuro. Rusia es, para la mayor parte de sus ciudadanos, el tercer mundo con frío. Se estima que unos 40 millones de rusos, casi un tercio de la población, viven bajo el umbral de la pobreza.

A pesar de un elevado nivel educativo de la población, de los destacados logros de numerosos científicos rusos en ciencia básica, de la existencia de numerosos centros de investigación muy destacados en campos como las matemáticas o la física teórica, la sociedad rusa no ha sido capaz de articular un conjunto de mecanismos que permitan rentabilizar este conocimiento en aplicaciones prácticas y su comercialización para generar riqueza.

Así, Rusia no ha sido capaz en toda su historia, de fabricar un coche, un electrodoméstico, un ordenador, un teléfono móvil, una crema, una prenda de vestir  o un yogur de la calidad necesaria para competir en el mercado exterior. Tiene un ejército enorme y armas nucleares, pero por lo demás es un país fracasado, congelado en el tiempo, que no ha conocido la verdadera democracia en ningún momento de su terrible historia.

Y esta dependencia del “matonismo”, le obliga a mantener en el ámbito internacional, esa “fama” de “tipo peligroso” para mantener su estatus de “potencia respetada en el escenario mundial que soluciona problemas internacionales”.

Una de las manifestaciones de esta política es la crisis con la UE-OTAN, que se ha ido agravando con mayor fuerza desde 2016. Esta crisis, basada en los mismos patrones de confrontación que los de la Guerra Fría, surgió a raíz del aumento de la injerencia rusa en Siria y la intervención militar en Ucrania. Con su victoria y la anexión de Crimea, le prosiguieron diferentes interferencias en distintos países (como en Estados Unidos con Trump, o en España con el asunto del independentismo catalán). Dichas acciones y sus consiguientes repercusiones dejaron en evidencia la nueva estrategia del Kremlin: “para ganar la batalla por la influencia, debilita a tu enemigo agudizando sus debilidades”.

Pero ¿cómo funciona este mecanismo de matonismo o amenaza permanente hacia los demás?: Dándole un placebo a la sociedad rusa, en vez de curar sus males.

Se debe impedir que su pueblo se mire honestamente en el espejo y contemple la humillante realidad de su situación. Les tienen que mentir, pero curiosamente es una mentira que “todos necesitan y en la que todos conspiran”. Recurren a la única herramienta que poseen para intentar enterrar su profundo complejo de inferioridad: vender la idea de que Rusia es una gran potencia, tan grande que es capaz de matar, invadir o interferir políticamente donde quiere. Ser temido.

“Los rusos necesitan actos de bravura para compensar su permanente martirio”,  explicó el año pasado alguien que conoce a los rusos muy bien, la expresidenta de Letonia, Vaira Vike-Freiberga. “Es una herramienta fácil para ganar popularidad. ¡Necesitan sentirse grandes!”.

Y funciona. Es el viejo, viejo truco del patriotismo como último refugio del canalla, pero convence al ruso de a pie. Como escribió en el Financial Times un cineasta ruso llamado Andréi Nekrasov, “los rusos sienten su identidad nacional con más fervor cuando se sienten presionados desde fuera”.

Estos actos provocaron la reacción tanto de la Unión Europea como la de la OTAN, la cual, ha declarado en varias ocasiones que considera a Moscú la principal amenaza a la seguridad junto con el DAESH.

El problema difiere de distintos puntos de vista. Según el politólogo ruso Andrei Kurtunov, “hoy en día, Occidente considera que la principal línea divisoria en la política mundial pasa entre la democracia y el autoritarismo. Cualquier acción para ampliar el espacio de la libertad se considera correcta”. Pero, “la percepción del Kremlin es bien distinta. La división pasa entre el orden y el caos, entre la soberanía y la intervención extranjera”.

En otras palabras, generalmente, está bien visto las diferentes intervenciones que ha realizado la OTAN (Yugoslavia, la guerra de Irak o la intervención en Libia) porque su objetivo era proteger la libertad del pueblo y mejorar sus sociedades. Sin embargo, toda acción realizada por el gobierno de Putin se verá con malos ojos porque se considera un gobierno autoritario, que intenta utilizar su fuerza para apuntalar regímenes y movimientos perniciosos, simplemente a cambio de obtener ventajas y contratos comerciales.  Y es ahí donde se encuentra la cuna del dilema. La Unión Europea intenta imponer, indirectamente, su modelo de sociedad, basada en los derechos y libertades individuales como fuente de un mundo mejor y más justo. Por ello es lo que considera como “correcto”, y rechaza todo lo demás.

Por ello, Rusia, ante su aislamiento, cada vez mayor, intenta que los países eslavos que aún no se han suscrito a la OTAN (Macedonia, Kosovo, Serbia y Bosnia) no lo hagan. Y, para ello, utilizan la presencia de diferentes grupos de presión, camuflados como ONGs, que garanticen los intereses rusos en diferentes territorios.

Y es lo que, hoy en día, esta ocurriendo en Bosnia. Un informe publicado la semana pasada por el Instituto de Investigación de Política Exterior con sede en Estados Unidos, titulado Bosnia en el bloque ruso de cortar, detalla las formas en que Rusia ha estado apoyando a “actores políticos y paramilitares que buscan dividir Bosnia y Herzegovina “. Es decir, Rusia está influyendo en Bosnia para que Sarajevo quede fuera de la OTAN y la UE despertando a los separatistas serbios. En palabras de Jasmin Mujanovic, en la revista Foreign Affairs,  Rusia “ quiere asegurarse de que el país siga siendo un caso de cesta étnicamente fragmentado en el corazón de los Balcanes. En consecuencia, Rusia está buscando aliarse con Dodik y Covic, los dos mayores defensores de la fragmentación étnica y la disfunción en Bosnia”.

Por tanto, el futuro más inminente es en el que Rusia haga valer sus reivindicaciones territoriales y su influencia tanto el universo eslavo (para mantenerlo alejado de la órbita de la UE) y en Oriente Próximo donde Rusia está a la cabeza de las negociaciones para la Paz en Siria, así como ser uno de los mayores aliados de Turquía, la cual vuelve a desafiar a la Unión Europea con los refugiados y su creciente deriva autoritaria.

Vivimos tiempos de incertidumbre en los que la única certeza es que algo se mueve bajo nuestros pies. Y que, de momento, a Rusia le es rentable el “matonismo”.


 

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Intel analysis of the expansions of Russia’s global influence – Graphic by Marta Gª Outón, GIASP

 

Vladimir Putin won, last Sunday, the presidential elections with the highest percentage of its history, 76.66% of the vote, which is equivalent to 56.2 million votes. The second most voted candidate was Pável Grudinin, with 11.8% of the votes (8.6 million voters).

If we extract a conclusion over of these elections, to simple sight, has not there are big changes if it is compared with that of the year 2004 and 2012, in spite of the uncertainty that existed on the percentage of abstention.

Putin, as demonstrated the politician Vladímir Rizhkov, received more than 90 % of the votes in five regions or republics of the country, among them Crimea. “The Russian president needed specially this participation to show to the world his right to the annexation of Crimea and his legitimacy with an action that him has faced his former western partners”. 

These assemblies have been marked by three topics: the Russian interference in the American elections, the supposed murder of one former Russian agent in England with a nerve gas and the dominant role Russian acquired in the war of Syria, putting On Russia at the head of the negotiations. These three matters have done that the Russian elections have been followed very closely by the different leaders of the world, especially those of the European Union and the NATO.

The challenges to which Putin will have to be confronted, in his last mandate, are of different nature.

On one hand, to internal level, to give a great impulse to the Russian economy to improve the quality of life a population. The Russian economy has been defined in several occasions as “a military superpower by a Third World economy”. That is to say, bearing in mind the size of his GDP (1,283 USD trillions) and with a few minimum wages a month of (11.163 rubles = 158, 33 Euros), Russia dedicates 4,29 % of his(her,your) GDP to defense, which corresponds(fits) with 17,48 % of his(her,your) total public expenditure.

Russia, with an economy almost like that of Spain, it(he,she) destines to military declared expense almost 500 % more presupposed that the assigned one to this concept for the Spanish government.

If the results are compared with the expense of the government they are also striking: the government of the Russian federation destines to military expenses 800 % more than the same budgetary concept in Spain.

And in terms of its Gross Domestic Product (GDP) the quadruple that Spain.

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According to Paul Pardo, correspondent in Washington, “Russia is much worse than Spain, because it has the same Gross domestic product, but more of the triple one of population. And his economic perspectives are very bad, because his economic structure is that of a country of the Third world. It exports oil, natural gas, and other raw materials, and imports everything else. The only thing that breaks this dynamics they are the sales on the outside of military material (largely inherited from the industry of the former Soviet Union), as what every time it has fewer markets and depends on buyers less trustworthy that they are interested in his antiques“.

Nevertheless, in spite of the bad living conditions of the Russian society, which have been reflected in the manifestations of last months, a great part of the population sees Putin as the reincarnation of this ” strong man ” that they need as leader or, in other cases, represents the “minor evil“.

Added to this is the fear of returning to the situation so drastic that was experienced with the fall, respectively, Gorbachev and the Soviet Union, leaving an era characterized by the chaotic economic reforms that, overnight, made millions of people poor.

Why Russia, in general (and Putin in particular) find it profitable to exercise policies and acts of force in other countries? Why does Putin order or allow assassinations both inside and outside his country? Why does it invade Crimea, or does it participate intensively in the war in Syria? Why is it launching cyber-attacks against neighboring countries, which, however much they camouflage, end up leaving a trace detectable by the US or EU hyper-technological powers?

Because it is profitable.

Thanks to the “outside enemy” Putin and the little more than fifty oligarchs who rule in his huge, powerful and shamefully poor mafia state, can comfortably remain in power, without exploding an impoverished population with little expectation of the future. Russia is, for most of its citizens, the third world with cold. It is estimated that some 40 million Russians, almost a third of the population, live below the poverty line.

In spite of a high educational level of the population, of the outstanding achievements of many Russian scientists in basic science, of the existence of numerous research centers very prominent in fields such as mathematics or theoretical physics, Russian society has not been able to articulate a set of mechanisms that make this knowledge profitable in practical applications and its commercialization to generate wealth.

Thus, Russia has not been able in all its history, to manufacture a car, an appliance, a computer, a mobile phone, a cream, a garment or a yogurt of the quality necessary to compete in the foreign market. It has a huge army and nuclear weapons, but otherwise it is a failed country, frozen in time, that has not known true democracy at any time of its terrible history.

And this dependence on “bullying”, forces him to maintain in the international arena, that “fame” of “dangerous type” to maintain his status as “power respected on the world stage that solves international problems.”

One of the manifestations of this policy is the crisis with the EU-NATO, which has been aggravated with greater force since 2016. This crisis, based on the same patterns of confrontation as those of the Cold War, arose as a result of the increase in Russian interference in Syria and military intervention in Ukraine. With his victory and the annexation of Crimea, he continued with different interferences in different countries (as in the United States with Trump, or in Spain with the issue of Catalan independence movement). These actions and their consequent repercussions left in evidence the new strategy of the Kremlin: “to win the battle for influence, weaken your enemy sharpening their weaknesses.”

But how does this mechanism of bullying or permanent threat to others work? Giving a placebo to Russian society, instead of curing their ills.

They must prevent their people from looking honestly in the mirror and contemplating the humiliating reality of their situation. They must lie, but curiously it is a lie that “everyone needs and in which all conspire”. They resort to the only tool they must try to bury their deep inferiority complex: sell the idea that Russia is a great power, so great that it is capable of killing, invading or interfering politically where it wants. Be feared

The Russians need acts of bravery to compensate for their permanent martyrdom,” explained last year someone who knows the Russians very well, the former president of Latvia, Vaira Vike-Freiberga. “It’s an easy tool to gain popularity. They need to feel great!”

And it works. It is the old, old trick of patriotism as the last refuge of the scoundrel but convinces the Russian on foot. As a Russian filmmaker named Andréi Nekrasov wrote in the Financial Times, “Russians feel their national identity more fervently when they feel pressured from outside.”

These acts provoked the reaction of both the European Union and NATO, which has repeatedly stated that it considers Moscow the main security threat together with the DAESH.

The problem differs from different points of view. According to the Russian political scientist Andrei Kurtunov, “today, the West considers that the main dividing line in world politics passes between democracy and authoritarianism. Any action to expand the space of freedom is considered correct. ” But, “the perception of the Kremlin is very different. The division passes between order and chaos, between sovereignty and foreign intervention“.

In other words, generally, the different interventions that NATO has made (Yugoslavia, the war in Iraq or the intervention in Libya) are well-liked because its objective was to protect the people’s freedom and improve their societies. However, any action carried out by the Putin government will be viewed badly because it is considered an authoritarian government, which tries to use its strength to prop up regimes and pernicious movements, simply in exchange for obtaining advantages and commercial contracts. And that’s where the cradle of the dilemma lies. The European Union tries to impose, indirectly, its model of society, based on individual rights and freedoms as a source of a better and more just world. That is why it is considered as “correct” and rejects everything else.

For this reason, Russia, faced with its growing isolation, is trying to prevent the Slavic countries that have not yet subscribed to NATO (Macedonia, Kosovo, Serbia and Bosnia) from doing so. And, for this, they use the presence of different pressure groups, camouflaged as NGOs, to guarantee Russian interests in different territories.

And that is what, nowadays, is happening in Bosnia. A report published last week by the US-based Foreign Policy Research Institute, entitled Bosnia on the Russian block cut, details the ways in which Russia has been supporting “political and paramilitary actors seeking to divide Bosnia and Herzegovina. That is to say, Russia is influencing Bosnia so that Sarajevo is left out of NATO and the EU awakening the Serbian separatists. In the words of Jasmin Mujanovic, in Foreign Affairs magazine, Russia “wants to make sure that the country remains an ethnically fragmented basket case in the heart of the Balkans. As a result, Russia is seeking to ally itself with Dodik and Covic, the two biggest advocates of ethnic fragmentation and dysfunction in Bosnia“.

Therefore, the most imminent future is for Russia to assert its territorial claims and its influence both in the Slavic universe (to keep it out of the orbit of the EU) and in the Middle East where Russia leads the negotiations for the Peace in Syria, as well as being one of Turkey’s biggest allies, which again challenges the European Union with the refugees and their growing authoritarian drift.

We live in times of uncertainty in which the only certainty is that something moves under our feet. And that, now, Russia is profitable “bullying”.

 

MARTA E. MOLINA

 

SOURCES:

 

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