HEZBOLÁ, IDENTIDAD Y OBJETIVOS ESTRATÉGICOS: EL ESCENARIO TENDENCIAL, PERO ¿DESEABLE? / Hezbollah, identity and strategic objectives: the tend scenario but desirable?

“الله حزب”, el Partido de Dios. Su mismo nombre emite un mensaje simple pero poderoso, una razón de ser motivada por el designio divino y una suerte de destino manifiesto que se abrirá camino, de forma inexorable, a pesar de las dificultades. No obstante, Hezbolá nunca fue simplemente eso, y si bien resulta innegable que reúne el comportamiento y las características de un actor político, numerosos productos del análisis internacional no aciertan –o, en función de determinados sesgos, desechan- a reseñar la complejidad identitaria de la que se nutre la organización y que, en último término, revela sus particularidades estructurales, procedimentales y, lo que nos es más importante en el presente texto, sus fines estratégicos.  Dichos objetivos despliegan una lógica de acción rastreable con cierto margen de mutabilidad, que reacciona principalmente a los cambios en el devenir geopolítico en múltiples niveles, lo que denota una amplia capacidad de previsibilidad frente a futuros escenarios plausibles. No sin evidencia de peso, colectivos como el “High-Level Military Group”, la califican como “la fuerza armada no estatal más poderosa del planeta” (Cohen, 2017).

La identidad exhibida por Hezbolá adquiere importancia analítica desde el momento en que se convierte en uno de sus recursos estratégicos más potentes, viéndose materialmente reflejado en su extensa red de comunicaciones que compite con cualquier otra en Oriente Medio, a menudo con éxito. Por lo tanto, el estudio ha implicado, junto con el acceso a fuentes secundarias, la recopilación de noticias, discursos, artículos y propaganda publicados y/o elaborados por varios de sus medios insignia. Los actores partícipes en seguridad internacional deben monitorizar la estrategia comunicativa de Hezbolá para distinguir las construcciones identitarias en las que deposita sus intereses, algo que incumbe directamente a UNIFIL (FPNUL, en español) en su mandato de supervisar el cese de las hostilidades en el área Líbano-Israel, siendo además coincidente con el probable relevo español en el liderazgo de la misión, que se produce en julio de este año.

En clave prospectiva, el siguiente análisis procurará contestar al interrogante de: ¿Habrá una nueva guerra con Israel?

 

PRIMERA FASE; ORÍGENES DE HEZBOLLAH: NARRATIVA SUJETA A LA IDENTIDAD ÉTNICA

El reconocimiento de una diversidad de identidades en el seno de Hezbolá, principalmente en el espectro ideológico del área narrativa, denota el profundo alejamiento de la organización respecto a la identidad de carácter primordialista de sus orígenes. En 1985, la pertenencia se asumía como limitada a una etnia única e inmutable: el Islam chií, siguiendo el ejemplo de la revolución en Irán de 1979 con el exclusivismo adicional de restringirse a las clases marginadas de Líbano. A principios de siglo, el Partido de Dios había integrado sobradamente una concepción racional-instrumentalista. Al interpretar la identidad en un sentido más pragmático, siendo múltiple y cambiante, Hezbolá fue periódicamente dotándola de un rol utilitario para captar nuevos recursos, miembros e intereses, traduciéndose en una mayor proyección de poder e influencia. Descubrieron los impedimentos de la narrativa sectaria y la potencialidad sugestiva del concepto de “resistencia” (moqaawama) extrapolado a la dimensión nacional-estatal.

 

SEGUNDA FASE; LA GUERRA DEL 2006: NARRATIVA SUJETA A LA RESISTENCIA

La visión estratégica -con su consiguiente remodelación identitaria- que se puso a prueba en los treinta y cuatro días de la guerra de 2006, venía fortaleciéndose desde otro momento clave en la existencia de Hezbolá: la retirada de las fuerzas armadas israelíes del sur de Líbano con el comienzo de siglo, por decisión unilateral. Si bien Sayyed Hassan Nasrallah, el célebre líder, secretario general y portavoz del partido, se dispuso rápidamente a reivindicar dicho acontecimiento como una conquista de la oposición violenta en detrimento de los canales diplomáticos, tanto la presión internacional como la emanada entre las fronteras libanesas -su territorio vital y base de operaciones-, que exigía el inicio del desarme,  obligaba a repensar los fundamentos legitimatorios de su hasta ahora razón de ser.

Primeramente, a través de una narrativa cargada de ambigüedad y que dejaba entrever algo así como una “calma estratégica”, la cual, en los años sucesivos, fue interiorizando una dirección discursiva más coherente y agresiva, se consolidó la identidad de resistencia como el eje principal en la estrategia comunicativa de Hezbolá, de manera que la proyección de la entidad se fue adentrando en matices difícilmente reversibles.

 

TERCERA FASE; RETIRADA DE ISRAEL: NARRATIVA SUJETA A LA COLECTIVIDAD Y A LA DEFENSA DEL PUEBLO LIBANÉS MEDIANTE LA RESISTENCIA ARMADA

Con la salida de Israel, se había esfumado el elemento de credibilidad basado en la defensa de la comunidad chií mayoritaria en el sur, por lo tanto, la imagen sobre la resistencia y el aspecto securitario se procuró afianzar para con el colectivo nacional, “el defensor del Líbano”, revitalizando elementos antiimperialistas del discurso, al modo de los freedom fighters del periodo de entreguerras descritos por David Rapoport. Además, la adopción de un papel equiparable a la del Estado contrarrestaría la amenaza desde el propio marco institucional del país: el interés del Gobierno de Líbano de normalizar las relaciones con su vecino. La disputa soberanista en torno a las Granjas de Shebaa,  ubicadas en los límites de Siria, Líbano e Israel, se convirtió en la cobertura legitimatoria idónea para perpetuar su actividad.

Dicho giro identitario derivó en la creciente aproximación de Hezbolá a la figura estatal, traduciéndose en un abandono gradual de la faceta intranacional y exhibiendo su presencia en una escala mayor, a medida que sus capacidades materiales –militares y económicas- aumentaban de forma paralela. Si la estrategia de seguridad comprendía el conjunto de Líbano, el mismo enfoque proyectarían respecto al brazo político y el entramado de servicios sociales de la organización, trazando una identidad unitaria. Fue en las postrimerías del conflicto de 2006 cuando la identidad territorial estatal se reafirma en su posición dominante, determinando los objetivos estratégicos de Hezbolá en adelante.

La Segunda Guerra de Líbano –en los medios árabes de la época, incluido Al-Jazeera, se denominó como la “Sexta Guerra”, regresando hasta 1948- no estaba contemplada en la planificación estratégica del grupo, de hecho, la represalia esperada desde Israel pretendía conducir al habitual intercambio de rehenes que permitía una rápida vuelta al contexto de tensión, sin producirse una escalada incontrolable de la violencia. Sin embargo, como Nasrallah confesó más adelante vía Al-Manar, “cometí un error de cálculo”. La política de disuasión activa había sido un claro éxito hasta el momento.

En cualquier caso, la organización y las capacidades militares de Hezbolá dieron uno de los golpes más traumáticos a Israel en su historia bélica, estando aquéllos encabezados por la ventaja estratégica fundamental de una comunicación cuidada, inteligente y excepcional, sin precendentes en cualquier escenario de guerra asimétrica a nivel global.

Durante la contienda, se intensificó exponencialmente la propaganda que llamaba a la resistencia armada. Hacia el público libanés, se orquestó una narrativa liderada por la necesidad de activar y defender el espíritu y el territorio nacional. Los elementos típicos de la retórica religiosa-islámica, haciendo hincapié en términos que apelan a la emoción, como el “martirio”, la “fe” y el “honor”, ejercían la función de aunar el imaginario colectivo y rellenar las fracturas de una sociedad marcada por la diversidad étnica y sectaria. Escasas voces alternativas a Hezbolá se alzaron en las instituciones de Líbano y los medios de comunicación árabes respaldaron a la organización prácticamente al unísono, independientemente del acerbo suní o chií, u otros factores geopolíticos.

Paralelamente, Hezbolá dirigió una segunda amalgama de comunicados hacia la audiencia de Israel, concretamente al gobierno, el ejército y la opinión pública. Junto con la percepción generalizada en la comunidad internacional, alimentaron el rechazo a la operación militar, tildándola de desproporcionada y criminal, encontrando credibilidad en el discurso de victimización común al mundo árabe-musulmán. Asimismo, la estrategia disuasoria de Hezbolá, basada en la amenaza constante del arsenal misilístico sobre en el norte del país, formuló una rápida y contundente respuesta. Nasrallah había advertido con anterioridad que “los blancos civiles son nuestros objetivos prioritarios en caso de guerra con Israel”.  Llegaron a producirse impactos con alcance hasta el área metropolitana de Tel Aviv. Si bien, estas acciones siempre fueron representadas como una legítima consecuencia desde una postura defensiva, de manera que la guerra informativa precipitó la omisión de cuál había sido el detonante del conflicto.

En un marco de guerra asimétrica, Israel experimentó una serie de vicisitudes propias de su visión estratégica y sistema político-social, errores que viene depurando de cara a un futuro conflicto: 1) transparencia y rendición de cuentas como democracia liberal, con cierta dependencia hacia la opinión pública; 2) Extrema sensibilidad a la muerte de civiles y militares nacionales; 3) Limitaciones en una política contranarrativa; 4) El objetivo estratégico de no perder en ningún conflicto. Mientras tanto, Hezbolá se benefició de una estructura hermética y disciplinadamente organizada, con un mensaje único y sin filtraciones, reforzado por una red de comunicaciones favorables a legitimar la identidad de resistencia.

Puesto que Israel no obtuvo una victoria política evidente, e incluso la clase política nacional lo registró como un fracaso, el Partido de Dios se apresuró a reivindicar el papel vencedor en la guerra. No obstante, se instaló la percepción de que la legitimidad popular, elemento esencial para la organización, estaba peligrosamente en entredicho a raíz de la destrucción sufrida. Así, la proyección como actor garante de servicios sociales aprovechó la oportunidad para esquivar la diversidad etnodemográfica y afianzarse en la identidad nacional generalista, a través de la rápida y exitosa reconstrucción post-conflicto que dirigió en el país. En este punto de inflexión, el reconomiento y la fama de Hezbolá se hicieron globales y en Líbano se afianzó como el jugador más relevante. A partir de entonces, Hezbolá se sumergió completamente en un proceso de institucionalización en la vida política de Líbano

 

CUARTA FASE; HEZBOLÁ EN LA ACTUALIDAD: NARRATIVA SUJETA POSICIONAMIENTO COMO ACTOR POLÍTICO, NACIONALISTA E INDEPENDIENTE

La comunicación de Hezbolá ha reproducido y perfeccionado los pilares centrales de la identidad que obtuvo el triunfo en 2006, sin renunciar a una buena dosis de ambigüedad estratégica que protege el hermetismo de la organización, a la par que deja margen al comportamiento pragmático en detrimento de la ideología. En este sentido, la escala estatal mantiene la predominancia y guía la narrativa del mayor porcentaje de discursos y declaraciones, sometiéndose Hezbolá a lo que númerosos analistas han llamado un proceso de “Lebanización”. La cristalización de este modelo constituye un indicador del objetivo de máxima prioridad que ha adoptado la organización en su existencia como actor político, singular y diferenciado: la acaparación del poder político, el apoyo social y el contro de la estructura de seguridad en Líbano. Una meta particularmente importante en el contexto actual, a la luz de las próximas elecciones generales previstas este año.

Dentro de la estrategia, se ha vuelto imperativa una imagen cada vez más alejada de la órbita iraní, una relación horizontal y no de dependencia (Nasrallah: “somos aliados orgullosos de Irán, pero Teherán no interviene en los asuntos de Líbano en absoluto. Irán no tiene detenido al presidente libanés”- aludiendo al episodio reciente de Saad Hariri en Arabia Saudí). Si la mera supervivencia de Hezbolá representaba una amenaza para la seguridad nacional israelí, su creciente influencia en las estructuras del país vecino deriva en un estrechamiento de las alternativas a una eventual escalada del conflicto.

La proyección identitaria a nivel estatal se basa en la articulación del eje resistencia-pueblo-ejército como un todo compacto, dando lugar a una narrativa nacionalista  que pretende abarcar al conjunto de grupos etnorreligiosos de Líbano,  contra el enemigo común que representa el Estado de Israel. Al frente, se exalta el rostro securitario-militar y social del partido, tal y como relata su eslogan (“Nosotros construiremos y nosotros protegeremos”). De esta manera, se apropian, principalmente, de las funciones en defensa y seguridad que legalmente corresponderían al Estado. En este punto, se ha producido un avance en la narrativa en comparación a 2006: además de legitimar su brazo armado con la agresión israelí, acusan públicamente al ejército libanés de incompetencia y falta de voluntad y preparación, alzándose Hezbolá como el sustituto adecuado.

 

Diapositiva1
Hezbollah identity according to the narrative / discursive / rhetorical theme

 

Diapositiva2
Hezbollah identity according to the territorial scale

 

 

EVOLUCIÓN ESTRATÉGICA Y NARRATIVA DE HEZBOLÁ POR LA GUERRA DE SIRIA

En los primeros años de la guerra de Siria, el partido no admitia en su propaganda el despliegue de operativos en territorio sirio, hasta que muertes confirmadas alcanzaron los medios internacionales, y la justificación retórica se atribuyó a la obligación sagrada de impulsar la yihad.

La participación en la guerra está siendo una cuestión especialmente sensible para Hezbolá, pues viene mermando su credibilidad en Líbano y la legitimidad radicada en la resistencia contra Israel. Sin embargo, constituye una necesidad estratégica por las siguientes causas: 1) garantizar el corredor regional que permite el flujo logístico en la estratégica carrera armaméntistica contra el Estado judío; 2) perpetuar la existencia del “eje de resitencia” Irán-Siria-Hezbolá, siendo el régimen de Assad un aliado militar y político clave, tanto en la región como en Líbano, incluyendo en transferencia de armas y el respaldo oficial; 3) neutralizar la amenaza desestabilizadora en la frontera por Daesh y otras milicias de corte suní;4) Desgastar la influencia estadounidense y de sus aliados en la región.

En la escala regional, el recurso del imaginario y el lenguaje islámicos dota la cobertura principal a los intereses geopolíticos de Hezbolá, moldeando la narrativa chií de forma que queda conectada a la identidad de resistencia, un valor muy interiorizado en la comunidad de los Imanes. Un relato muy habitual en los medios de Hezbolá es la mitológica guerra de Karbala, que ensalza el martirio de uno de los hijos de Alí, Hussein. No obstante, la identidad proyectada por Hezbolá procura evitar un discurso sectario y de confrontación que exalte la imagen del expansionismo chií, fundamentalmente para no perder apoyos en la altamente dogmatizada sociedad libanesa.

El 14 de marzo, Al Manar desmentía una supuesta declaración de Nasrallah que atribuía la participación de Hezbolá en Siria al Chiísmo, y no al deber de defender el gobierno de Bachar Al Assad. En este sentido, el portavoz del partido no niega la estrecha alianza, sino que, efectivamente, elogia al régimen alauí por ser el único país en la región, además de Irán, que se opone abiertamente a la “invasión” de EE.UU. e Israel. Aquí, la comunicación estratégica vuelve, una vez más, a la idea de resistencia. Por su parte, los llamados grupos rebeldes se representan como producto de la injerencia occidental, es decir, del imperialismo estadounidense. De esta forma, la propaganda intenta eludir el potencial rechazo de los sectores suníes de la región, especialmente en el seno de la sociedad libanesa.

El discurso se vuelve más frontal al hacer referencias a Daesh. El mensaje más común califica a sus miembros y simpatizantes de “falsos seguidores del Islam” y  de psicópatas sin principios ni honor. En el último mes de agosto, se publicaba un vídeo propagandístico en el que operativos de Hezbolá trataban a prisioneros de Daesh con dignidad, casi adheriéndose a los preceptos del Derecho Internacional Humanitario. Igualmente, la lucha contra Daesh se usa para reforzar la imagen de actor con poder y decisión para asegurar la prosperidad de la región, y de buscar el alineamiento con la comunidad internacional cuando necesario.

 

CONCLUSIONES: ANÁLISIS DEL IMPACTO DE LA NARRATIVA Y PROSPECTIVA – ¿HABRÁ UN NUEVO CONFLICTO CON ISRAEL?

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“الله حزب”, the God’s Party, its mere name poses a simple but very powerful message, a raison d’être endorsed by a divine plan and boosted by a manifest destiny which will find a succesful path regardless of difficulties. However, Hezbollah cannot be summarised in that, and despite its undeniable behaviour as a political actor, a large number of analysis bypass the identity complexity that nourishes the organisation and eventually unveils its structural specifities and –the most important for the present text- its strategic goals. The latter apply a mutable plan of action that mostly reacts to changing geopolitical dynamics at multiple levels. This implies a remarkable predictability towards possible future scenarios. After all, teams of experts as the “High-Level Military Group” consider Hezbollah “the most powerful non-state armed force on the planet”.

Through Prospective, the research will try to answer the following conundrum: Is there going to be a new war with Israel?

The recognition of a diversity of identities within Hezbollah, mostly in the ideological spectrum, shows deep distance from the primordialist identity in its origins. In 1985, the membership was assumed to be limited to a unique and inmutable ethnicity: Shia Islam, taking the Iranian Revolution as inspiration, and additionally implementing an exclusivity restrained to marginal classes in Lebanon. With the start of the century, the God’s Party had already internalised a rational-instrumentalist approach. While comprehending identity in a pragmatic, multiple and changing perspective, Hezbollah gradually enhanced its utilitarian role for engaging new capabilities, members and interests, deriving into a greater power and influence projection. In this sense, they acknowledged the obstacles in a sectarian narrative and the potential of the “resistance” (moqaawama) concept when enlarged to a nation-state scale.

 

Hezbollah in 2006

The strategic view –with its subsequent identitarian reshaping- during the 34-days war had been in motion since another key event for Hezbollah’s existence: the Israel Defense Forces withdrawal from southern Lebanon in 2000 by unilateral decision. Although Sayyed Hassan Nasrallah, widely known party’s leader, secretary general and spokeperson, rapidly claimed the victory of violent opposition at the expense of diplomatic channels, both international and internal pressure pushing for the organisation’s military disarmament obliged to rethink the legitimacy basis of Hezbollah’s raison d’être.

Firstly, through an ambiguous narrative announcing a sort of  “strategic stillness”, which in the upcoming years drew a more coherent and aggressive stance, resistance identity was firmly consolidated as the principal axis in Hezbolla’s communicative strategy.and its proyection started to acquire hardly reversible nuances.

With Israel’s withdrawal, the credibility based on the defense of majority Shia community in southern Lebanon was vanished, therefore, the securitarian aspect and the image of resistance were intended to solidify in favour of the national collective, “Lebanon’s guardian”, revitalising antiimperialist elements inside the discourse, somehow resembling of interwar period freedom fighters described by David Rapoport. Furthermore, the adoption of a role competing with the state would counterbalance the threat coming from the country’s institutional frame: Lebanese Government’s interest in normalising relations with its neighbour. In order to ensure legitimacy cover in the reproduction of its activity, Hezbollah garnered the sovereignity dispute around the Shebaa Farms located among Siria, Lebanon and Israel.

The identitarian shift led to a growing proximity to the state figure along with increasing military and economic means, translating into a progressive abandonment of the intra-national aspect towards a higher scale. If the security strategy was willing to encompass the whole Lebanon, Hezbollah would search for the same approach regarding the political arm and the services structure, in an unitarian identity. In a post-conflict context in 2006, the state territorial identity is bolstered in its dominant position, determining Hezbollah’s strategic objectives from then on.

The Second Lebanon War –Arab media, including Al-Jazeera, named it the “Sixth War”, going back to 1948- was not considered in the group’s strategic planning, in fact, the retaliation from Israel was expected to bring the usual exchange of prisoners without deriving into an uncontrollable escalation of violence. However, as Nasrallah later confessed to Al Manar TV, “I made a calculation mistake”. Until then, the active deterrence policy had been a clear success.

In spite of that, Hezbollah’s military capabilities and structure gave one of the most shocking hits in Israeli history, being those means headed by the fundamental strategic advantage summarised in an exceptional, well-prepared communicational plan, without precedents in any assymetric warfare scenario at the global level.

During the hostilities, the group gradually intensified the propaganda calling for armed resistance. When addressing the Lebanese public, the narrative focused on national land and spirit’s defense. Through religious-islamic rhetoric that appeals to emotional concepts such as “martyrdom”, “faith” and “honour”, Hezbollah managed to bring together the collective imaginery and to fill in the cleavages within a multiethnic and sectarian society. Few alternative voices aroused among Lebanon institutions and Arab media. In general terms, and overcoming Sunni-Shia conflictivity or other geopolitical factor, the regional opinion supported the party in unison.

At the same time, Hezbollah channelled a second set of propaganda towards Israel’s government, army and public opinion. Backed by the international community dominant discourse, the party’s communication policy fuelled the perception of a disproportionate and criminal Israeli military operation, something that could easily find legitimacy in the victimizing narrative lengthly present at the Muslim-Arab world. In addition, Hezbollah’s deterrence strategy, which mainly radicates from the constant threat of a missile arsenal over Israel, turned to be a quick and effective response. Actually, Nasrallah had previously warned that “civilian targets are our priority objectives in case of war with Israel”. In 2006 there were several missile impacts outreaching to the metropolitan area of Tel Aviv. Anyway, Hezbollah effectively managed to present the conflict as a legitimate effect from a defensive position, winning a war of information that hid the real trigger behind it.

In an assymetric warfare juncture, Israel suffered from the chronical weaknessess of its strategic outlook and sociopolitical system: 1) As a liberal democracy for the international society, the dependence on public opinion, transparency and accountability; 2) Extreme sensitiveness to national –both civilian and military- casualties; 3) Counternarrative policy limits; 4) The strategic objective of not losing to any conflict. Meanwhile, Hezbollah took advantage of its hermetic and disciplined structure, with a single message and no leaks, equally strengthed by a communication network promoting the resistance identity.

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From right to left: Moqawarma.org, Al Nour, Al Ahed News & Al Manar Tv Logos.

 

Due to Israel’s no clear victory and, in fact, national politics regarded to it as acomplete failure –the Winograd Report-, the God’s Party rapidly claimed itself as the conflict winner. Nevertheless, the legitimacy among Lebanese people was at a sore point as a consequence of the massive destruction in the country. Thus Hezbollah’s projection as social services provider took the opportunity for consolidating its generalist national identity, thanks to a rapid and successful post-conflict rebuilding. At this point, Hezbollah was confirmed as Lebanon’s most relevant player. Hereafter the group got completely involved in an institutionalization process with Lebanon’s politics.

 

Hezbollah at the Present

Hezbollah’s communication has replicated and refined the central pillars of the triumphant identity in 2006, not giving up to a good amount of strategic ambiguity that protects organisation’s impenetrability while allowing a pragmatic behaviour undermining the ideology. Accordingly, state-level scale remains the most relevant narrative for the highest percentage of statements and speeches, as Hezbollah has gone through a process referred by numerous analysts as “Lebanonization”. This model’s consolidation reveals the top priority goal that has been adopted by the organisation like a singular and differentiated political actor: co-opting political power, social support and security control over Lebanon. A particularly important objective in the ligh of next general elections happening this year. Within the strategy, performing a farther image from the Iranian orbit has become an imperative, that is to say, depicting an horizontal relation and not one of dependence. Nasrallah says: “we are proud allies with Iran but Tehran does not intervene in Lebanon’s affairs at all. Iran does not detain a Lebanese president!” –referring to Saad Hariri’s recent episode in Saudi Arabia. If Hezbollah’s survival already represented a threat to Israeli national security, its growing influence in Lebanon derives into a margin squeeze for alternatives to a conflict escalation.

THE WAR IN SYRIA

Regional identity’s communication has experienced the biggest transformation since 2006, fundamentally because of the shifts after 2011 Arab Spring and the conflict in Syria. Especially the latter led to a new spectrum of strategic imperatives, both in the ground of threats and opportunities. At this territorial level, Hezbollah has set the Islamic narrative’s predominance.

The God’s Party did not admit the deployment of forces on Syrian soil for the first years of conflict, until confirmed casualties reached the international media.Hezbollah’s first propaganda justified it with the religious commitment of jihad. Nowadays, its identitarian projection fully acknowledges the involvement.

The participation at the war is being a particularly sensitive issue for Hezbollah, due to its potential loss of legitimacy in Lebanon founded on resistance against Israel. Yet it constitutes an strategic need for the following reasons: 1) assure the regional corridor permitting the logistic flow for military build-up against the Jewish state; 2) Perpetuate the existence of Iran-Syria-Hezbollah “resistance axis”, as Assad’s regime is a key military and political ally both in Lebanon and the Middle East, including arms transfer and official backing; 3) neutralize the desestabilising threat at the border because of Daesh and other Sunni militas; 4) Wear U.S. and its allies’ influence away.

At the regional level, the Islamic language and imaginary depict the principal cover for Hezbollah’s geopolitical interests, shaping Shia narrative so it becomes linked to the resistance identity, a highly assimilated value in Imam Ali’s community. A frequent resource in Hezbollah media is the mythological war of Karbala, where Ali’s son, Hussein, became a righteous martyr. Nevertheless, Hezbollah’s identitarian discourse, at the same time, tries to avoid a sectarian tone that resembles to the image of Shia expansionism, seeking not to lose support in the highly dogmatized Lebanese society. On March 14th, Al Manar refuted a Nasrallah’s presumed statement where he would have ascribed Hezbollah’s participation in Syria to Shia Islam, rather than the duty of defending Bashar Al Assad’s government. In this sense, the party’s spokeperson declared that Hezbollah’s support to the regime derives from Syria being the only state in the region, together with Iran, to confront the U.S. and Israeli “invasion”. Here, the strategic communication goes back, once more, to the idea of resistance. Moreover, in Hezbollah’s perspective, the rebel militias are a product of Western interference, that is to say,  of American imperialism. Through this tactic, propaganda aims at avoiding the potential rejection among Sunni sectors in the region and the Lebanese society.

The discourse is much more straightforward when addressing Daesh. The most common message is despising them as “fake Muslims” and psychopaths without values nor honour. Last August, a propagandistic video was published showing Hezbollah fighters treating Daesh prisoners with dignity, like embracing International Humanitarian Law. Furthermore, the fight against Daesh strengthes the image of a powerful regional ator while finding certtain degree of alignment with the international community challenges.

Although the religious construct has brought legitimacy to supranational involvement, it has not eluded the growing perception towards Hezbollah as an Iranian-Syrian agent inside Lebanon. Consequently, it is not a surprise that we find the propaganda apparatus giving greater emphasis to the national resistance and state level identitarian projection.

 

CONCLUSIONES: THE IMPACT OF ITS NARRATIVE AND PROSPECTIVE – IS THERE GOING TO BE A NEW WAR WITH ISRAEL?

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JAVIER BORDÓN OSORIO

Sources

 -Abrams, E. (2017). The Next Israel-Hezbollah Conflict, Council on Foreign Relations..

-Al Manar TV/ http://english.almanar.com.lb/

-Al Nour Radio / http://www.alnour.com.lb/

-Al Ahed News / https://spanish.alahednews.com.lb/

-Azani, E. (2009). The Story of the Party of God: From Revolution to Institutionalization, Palgrave Macmillan.

-Barrington, L. & Williams, D. (2018). U.S. envoy tells Lebanon, Israel does not want escalation, Reuters.

-Daily Mail (2018). Hezbollah Slams U.S. decision to keep troops in Syria.

Makovsky, D. (2018). With or without Putin, Israel is willing to enforce Lebanon Redline

-Davy, G. (2013). Hizbullah’s Changing Identity, Victoria University of Wellington.

-Hdayed, G.J. (2011). The Psychological Warfare of Hezbollah, Lebanese American University.

-Levi, R. (2016). Changes in Hezbollah’s Identity and Fundamental Wordlview, Strategic Assesment, Volume 19, Nº 2.

-Meir Amit Intelligence and Terrorism Information Center (2012). Hezbollah: Portrait of a Terrorist Organization.

-Rapoport, D. (2008). Terrorism Identity and Legacy: The Four WavesTheory and Political Violence.

 

 

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